Victoria por 1-4 del Barcelona ante un Betis que mereció más. Los blaugranas con poco juego pero mucho gol siguen puntuando y son líderes en solitario tras el pinchazo del Atlético.
Comenzaba el partido en el Benito Villamarín con un Betis más dominante que los culés. El Barça presionaba arriba pero poco a poco los sevillanos les iban metiendo en su campo con mucho dinamismo en el terreno de juego y moviendo rápido el balón. Primero Bartra tenía que cruzarse para evitar que Jorge Molina rematase con comodidad, y luego Victor Valdés aparecía casi de manera consecutiva primero para salvar a su equipo de un tiro de Molina y segundo con una espectacular mano abajo tras un cabezazo picado de Juan Carlos. En el minuto 20 saltaban las alarmas en la caseta blaugrana cuando Messi pedía el cambio, por una lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda. Entraba Iniesta para sustituirlo. El partido se convertía en un intercambio de golpez, Neymar avisaba de cabeza y Vadillo respondía aunque Bartra evitaba de nuevo el remate. Ya en el 35 Song filtraba un gran pase a Cesc que solo ante el portero le regalaba el balón al nuevo astro brasileño para que marcara el primero de la noche. Ni tiempo para reaccionar tenía el Betis ya que, en la siguiente jugada de ataque del Barça, Pedro se fabricaba un gol estelar. El tinerfeño recogía el balón en su campo, galopaba a lo largo de todo el verde y al plantarse frente a Andersen definía con maestría. Los verdiblancos veían como iban dos goles atrás habiendo completado un gran primer tiempo, y a punto estaban de ser tres cuando Pedro no consigue mandar a la red un pase de la muerte de Neymar.
A la vuelta de los vestuarios los andaluces salían convencidos de poder remontar. Primero Verdú lo intentaba con un disparo, clásico entre los suyos, y minutos después Nono mandaba un obús hacia la portería de Valdés, pero el poste impedía el gol. El Barcelona no hilvanaba un gran juego pero castigaba a su rival con una táctica que tanto han utilizado contra ellos, los balones al espacio detrás de la defensa. Neymar tenía una doble oportunidad en una de estas jugadas pero Andersen respondía con creces. Con el Betis volcado Cesc conseguía el tercero en un perfecto balón que Iniesta ponía a Montoya para que este regalase el tanto al de Arenys. Los entrenadores movían banquillos, Mel buscando la épica y Martino tratando de dar descanso a sus jugadores, sobre a todo a un Neymar que con la lesión de Messi debe ser más protagonista. En el 80 de nuevo Fábregas cabeceaba el cuarto a la red. El castigo era excesivo y el público local que era consciente de ello animaba a los suyos como si el resultado fuese el contrario. A poco del final Chuli recogía una mala cesión de Puyol pero Valdés, está vez fuera del área, le impedía marcar. Ya en el descuento Alves cometía penalti y Molina, aclamado por su afición, se encargaba de marcar el gol del honor.
Resultado excesivo para un Barcelona que no mostró para nada su mejor juego pero que esta temporada está demostrando saber desenvolverse en partidos en los que el año pasado no conseguía ganar. El Betis llega colista al parón de selecciones de noviembre pero lo hace con un público entregado y consciente de que los resultado acabarán llegando.
]]>Alejandro Rozada (@alexrozada)
Porterazo
No, no nos referimos ni a Diego López, ni a Valdés, ni a Courtouis. Dejémonos de tanto galáctico y fijémonos en Andrés Fernández, el portero de Osasuna, clave de la victoria de su equipo ante el Elche el pasado viernes. Fue un felino que atrapó hasta las musarañas que merodeaban su portería. Llegó a todas, incluso se permitió el lujo de blocar un lanzamiento de falta de Albácar que se iba fuera, y solo lo superó un penalti transformado por el propio Albácar y que llegó a rozar. Para entonces, su equipo ya había encarrilado el primer triunfo de la temporada gracias a dos goles que llegaron desde la tranquiidad que otorga tener bajo los palos a un gato murciano. Si el Fútbol Club Barcelona quiere apostar por el producto nacional para sustituir a Valdés, tendrá que estar muy atento a las paradas de Fernández.
El Almería está gafado
“Unión Deportiva Almería, expertos en ser remontados, ¿en qué podemos ayudarle?”. A este paso, el conjunto almeriense terminará poniendo una línea caliente para intentar reentabilizar la lacra que sufre desde que empezó la Liga: las remontadas en contra. Quitando el partido del Calderón del sábado pasado, le están remontando todos los equipos a los que se enfrenta. Le remontó el Villarreal en la primera jornada y le terminó ganando en los Juegos Mediterráneos, el Getafe en el Coliseum y le robó dos puntos, el Elche también se fue con un punto de los Juegos y esta semana ha sido el Levante el que le ha impedido sumar la primera victoria de la temporada. En esta ocasión, mucha culpa de lo sucedido la tiene el lamentable arbitraje de Velasco Carballo, que se cebó con los almerienses expulsando a Christian por ver dos amarillas más que dudosas en un mismo córner y haciendo la vista gorda en un gol fantasma de Pellerano en la última jugada. Si no es por unos es por otros, pero este Almería está para ir a pasar el agua.
