Un 5-1 desata la locura en Mestalla
Marta Perogordo (@MartaPrgd)
La competición europea tiene un sabor especial, se llame Champions League o Europa League y hay que saber disfrutar cada una en el momento que toca. Este año, en Mestalla, toca soñar con la Europa League.
Arrancaba el partido con la búsqueda de la segunda victoria por parte del conjunto che. Con un partido rápido, con ocasiones para ambos equipos pero en las que el Valencia parecía llevar más peligro. Primero Sergio Canales e inmediatamente Dani Parejo, avisaban a Lopar, que conseguía evitar los tantos valencianistas. El St. Gallen no se quedaba atrás y, tras un contraataque, Guaita debía realizar una estirada para evitar que marcasen los suizos.
No iba a tardar en comenzar el festival que estaban a punto de disfrutar los aficionados valencianistas. En el minuto 10, Paco Alcácer estaba atento a un rechace del portero tras un tiro de Piatti y abría el marcador para los locales. Djukic avisaba, había que tener cabeza, el quipo no debía relajarse, todavía quedaba mucho partido por delante. Quedaban esperanzas para el conjunto helvético y así lo estaban demostrando con alguna que otra ocasión. Sin embargo, a partir del minuto 20 la cosa iba a cambiar. Fede, con un disparo desde fuera del área, marca el segundo gol para los valencianistas. El balón, que había tocado en Montandon, se desvía y despista al portero. El festival de goles acababa de comenzar, solo 9 minutos después, de nuevo Fede, tras una bonita jugada que él mismo comenzaba desde la derecha y después de una pared con Joao Pereira, consigue subir el tercer tanto al marcador tras un fallo del portero. En el 32, tras un saque en corto de córner, Víctor Ruíz recibe el balón en el segundo palo y se la pone a Ricardo Costa, que marca a bocajarro. Una primera parte sin apenas interrupciones y que prácticamente, dejaba resuelto el partido.
Ambos conjuntos bajaban la intensidad en el segundo periodo, sabían que estaba todo hecho. Ya era un partido para que los valencianistas disfrutasen, un partido para la afición, un partido para ver como los jóvenes piden paso en este equipo. La grada estaba disfrutando, con gritos como ‘qué vote Mestalla’ o pidiendo un saludo de Claudio ‘piojo’ López, que andaba de visita, dejaban ver esa satisfacción. Resultados así son los que unen a equipo y afición y, a pesar de la racha de buenos resultados que atraviesa el conjunto, a excepción de la derrota contra la Real Sociedad en el último partido liguero, la afición valencianista es exigente, por lo que un resultado como este refuerza la confianza en sus jugadores.
Parecía que todo andaba ya hecho cuando Canales con un saque de falta a balón parado, marcaba el quinto gol que redondeaba la noche. Apenas unos minutos después, un despiste hacía que Nater marcase el tanto del honor. Un partido fácil para sumar tres puntos, pero también un partido para coger mucha confianza.
]]>Djukic respira tranquilo tras el 3-1 frente al Sevilla
Marta Perogordo (@MartaPrgd)
Se enfrentaba en Mestalla el Valencia no solo al Sevilla, también se enfrentaba a su afición. Después de una racha de cuatro partidos consecutivos sin ganar y tras los incidentes que se produjeron después del partido contra el Swansea en UEFA, se esperaba ver la reacción tanto del público como de los jugadores. El conjunto blanquinegro no decepcionó. Salió con garra, con una intensidad que es lo que se estaba echando de menos en este equipo.
Con un gran ritmo y juego de toque, por fin se veía un equipo que creaba peligro. Posiblemente, que Banega saliera de inicio de mediocentro tuvo algo que ver con el juego que se estaba desplegando, un juego que no dejaba al Sevilla meterse en el partido. Durante los primeros minutos del encuentro se pudo ver la tensión a la que ya nos tienen acostumbrados estos dos equipos cada vez que se enfrentan, además de la ansiedad por abrir el marcador. Hubo que esperar hasta el minuto 32 de la primera parte para que Jonas llevara la locura al feudo valencianista. Eso sí, el gol no iba a librarse de la polémica, mientras M’bia se encontraba tirado en el suelo, Fede no echaba el balón fuera del campo y desde la banda izquierda realizaba un centro que Jonas no iba a desperdiciar.
Después del gol se empezó a ver un partido abierto. Rozando el minuto 45, Marco Mauri estuvo a punto de llevar la igualada al marcador pero, una vez más, Diego Alvés, salvaba al Valencia. Tras el comienzo de la segunda mitad, el partido parecía ponerse de cara para los andaluces. Y así fue, no tardó en llegar el gol. Después de un córner, Gameiro, que se liberaba de su marcador, enviaba el balón al segundo palo y empataba el partido. Un nuevo error defensivo que deben cuidar los jugadores blanquinegros.
