El Barcelona más impotente de la temporada ni marca ni gana ante un Osasuna duro de pelar. La entrada del argentino no abrió el cerrojo. El empate (0-0) rompe una gran racha de triunfos.
Alejandro Rozada (@alexrozada)
Nadie dijo que fuera fácil ganar en El Sadar. Osasuna es uno de esos equipos que se crecen en su campo y no hay más que echar mano de la hemeroteca para ratificarlo. Podríamos recuperar la crónica de la derrota del Barcelona en este campo en la temporada 2011-12 (3-2), o el empate (0-0) del Real Madrid el curso pasado. La cercana perspectiva de estos dos encuentros sirve para situar en su justa medida la dificultad que entraña doblegar a un equipo aguerrido y bronco como pocos en su estadio, uno de los fortines de la Liga. Ni es un éxito ni es una humillación, simplemente se trata de valorar el extraordinario esfuerzo de los hombres de Javi Gracia y de tomar en consideración la falta de pólvora del Barcelona cuando Messi no está al cien por cien. No basta con la magia del argentino en un territorio comanche donde el peso de la heráldica solo sirve para motivar al anfitirión, un contricante que lleva la pelea inscrita en su ADN.
Tiene motivos Osasuna para sacar pecho después de esta batalla. Salió sin goles encajados y es el primer rival de la temporada al que el Barcelona no puede ni marcar ni ganar, de modo que los rojillos tienen el honor de haber roto la inmaculada racha de triunfos del equipo de Martino. Pueden estar muy satisfechos después del derroche físico y mental, el rendimiento y el orden de hombres como Andrés, Bertrán, Loties, Arribas, Damiá, Lolo y Silva. Pero como la felicidad nunca puede ser completa, y menos en casa del pobre, es inevitable que tuerzan el gesto con la grave lesión de Sisi, que sufrió una rotura del ligamento cruzado interior y el menisco interno de su rodilla izquierda nada más empezar el partido y estará unos siete meses de baja. Triste contratiempo para el equipo pamplonica que, por lo demás, completó un encuentro sensacional codificando y cortocircuitando las ideas del Barça.
Cierto que no empezó Messi, pero terminó de titular. Cierto que si hubiera jugado de inicio, podría haber materializado alguna de sus habituales genialidades. Pero esta vez, además de las ideas y de la imaginación, faltó el cañón, el arma de asalto de cualquier equipo con aspiraciones, esa virtud que parecía asegurada hasta este partido. Exceptuando el revés de Sisi, Osasuna apenas salió arañado y Andrés Fernández no tuvo trabajo excesivo. Entre los defensas y la falta de puntería de los culés tuvo una velada más tranquila de lo imaginado. Así que Osasuna tiene motivos para celebrar el punto conseguido después de no haber hecho excesivos méritos para conseguir los otros dos. Cavó la trinchera, se metió en ella para resistir el asalto del líder y lo aguantó. Objetivo cumplido.
Frustrados y bloqueados
El arranque predisponía a la divagación sobre todo tipo de asuntos mundanos y humanos. El regreso a la titularidad de Puyol; la morbosa reaparición de Messi, sentado en banquillo de inicio; el precio de las entradas (entre 115 y 135 euros); y por supuesto no faltaban las referencias al inminente clásico. Así nos entretuvimos durante los primeros minutos hasta que Neymar empezó a hacer diabluras de las suyas, Iniesta a manejar los tiempos y Montoya y Adriano a subir por sus respectivas bandas. El dominio del equipo (hoy senyero porque lució la camiseta con los colores de la bandera catalana) era absoluto y Osasuna no encontraba la puerta para crear peligro; la prueba es que Valdés tan solo se inmutó por un lejano disparo de Roberto Torres que atajó sin problemas. El panorama no estaba para derroches y se llegó al descanso con empate a cero. Se pudieron reanudar los debates profundos. Solo se alteró la apacible velada por la lesión de Sisi en el arranque.
Idéntica solidez defensiva rojilla e impotencia ofensiva culé se mantuvieron en el segundo tiempo para desconcierto y nerviosismo de Messi, ansioso por salir al rescate desde el banquillo. Y hubo ocasiones clamorosas, como las que tuvo un irreductible pero desafortunado Fábregas. Era tal la frustración que Xavi fue sustituido por el crack argentino, exigido cuan Cid Campeador por el devenir del partido. Pero se mantuvo la tónica. Osasuna se defendía con dureza, cayendo incluso en el juego duro, y Puñal se pudo ir a la ducha antes de tiempo por una agresión sin balón sobre Neymar. Si no era por unos motivos era por otros, pero el Barcelona se mostró incapaz de abrir la lata rojilla. Empate a cero final tras una noche frustrante para los culés, que confían en sacarse la espina el próximo sábado en el clásico. El madridismo se frota las manos.