La suerte sonríe al Atleti
Están de dulce. Les sale todo. Ya ganan casi hasta sin querer, no hay más que ver el gol de Raúl García en Zorrilla. Al Valladolid lo tumbaron con una facilidad pasmosa. Les acompaña al fin la suerte que les dio la espalda durante tantos años y siguen colíderes tras firmar un espectacular pleno de quince puntos en cinco jornadas. Al Atletico de Madrid se le está poniendo cara de serio aspirante a la Liga y el inminente derbi madrileño será una prueba decisiva para calibrar sus aspiraciones. Entre medias, tendrá una faena de aliño contra Osasuna. Si sus aspiraciones salen reforzadas de esta intensa semana, y eso se refleja en la clasificación, el Atleti será la deseada alternativa al biparitidismo culé y madridista. Simeone ha construido un equipo que luce una pegada tan imponente, que ya nos empezamos a acostumbrar a sus magníficos resultados. Es lo que tiene entrar en la rutina del triunfo.
PR7, Valdés y nueve más
No necesitó recurrir ni a otro recital de Messi, ni al ansiado estreno goleador de Neymar. Le bastó con fiarse de Pedro Rodríguez Ledesma, uno de los jugadores más infravalorados del Fútbol Club Barcelona, y a otro rosario de paradones de Victor Valdés, el portero más en forma del mundo en este momento. Hat-trick del canario, que enloqueció a la defensa del Rayo con sus apariciones por sorpresa desde la segunda línea demostrando su mentalidad ganadora. En plena discusión sobre el juego blaugrana, el Barça se encomienda al instinto goleador de sus hombres de ataque para ganar sus partidos. Si a otros les parece más importante el porcentaje de posesión, mejor para ellos y sus ansias de ver tocar el balón a sus hombres. Pero ante todo un Barcelona no basta con eso, y menos si para marcar tienes que superar a una bestia como Valdés. Eso sí, Martino debe seguir ajustando la máquina para que el conjunto culé recupere su maravilloso juego de antaño.
El brillo del “MadridIsco”
Que si los problemas de Casillas, que si la lesión de Bale, que si los goles de Cristiano, que si los pitos a Benzema… Y el futbolista que se está metiendo en el bolsillo al exigente público del Bernabéu en este inicio de temporada, es Isco. No nos extraña en absoluto. El malagueño ya apuntó maneras de crack en el equipo de su tierra y eso le granjeó el interés de colosos como el City y el Madrid, que al final se llevó a una de las más brillantes promesas del fútbol europeo. Durante la pretemporada ya demostró que no le pesaba la camiseta madridista y en la Liga se destapó definitivamente con un rosario de detalles de calidad y, sobre todo, con goles. Ya lleva cuatro en el torneo liguero. Se estrenó ante el Betis, marcó un doblete contra el Athletic y se lució ante el Getafe con un golazo marca de la casa: control orientado para internarse en el área y golpeo curvado al balón para que se cuele a media altura en la portería rival. Ya ha marcado unos cuantos goles de esta factura y anotará muchos más de esta guisa. Si a eso le sumamos sus innumerables destellos, da lugar a un “MadridIsco” donde la perla de Arroyo de la Miel brilla con singular fuerza.
Jonas cura al Valencia
Tuvo que ser él. Jonas Gonçalves “O farmacéutico” fue el encargado de administrarle al Valencia esa medicina que tanto necesitaba. Lo hizo además por la vía rápida: con dos goles, la vitamina que todo equipo de fútbol necesita para funcionar correctamente. Respiran Salvio, Braulio, Djukic y los jugadores, sometidos a una presión descomunal después de cuatro derrotas consecutivas. Toma aire el valencianismo, en definitiva. Horas bajas para los agoreros, oportunistas, interesados y buitres en forma de intermediarios, periodistas, entrenadores y ciertos ex consejeros que no podrán revolotear a sus anchas esta semana por la capital del Turia. Que estén más días en lo sucesivo metidos en las catacumbas porque un club como el Valencia no puede dar cobijo a los especuladores. La amargura de la crítica hace mucho ruido, pero no son tan efectivos como para modificar el rumbo de un gran equipo de fútbol como es el Valencia.
EL SACAPUNTAS
Martino: “Iniesta es titularísimo”
Eso ya se sabe. Ahora que juegue y así se acaba con las especulaciones
Por Carlos Rodríguez (@carlosrsp87)
Un amistoso con sabor a Mundial. Solo hay que recordar cómo acabó. En un arrebato de furia y profesionalidad propio de una selección campeona del mundo, España se fue con todo al ataque para buscar el empate. Lo habían merodeado con cierta equidistancia en el segundo tiempo y finalmente lo consiguieron. Negredo inició en la izquierda un pase perfecto al área, donde apareció Pedro para tocar lo justo hacia el centro de la portería y allí estaba Navas para marcar. La celebración española propia de una fase final mundialista. Ningún final mejor para un partido entre dos selecciones de élite.