Todo volvía a comenzar, esta vez con menor intensidad y con un Valencia que comenzaba a estar roto. Las numerosas llegadas de los sevillistas no parecían presagiar un final feliz. Ahora era el conjunto local quien jugaba a la contra, lo que provocó que Emery, quien volvía a su antigua casa, retirara a Gameiro para meter otro defensa. Sin embargo, el cambio pareció beneficiar al Valencia, que en el minuto 72 veía como Jonas, con un fuerte disparo desde la frontal del área, marcaba el segundo y volvía a poner en pie a la grada.
Por fin parecía que las cosas le iban a salir bien al conjunto valenciano, lo que provocó que se encerraran atrás, iban ganando y no podían dejar escapar este resultado. Con un Sevilla ya desmoralizado, llegaba el tercer y último tanto para los locales. En el minuto 85, Víctor Ruiz recibía un balón colgado al segundo palo y, de cabeza, mandaba el esférico al fondo de la red.
El 3-1 final dejaba sabores opuestos, para el Sevilla significaba quedarse como colista de la Liga, y para los de la capital del Turia servía para apaciguar las aguas. “Así, sí” gritaba la grada. Este es el camino que le pide la afición: trabajo y esfuerzo. Este es el camino que hay que seguir para que el Valencia pueda luchar por los puestos de arriba.
]]>Un gol de Soldado devuelve la ilusión
Un gol de Champions. Foto vía Superdeporte.
Marta Perogordo (@MartaPrgd)
El Valencia dormirá en Champions a falta de disputarse la última jornada de la temporada. El equipo se concienció de la necesidad de ganar los últimos 5 partidos para poder optar a la última plaza con un posible billete a la competición europea y, de momento, han cumplido en los 4 partidos disputados.
Llegan las jornadas de emoción, en las que los pinganillos juegan un papel fundamental en casi todos los estadios, donde las lágrimas serán de felicidad europea y primera división para unos y de amargura teñida de segunda para otros. El Valencia no solo jugaba en casa, sino que disputaba un partido fundamental en Anoeta, donde la Real Sociedad se enfrentaba al Real Madrid. Sin un gran juego durante la primera mitad y con escasas ocasiones en el área de un Granada muy bien posicionado en defensa, la afición solo se pudo contentar con el gol madridista que llegaba desde San Sebastián.
Tras el inicio de la segunda parte, Valverde daría paso a Canales en sustitución de David Albelda. Con la grada en pie y al canto de “Albelda, quédate”, mostraban así el apoyo a su capitán, quien no tiene clara su continuidad en el conjunto blanquinegro. Esta segunda parte parecía un partido diferente, los chés fueron a por el partido, con cada vez más ocasiones y sin apenas jugadas de peligro por parte del Granada.
Fue entonces cuando la locura se desató. Mestalla se encontraba celebrando el segundo gol del Real Madrid cuando Soldado, con un cabezazo tras un centro de Joao, mandaría la pelota al fondo de la red y abría el marcador a los 13 minutos. Un tanto que cambiaría las cosas, la presión estaba en Anoeta, donde Real Sociedad debía ganar para seguir estando por delante del Valencia. Los chés parecían estar más pendientes del resultado de los donostiarras, quienes finalmente empataron a 3 en el último minuto. Esta vez parece que el sueño está más cerca, ya que el Valencia depende de sí mismo y no de terceros. La última jornada será caótica, de esas que los amantes del fútbol adoran. La suerte está echada y el milagro es posible.
]]>El Valencia vuelve a mostrar sus dos caras.
Jonas celebrando el gol de la victoria. Foto web ValenciaCF.
Marta Perogordo (@MartaPrgd)
Era un día importante para el valencianismo. El equipo debía mantener la cabeza fría y centrarse en los temas deportivos, ya que era de vital importancia alzarse con los tres puntos y seguir optando a la cuarta plaza.
De nuevo el equipo mostró sus dos caras. Durante la primera mitad, el conjunto ché dominó el partido. Sin embargo, como tantas otras veces, el gol no terminaba de llegar. Tendría que ser Balenciaga, el jugador del Valladolid, quien anotase en propia portería un córner sacado por Tino Costa. Un gol a escasos minutos del descanso que daba buenos presagios.
Tras el descanso, en el minuto 56, parecía que el partido se ponía de cara para el Valencia. El árbitro pitaba penalti a favor del conjunto local y expulsaba a Sereno por doble amarilla. En cambio, Soldado, que nunca había fallado un lanzamiento desde los once metros con el Valencia, mandaba el balón a las manos del guardameta.
A partir de aquí llegó la otra cara de los valencianistas. El Valladolid, a pesar de jugar con uno menos, se hizo con el mando de la segunda mitad, consiguiendo el empate por medio de Óscar. Era entonces cuando saltaban las alarmas en Mestalla, los tres puntos eran vitales. Si se perdía este partido no solo se alejaba el cuarto puesto, sino que suponía un golpe importante para la moral del equipo. Pero Jonas volvió a salir al rescate del equipo y se encargaba de anotar el segundo tanto, dejando los tres puntos en casa. Y una vez más los minutos de descuento se convirtieron en aliados del Valencia.