Desde que empezó el partido se vio que Chile salía a ganar el partido. Salió a presionar ferozmente con Vidal, Pizarro y Díaz sobre Xavi y Cesc, para dejarnos sin poder mover la pelota, y con Alexis de apoyo y aliado defensivo ocasional. Poco tardaron los chilenos en encontrar recompensa en forma de gol. Isla puso un buen pase ante la pasividad de la defensa estática española, más pendiente de si había fuera de juego que del desarrollo de la jugada, se durmió Sergio Ramos en última instancia y Vargas resolvió sin oposición ante la impotencia de un Valdés que no pudo hacer nada para evitar el gol. A España le costó nadar a contracorriente, quitarse una presión agobiante y fabricar buen fútbol. Empató por vez primera en su mejor combinación. Xavi abrió para Pedro y un magnífico centro del tinerfeño lo cabeceó Soldado a la red. El guardameta de la Real, Bravo, llegó a tocar el balón pero no lo suficiente para desbaratar el magnífico testarazo del nuevo delantero del Tottenham. Pero a un suspiro del descanso volvieron a marcar los chilenos. Otra vez Vargas, aprovechando un error monumental de Albiol y la tardía ayuda de Arbeloa.
Arrancó la segunda parte y España mejoró con los cambios, entre ellos, cómo no, la salida de Iniesta, fundamental una vez más. Empezaron a llegar las aproximaciones y ocasiones españolas por mediación, por ejemplo, de Cazorla. Pero Del Bosque no se conformaba y también metió a Navas y Negredo. Se empezó a ver otra selección, una selección que se vino arriba con energía. Se vio combinar el tradicional juego en corto y en largo. Navas y Pedro avisaron antes de que el sevillano acertase en el descuento e hiciera que la selección no perdiera un amistoso que parecía un partido de la fase final de un Mundial. Pero la cita resultó especialmente inolvidable para Nacho, que debutó sustituyendo a Sergio Ramos, su ídolo.
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Adrian Anet (@Adri91R) y Alex Rozada (@alexrozada)
Lo importante era ganar y se ganó. Debut con victoria (2-1) de la selección española en la Copa Confederaciones ante una Uruguay que, como siempre, pasarán los años y esto no cambiará nunca, dio guerra hasta el final. Fue un partido de sensaciones encontradas. España firmó una excelsa primera parte, pero estuvo a punto de pagar la relajación al final. La zona Cesarini casi les cuesta un disgusto a Del Bosque y a los suyos. Los últimos minutos se les atragantaron a los españoles. Desde que Luis Suárez hizo diana en el único lanzamiento entre los tres palos de los uruguayos, La Roja palideció.
Vicente Del Bosque no es un hombre al que le tiemble el pulso en los momentos determinantes. Después de todo el debate generado en torno a la portería española en los últimos meses, le dio la titularidad al capitán de la selección, Íker Casillas. Ahí estuvo la primera noticia del partido. Junto al guardameta formaron, en defensa, Arbeloa, Ramos, Piqué y Jordi Alba; Busquets por delante acompañado de Xavi y Cesc; Iniesta y Pedro conectados con Soldado, referencia ofensiva española. A Villa no le acompañó la misma suerte que a Casillas y El Guaje se pasó el partido en el banquillo. La recuperación de las sensaciones va por barrios.
Óscar Washington Tabárez alineó al guardameta Muslera bajo los palos; una zaga compuesta por Pereira, Lugano, Godín y Cáceres; Gargano y Pérez en el doble pivote; Cebolla Rodríguez y Gastón Ramírez por las bandas; la dupla ofensiva la formaron dos jugadores llamados a destacar en esta Copa Confederaciones y cuyos nombres se cotizan a un buen precio en el mercado de fichajes: Luis Suárez y Edinson Cavani.
España sublime en la primera parte
Desde el pitido inicial de Nishimura quedó claro que la posesión iba a ser española. Sin discusión. Solo en el primer tiempo, España ya presentó sobradamente sus credenciales para llevarse no ya el partido, sino la Copa Confederaciones. Dominio absoluto del combinado español, que durante los diez primeros minutos llegó a tener hasta un 86% de posesión y dos ocasiones claras. La primera llegó tras un centro desde banda izquierda de Jordi Alba, más un extremo que un lateral al uso en los primeros compases del encuentro, que no alcanzaron a rematar ni Cesc ni Soldado por escasos centímetros. La segunda llegada también se inició desde el costado izquierdo de Jordi Alba que dio un pase hacia la frontal del área, la dejó pasar Iniesta y el balón le llegó a Fábregas, excelso en la primera parte, que armó rápido un gran tiro con la mala fortuna que se encontró con la madera, concretamente con el poste derecho de la meta de Muslera.
Uruguay no veía el balón, no se olía ni por dónde le venían los tiros, ejercían una presión muy pobre en la salida de balón español lo cual ayudaba a España. Y eso es una concesión demasiado generosa para con la vigente campeona de Europa y del mundo. Iniesta campaba a sus anchas dando una lección de cómo se juega con y sin balón a esto del fútbol. El primer gol no tardaría en llegar. Se dio exactamente a los 20 minutos. Un balón le quedó suelto a Pedro en el balcón del área y éste lo golpeó con la pierna derecha de primeras, el balón rebotó en Lugano que desvió la trayectoria introduciéndolo en su propia portería, convirtiéndose así en el primer gol español en el torneo. Nueva lección de efectividad del jugador canario, goleador indiscutible en la selección española, donde se ha ganado la titularidad a pulso. 11 goles suma en el presente año defendiendo la casaca nacional.
Poco cambiaría Uruguay ante el gol recibido. La tónica y la dinámica de su juego seguían siendo idénticas. Si a los charrúas no les importó que les cayera encima una taza, España les dio dos. Solo pasaron diez minutos entre el primero y el segundo gol. Jugada que inició Cesc, progresó con el balón hasta la medular y tiró un pase rompiéndole la cintura a Lugano para que Soldado, en posición reglamentaria, no perdonara ante Muslera al que engañó picándole la pelota para marcar el segundo del partido. El delantero del Valencia respondió de la mejor manera posible a la confianza depositada en él por Del Bosque. Goleando, en la línea habitual de un formidable artillero. Fue una de las mejores medias horas que se recuerdan de la selección. A partir de aquí a Uruguay ya le empezó a disgustar el devenir del partido. No era para menos. Y recurriendo a sus peores instintos, empezaron a mostrar un juego sucio y desproporcionado que el colegiado nipón se encargó de parar mediante necesarias tarjetas que evitaron que fueran a más las duras entradas y los codazos celestes.
Luis Suárez hizo sufrir a los españoles
El segundo tiempo estuvo muy descafeinado, en parte porque la selección española se relajó y bajó el pistón, en parte porque la uruguaya estaba más pendiente de que no le marcaran el tercero que de marcar el primero. Los uruguayos incomodaron la zona de creación española en tres cuartos de campo mucho más de lo que lo hicieron en el primer tiempo. Mediada la segunda parte, se produjo un carrusel de cambios más parecido al que se puede realizar en un amistoso que a lo habitual en un partido entre los campeones de Europa y América. Del Bosque dio descanso a Xavi y Fábregas para dejar paso a Javi Martínez y Cazorla. Pero estos cambios no pusieron en pie el Arena de Pernambuco. El estadio se levantó con la entrada del jugador de Internacional de Portoalegre, Diego Forlán, ex jugador de Villarreal y Atlético de Madrid, doble ganador de la Bota de Oro.
Con España muy relajada, hubo una peligrosa falta en el pico derecho de su área. No tuvo dudas y Luis Suárez, disfrazado de Pirlo, efectuó el lanzamiento que sobrepasó de manera magistral la barrera para batir a Casillas de forma inapelable. Fue el único disparo entre los tres palos de los uruguayos. El combinado de Tabárez intentó disponer de otra ocasión para poder empatar el partido, pero el pitido final del arbitro se les echó encima. Pagaron en exceso su falta de patrón de juego y las prisas a última hora, malas consejeras cuando se trata de remontar ante toda una campeona del mundo. Las prisas ya no son españolas sino para sus rivales.

Primeros tres puntos para España en la fase de grupos de la Copa Confederaciones, precisamente ante el rival más fuerte. En la próxima jornada (jueves 21:00 horas, horario peninsular), los nuestros se enfrentarán a algo más que la “Cenicienta” del grupo, Tahití, que solo cuenta con un jugador profesional en su plantilla. Uruguay, por su parte, se jugará la otra plaza para semifinales ante Nigeria, vigente campeona de África. En el otro partido de la jornada dominical de la Copa Confederaciones, Italia derrotó (1-2) a México con goles de Pirlo y Balotelli.
Así contamos en Cronómetro Deportivo el 1-0 de Pedro
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Así contamos en Cronómetro Deportivo el 2-0 de Soldado
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Así contamos en Cronómetro Deportivo el 2-1 de Luis Suárez
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Ajustada victoria de los azulgrana ante el Valladolid en el Camp Nou
Los goles de Pedro y Valiente en propia puerta deciden un partido pasado por agua
La crónica de Alejandro Rozada (@alexrozada)
Igual que se dice que algunos bebés vienen al mundo con un pan debajo del brazo, se puede decir que la fiesta de la Liga vino acompañada de un triunfo para el Fútbol Club Barcelona. Una semana después de cantar el alirón en casa del vecino, el flamante campeón consiguió una ajustada victoria en un partido marcado por la intensa lluvia caída en la Ciudad Condal. Primavera de lluvias y en este caso primavera de títulos para un equipo que ha sumado tres nuevos puntos y que va lanzado hacia el récord de los 100, de momento en posesión del Real Madrid. Alcanzar esta plusmarca es, ahora mismo, el mayor aliciente que le queda por delante al Barça.