]]>Duelo por la cuarta plaza
El Valencia se reencuentra con el gol
Por Marta Perogordo (@MartaPrgd)
Era noche de Fallas y Mestalla se unió a la fiesta que se vivía en la ciudad. El duelo por la Champions que se disputaba entre el Valencia y el Betis, terminó dejando la victoria para los locales, gracias a un gol de penalti inexistente que trasformaba Soldado a los 16 minutos de partido. Muñiz Fernández mostró la roja directa a Amaya por esta jugada, al entender que la entrada sobre Soldado se había producido dentro del área. Con uno menos y un gol en contra el Betis, ni mucho menos, iba a poner las cosas fáciles.
Los de Valverde, que habían comenzado con buen juego y buscando portería desde el primer momento, se encontraron con un Betis que plantó cara incluso con uno menos. En la segunda parte, los verdiblancos se vinieron arriba, y empezaron a crear dudas en el juego del rival, que vieron como con el balón iba de una portería a otra sin excesivo peligro. El conjunto che debía tomar precauciones si no quería dejar escapar los tres puntos como en las últimas jornadas. En cambio, la suerte de cara a portería no iba a ser la misma.
Sin un juego brillante, los valencianistas se encontraron con el segundo gol tras un centro de Canales sin aparente peligro, que Paulao transformó en gol en propia portería. Jonas, con un fuerte disparo, se sumó a la fiesta y era el encargado de poner el tercer tanto en el marcador. La próxima jornada, contra el Atlético de Madrid, deberá ser afrontada como otra final por los chés si quieren adjudicarse la cuarta plaza y volver a soñar con la Champions.
]]>El Valencia planta a cara al líder a base de sacrificio y creatividad
Las paradas de Valdés evitan la segunda derrota liguera del Barcelona
Por Alejandro Rozada (@alexrozada)
El clásico del Mediterráneo habló en argentino. Ever Banega y Leo Messi se repartieron el protagonismo en un Valencia-Barcelona que, por derecho, se ha convertido en uno de los grandes partidos de la Liga. Ayer al menos, por emoción y juego, hizo honor a su fama. Fue un extraordinario encuentro. Pareciera viendo el magnífico rendimiento de estos equipos que eran los dos primeros clasificados de la tabla. Uno ha demostrado de sobra que va un paso por delante del resto; y la clasificación así lo reconoce. El otro sorprende que no esté entre los cuatro primeros; sorpresas te da el balón.
Los muros de Mestalla, mítico campo de Primera División, fueron el escenario elegido por Banega y Messi para redimir los pecados por los que fueron noticia esta semana. El argentino del Valencia purgó su pecado de ebriedad con una admirable sobriedad en el campo, mientras que su compatriota del Barça expió el salivazo del miércoles en el Santiago Bernabéu. Ambos dirigieron el perdón al sitio adecuado: la portería rival. Sin restos etílicos ni esputos. Fue un partido abstemio y aseado.
Cuando comenzaba a escuchar los primeros abucheos en Mestalla, Banega soltó un latigazo cruzado al que no llegó Valdés e inauguró el marcador. Aplausos merecidos. Se había ganado el perdón al tiempo que se le volvía a atragantar la fortaleza valencianista al Barcelona. Sin embargo, poco duró la alegría en la casa ché. Acto seguido, a Joao Pereira se le fue la pierna ante Pedro y cometió un claro penalti que Messi no desaprovechó. Fuerte, alto y colocado, el argentino dibujó otro retal de especial belleza para empatar un partido que se le estaba desdibujando al Barça y firmar su gol número 34 en Liga. Números de Bota de Oro a comienzos de febrero. Un dato bestial acorde a un partidazo digno de Champions. Datos que bien valen el indulto de la afición.
La segunda parte no deparó menos curvas. El ida y vuelta de uno a otro campo se mantuvo; el Valencia se sintió cómodo en el vértigo y tanta velocidad desactivó al Barcelona. Acostumbrado a manejar la caja de cambios de los partidos, el Barça no vive bien los partidos en la posición del copiloto. Y menos cuando se cruza con un talento puro como el de Canales apurando la conducción. Pero no contaban los valencianistas con que se iba a interponer en su camino un badén llamado Víctor Valdés, la señal de contención que detuvo las embestidas locales. Tanto zigzagueo en campo blaugrana casi lo aprovecha Villa, un viejo conocido de Mestalla, pero no calibró bien el remate y desaprovechó una asistencia perfecta de Alves.
Y en los últimos kilómetros de este intenso partido, Valdés reapareció para salvar un disparo a bocajarro de Soldado. La parada imposible. El ángel de los porteros volvía a reivindicarse como el santo por horas de la Liga española, siempre con permiso del incuestionable Íker Casillas. Otra intervención providencial del guardameta azulgrana que manda al rincón de pensar a los que cuestionaban sus prestaciones tras confirmar que no desea renovar. Divina providencia. Porque los santos también tienen sus caprichos y hay que aceptarlos como vienen.
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