El choque fue muy especial por varios motivos. Porque también sirvió para que Víctor Valdés cumpliera su partido número 500 defendiendo la portería del Barcelona. Un feliz aniversario para este portero que podría estar viviendo sus últimos días en el que ha sido, hasta hoy, el club de su vida. Ni ésta ni ninguna circunstancia atrajo en exceso al público hacia las gradas del Camp Nou, que presentaron un aspecto deslucido causado sobre todo por la lluvia. Sin embargo, ni el agua, ni el descolorido coliseo azulgrana empañaron una primera parte entretenida, aunque sin demasiadas ocasiones. Dominaba cómodamente el Barça, al que le bastó con aprovechar dos errores del Valladolid para sentenciar. Primero se aprovechó Xavi de un fallo de Rueda en la circulación del balón para servirle un pase de los suyos, milimétricamente calculado, a Pedro, sin piedad ante Jaime para batirlo por bajo. De las botas del propio Xavi nacería el segundo gol tras botar un córner que Marc Valiente alojó en su propia portería en un despeje fallido. Larsson pudo añadir algo de picante al choque antes del descanso, pero Valdés estuvo muy atento en el mano a mano para desbaratar la ocasión del extremo del conjunto vallisoletano.
Paradójicamente, el segundo tiempo tuvo más atractivo por lo que sucedió en las gradas que por lo que sucedió en el terreno de juego, manifiestamente mejorable. Porque los 56.000 espectadores que se dieron cita en el Camp Nou se pasaron buena parte del tiempo coreando lemas y cánticos presumiendo de la condición de campeón de su equipo. Al grito de “campeones, campeones” transcurrió una segunda parte nuevamente marcada por la lluvia. Apenas hubo ocasiones de peligro, el Barcelona tenía bien controlada la situación y lo aprovechó Tito Vilanova para dar entrada en el terreno de juego a hombres de refresco como Jonathan Dos Santos, Thiago y Tello. Porque la lluvia puede ser tan soporífera como el calor, así que el entrenador azulgrana renovó fuerzas y energías con la entrada de jugadores de aquellos que se consideran adscritos a la llamada “segunda unidad”. Aún así bajó tanto la tensión que sacó tajada el cuadro pucelano con un penalti transformado por Víctor Pérez en los instantes finales. Un gol que apretó un poco el marcador, pero que no sirvió para cambiar nada de manera significativa el decorado.
94 puntos, a seis del objetivo de los 100. Pero lo más importante y lo más atractivo visualmente sucedió al final del partido. Se apagaron los focos y la atención se concentró en la celebración liguera. Todas las emociones se desbordaron cuando dos hombres tan queridos como Tito Vilanova y Eric Abidal levantaron la copa de campeones de Liga, con permiso, claro está, del eterno capitán, Carles Puyol. Un buen homenaje hacia el cuerpo técnico y los jugadores, pero fundamentalmente hacia los aficionados. A ellos no les impidió ni la lluvia disfrutar en cuerpo y alma de la fiesta del equipo de sus amores.
]]>El gol del canario nace de una gran jugada del argentino nada más entrar al campo
El PSG acapara la posesión y roza la clasificación gracias a un gol de Pastore
La crónica de Alejandro Rozada (@alexrozada)
San Lionel abrió las aguas y San Pedro, más listo que nadie, fue el primero que las cruzó. No podían ser otros los protagonistas de un nuevo milagro blaugrana. No es una parábola. El Barcelona se había encomendado a un milagro para superar un complicadísimo partido ante un gran París Saint Germain, y el milagro se hizo realidad gracias a la misericordia de Messi y el oportunismo de Pedro Rodríguez Ledesma. En un acto de fe, todo el barcelonismo se agarró a la divina providencia para empatar el gol de Pastore que, merecidamente, había adelantado al equipo francés. Pero para ello contó con la aquiescencia y el apoyo del santo de cabecera de los culés. Aun convaleciente de su lesión en el Parque de los Príncipes en la ida, el argentino volvió a asumir la responsabilidad de echarse al equipo a la espalda. Y ayudado por la imprescindible definición de Pedro, obraron el milagro de superar la eliminatoria más difícil. Más incluso que la del Milan, a tenor de los errores mostrados por los blaugrana durante los más de 180 minutos que duraron estos intensos cuartos de final.
Esto es Europa. Esto es la Liga de Campeones. Y, al final, en la vieja Copa de Europa se penalizan los errores. El PSG fue superior en el cómputo parcial de la eliminatoria, pero los dos goles encajados en su feudo y las ocasiones marradas fueron una losa más pesada que la Torre Eiffel. Pocas veces se encontrará este equipo en una situación más favorable para acceder a las semifinales de la Champions League a costa de eliminar a uno de los grandes del continente europeo. No pocos franceses se estarán lamentando a estas horas del penalti provocado por Sirigu en la ida. Ese penalti, que transformó de manera inapelable Xavi, desequilibró la eliminatoria a pesar del posterior cante de Valdés. A pesar de los problemas que arrastra Messi, ir al Camp Nou en la tesitura de ganar, o en su defecto de empatar a más de dos goles, es más complicado que ascender corriendo el Tourmalet. Aún así, el cuadro de Ancelotti ha demostrado ser un muy buen equipo, digno cuartofinalista y no hubiese sido extraño ni inmerecido su pase a semifinales. Pero, valga el tópico, así es este negociado.
Superioridad francesa
Sin tiempo apenas para templar la temperatura del sistema nervioso del partido, Xavi contuvo la respiración de todos con un peligroso disparo que se perdió lamiendo el exterior de la red de la portería del PSG. Pero ese amago que iba directo al mentón de los franceses, no descompuso ni un ápice el valiente planteamiento del equipo de Ancelotti, que se recompuso rápidamente y por medio de Lavezzi comenzó a acechar la meta de Valdés. Primero con una rosca que detuvo el portero y después con una arrancada endiablada que cortó de forma providencial Piqué. Las llegadas del incisivo argentino demostraron a las claras, por si alguien tenía alguna duda, que el PSG no había ido de turismo a Barcelona.
Los franceses no fueron al Camp Nou a verlas venir, a esperar agazapados atrás la oportunidad de hacer daño a la contra. Nada de eso. No fueron ni el Inter de Mourinho, ni el Chelsea de Di Matteo, ni siquiera el inefable Milan de Allegri. No se lo podían permitir porque el empate a cero clasificaba al Barcelona. Así que no les quedo otra opción que hacerse fuertes con el balón para tratar de sorprender y discutir la posesión blaugrana. Y lo consiguieron. Al Barça se le vieron las costuras entre los centrales y laterales, con Lucas Moura erigido en un peligroso puñal por el costado derecho del ataque francés. No obstante, a la contra, Pedro, Iniesta, Fábregas y Villa daban trabajo a la zaga francesa, más que por ocasiones claras de peligro, por los constantes movimientos de los integrantes del mascarón de proa. En efecto, Tito Vilanova no tuvo más remedio que recurrir al manual del contragolpe.
El dominio del PSG pronto se materializó en forma de ocasiones y Valdés comenzó a adquirir protagonismo. Primero por bajo ante Lavezzi, más tarde sacando una mano providencial ante un envenenado remate de Moura que se iba para dentro. El Barça intentaba hacerse con el control del balón para detener así las embestidas francesas, pero les costaba elaborar jugadas de peligro ante un equipo muy bien plantado en el 105 x 68 del coliseo barcelonista. Transmitían tal solvencia y tal comodidad los de Ancelotti que parecían los locales. Se notaba a las claras que habían estudiado y preparado perfectamente la batalla. Pero no consiguieron marcar y se llegó con empate a cero al descanso, la mejor noticia posible para los barcelonistas.
Aparición providencial de Messi
La segunda parte fue un torbellino de emociones, una trepidante montaña rusa a la que no le faltó de nada. Emoción, intensidad, ocasiones, ritmo, buen juego y, por supuesto, goles. Fueron solo dos, pero bien pudieron llegar más. El segundo asalto fue vibrante. Nada más reanudarse el juego, para recompensar los esfuerzos realizados en el primer tiempo, marcó el PSG. Ibrahimovic, que no solo es un gran delantero capaz de marcar goles de todas las formas y colores, sino que es un magnífico asistente, se inventó un pase milimétrico para la galopada de Pastore y el argentino, después de ganarle la carrera a Alves, le cruzó perfectamente el cuero a Valdés. Se encendieron todas las alarmas en el Camp Nou. “Messi, te necesito”, espetó Vilanova y el argentino acudió raudo y veloz a la plegaria de su entrenador. Entró por Adriano, lesionado y amonestado con una amarilla que le impedirá jugar la ida de las semifinales, y el Barça respiró.
El barcelonismo se agarró a su jugador franquicia para levantar un partido que se les estaba poniendo muy difícil. El embarullado juego del Barça servía para atacar por oleadas la portería de Sirigu, al tiempo que causaba la zozobra en el Camp Nou. Muchos barcelonistas temblaban al pensar en un contragolpe del PSG que podía reventar definitivamente la eliminatoria. La volvió a tener Pastore, pero su disparo se marchó desviado por poco. Ante semejante amenaza, al Barcelona no le quedó otra opción que irse con todo al ataque. Y al final llegó el premio. Recién entrado al campo y en su primera aparición, Messi arrancó con el balón cosido a su bota derecha, sirvió un balón entre líneas hacia la posición de Villa en el balcón del área francesa, el asturiano la dejó franca para la llegada de Pedro y el de Abades no perdonó. Le pegó con el alma de su bota izquierda y alojó el cuero en el fondo de la meta de Sirigu. El empate volvía a clasificar al Barça para semifinales, aunque un gol de los visitantes volvería a llevar la zozobra. Los de Ancelotti lo intentaron, pero ya acusaron en exceso el desgaste del esfuerzo físico realizado desde los primeros minutos. Y se mantuvo el empate.
El Barcelona se clasifica por sexto año consecutivo para las semifinales de la Liga de Campeones, una plusmarca histórica de un equipo acostumbrado a codearse con la élite de la gran competición de clubes. Semejante logro no debe ocultar, sin embargo, los problemas que muestra este conjunto. Presenta una gran dependencia de Messi, una preocupante tendencia a perder balones y un desconcierto defensivo causado por las continuas lesiones que asolan al Barça en esa franja. Ahí le duele a este equipo, al que siempre le quedará la fe de confiar en los milagros de Iniesta, Pedro y, sobre todo, Messi.
]]>Alonso dirige la mejor versión de España, consagrada en los grandes escenarios
La catedral del fútbol francés se rinde a la providencial actuación de Valdés

La crónica de Alberto Arauz (@arauz84)
Nos faltarán unas cuantas vidas para agradecer a estos colosos todo lo que nos han brindado. Llegarán un día las derrotas y aún nos inclinaremos para venerar a estos genios por hacernos tan dichosos. A Brasil se iba por París. Y por si alguien lo dudaba, los nuestros volvieron a sacar el lienzo para dibujar de nuevo la enésima obra de arte. Ni siquiera por Mont Matre se recuerda una pléyade de artistas de semejante esplendor. Hoy, bajo la batuta de Xabi Alonso, la selección española avista en la lontananza con algo más de nitidez las playas del viejo Brasil.
El partido destilaba aroma a noche grande. Saint Denis se engalanaba para amargar el camino de los nuestros cuyo destino es Brasil. Pero España saltó al encuentro con impronta de equipo grande. Esa que aporta la estrella que ahora adorna la roja a la altura del corazón. Y es que a los 5 minutos, tras una internada de un Monreal que pareció Jordi Alba, Xavi pudo amargar la cena a los franceses. España movía la pelota con la finura de siempre. Triangulaba, disfrutaba y exasperaba a su rival que buscaba el balón y sólo encontraba sombras. De tanto en cuanto, los gallos galos enseñaban los espolones sobre todo cuando el cuero le caía a Ribery. Pero el dominio y el tempo tenían sello de Iberia.
Sólo el húngaro Kasai birló a España el primer tanto. Cuando Pedro ya acudía a su cita con el gol, fue engullido por Lloris que pareció intuir la ceguera transitoria que el colegiado sufrió. Iniesta también la tuvo, pero una costura del guante del cancerbero Lloris evitaba de nuevo el tanto para dejar al descanso el cero a cero inicial.
Valdés, arcángel de España
Comenzó el segundo acto con un susto de los grandes. Ribery aprovechaba el despiste de Piqué para plantarse en las fauces de un náufrago Víctor Valdés. Pero si Casillas es santo, el catalán es arcángel, y con la pierna abortó la internada del francés. Y, por fin, el gol llegó por donde había de llegar. El enésimo desequilibrio creado por Monreal, sirvió para que el lateral regalara al gran Pedrito un tanto que vale un mundial. Desde ahí y hasta el final, sólo quedaba tocar.
Y España tocó, y Pogba pegó. El joven centrocampista juventino propinó en dos minutos un rodillazo a Alonso y un plantillazo a Xavi para ganarse antes de tiempo un boleto al vestuario. Todo parecía resuelto. Sin embargo, un nudo pobló el corazón de los hispanos cuando el balón cayó a Varane tras un barullo de un córner. Suerte que Monreal anduvo atento a tal lance y escamoteó al central lo que ya olía a empate. España vuelve a hacernos fantasear con otro verano de ensueño. Ya van 6 años de sueño y el aficionado piensa, ¿por qué hay que despertar?
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Por Alejandro Rozada (@alexrozada)
La conquista continúa. Si España conquistó América en 1492 gracias a un navegante de nombre Cristobal y apellido Colón, la selección española de fútbol hace lo propio en los terrenos de juego desde aquel inolvidable 11 de julio de 2010. Es un navío triunfal que navega de manera incontenible por el océano futbolístico. Guiada con mano firme por el capitán Vicente del Bosque, y con unos marineros que entran y salen de la embarcación continuamente, sin que ello implique una pérdida de calidad del nivel de la tripulación, el combinado nacional hace una conquista de cada partido. Aunque experimente leves desviaciones en la navegación, el rumbo es firme. Ante una selección de perfil alto como la uruguaya, vigente campeona de América, España impuso la ley de los campeones y solventó el envite con la categoría que se presupone a estos conquistadores del planeta futbolístico.
Al éxito de la conquista contribuyó de manera decisiva el cañonazo que soltó Cesc Fábregas cuando apenas se había sobrepasado el primer cuarto de hora del partido. El catalán lanzó una bomba inteligente desde fuera del área y se le fue por completo de las manos al portero uruguayo. Muslera no supo qué hacer con aquel obús y se acabó colando dentro de su portería. Tan tempranero y afortunado gol nos cogió a todos por sorpresa, incluyendo al propio Fábregas que apenas celebró el tanto e incluso le pidió disculpas al guardameta charrúa. A educados y cabales tampoco nos ganan.
Tardó en sobreponerse la selección uruguaya al bombazo y a punto estuvo de caerles otro, pero el árbitro no dio validez al gol de Carles “Centenario” Puyol, que ayer celebró su partido 100 con La Roja. El fallo espoleó a Uruguay, que consiguió empatar gracias a un tanto del Cebolla Rodríguez. El atlético estuvo más rápido y más listo que Puyol para ganarle la espalda y encarar a Valdés aprovechando un fenomenal pase de Cáceres.
España no se quiso conformar con el empate. En la segunda parte tiró de galones y de estrellas. Y no solo de la estrella que luce en el pecho vive esta selección; sobre todo bebe en el talento de sus jugadores franquicia. Es el caso de Pedro Rodríguez, que se encargó de sentenciar el partido con dos goles que confirman su notable racha goleadora con la camiseta de la selección. Lleva el canario 9 goles en los últimos 6 partidos que ha jugado con España. En el primero no desaprovechó un medido pase de Piqué entre líneas y, tras ganarle la espalda a la zaga de Uruguay, soltó un disparo cruzado ante el que nada pudo hacer Muslera. No era el día del portero uruguayo y de eso se volvió a aprovechar Pedro para consumar su doblete. Un gol de oportunista nato, rematando de primeras en boca de gol, gracias a una asistencia de oro servida por Cesc. De esta forma, la vigente campeona de Europa y del mundo acumula 18 partidos sin perder. Solo faltó el gol de Villa.
Una nueva conquista que anotar en el cuaderno de bitácora de esta imparable selección. Allende los mares que bañan la península ibérica, el fútbol español sigue navegando de conquista en conquista. Fue un partido amistoso, sí, pero con valor doble: por un lado sirvió para conquistar Doha, la capital catarí, y por otro, para conquistar de nuevo América ya que se derrotó a la actual campeona de ese continente. España, esa selección que ya puede presumir hasta de haber conquistado de una tacada dos territorios tan dispares como el americano y el asiático. A ver quién es el guapo que detiene la reconquista.
]]>Tercer póker del astro argentino en la Liga donde ya suma 201 goles
El equipo navarro, un juguete roto en manos de un insaciable equipo
Por Alejandro Rozada (@alexrozada)
¿Quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién es capaz de echarle el guante a semejante bicharraco? Una pulga letal anda suelta. Es un peligro público. Siembra el pánico allá por donde pasa. Y esta vez la ha sufrido el Osasuna. No se vislumbra ningún antídoto capaz de sanar los efectos letales de las picaduras de un tal Leo Messi, el aniquilador de récords. Esta noche devoró unos cuantos. Anotó su tercer póker en la Liga, igualando una marca que permanecía imbatible desde 1961. Superó los 200 goles en el campeonato liguero, donde ya lleva 201 tantos. Y se consolidó como la bestia negra del equipo pamplonica, al que le ha marcado 14 goles en los 13 partidos que ha disputado.
Cinco goles se llevó el equipo navarro de su visita al Camp Nou. No pudo amortizar el rápido empate de Raoul Loe tras el primer gol de Messi. No era noche para sorpresas. El Barça estaba rabioso tras la tamborrada de la Real Sociedad y quería liquidar con contundencia a Osasuna para mantener a raya a sus más directos perseguidores. Además, si se asoma al balcón del calendario se ve al Real Madrid esperando por la cita copera; de manera que los azulgranas no se anduvieron con contemplaciones y dieron un puñetazo en forma de manita sobre la mesa del tablero liguero. Cinco goles para mantener las distancias en la tabla.
Muy pronto avisaron de sus intenciones los hombres de Jordi Roura, que está cubriendo la ausencia de Vilanova por motivos de salud. ¿Y quién abrió el marcador? Sí, el de siempre. ¡Y de qué manera! Después del mítico regate de Pelé en el Mundial de México de 1970, ese gol que no fue, Messi inventó su propio gol. Aprovechando una gran asistencia al hueco de Xavi, se plantó ante Andrés Fernández, lo dejó sentado sin apenas inmutarse el astro argentino y marcó a placer. Con este golazo, Messi es el primer jugador en toda la historia de la Liga que marca en 11 jornadas consecutivas.
Pero Osasuna siguió con su plan, no renunció a sus principios futbolísticos y el premio llegó en forma de zurdazo de primeras de Raoul Loe, que superó la estirada de Valdés con un remate pegado al poste derecho del guardameta azulgrana. Aquí se puede decir que murieron las aspiraciones osasunistas. Messi, tras transformar perfectamente un penalty, provocado por una clara mano de Arribas, y Pedro, en una jugada similar a la del primer gol del partido de vuelta contra el Málaga en la Copa, pero por bajo, sentenciaron el partido antes del descanso.
El segundo tiempo fue un baño y masaje para el líder. El Barcelona dominaba al placer al ritmo que marcaba Xavi Hernández. La orquesta volvía a sonar perfectamente afinada. Y el Osasuna se limitaba a bailar al compás de los pases vertiginosos de los virtuosos azulgranas. En pleno baile, Messi volvió a asumir el protagonismo en la pista. Su pareja de baile fue Villa, que sirvió un gran pase al hueco para que el argentino se acomdase el cuero y con un toque sutil evitara la salida de Andrés para marcar a puerta vacía. Un gol a ritmo de tango, que se convirtió en samba poco después. No habían pasado ni 2 minutos cuando volvió a aparecer “La Pulga” para firmar la manita. Esta vez, bailó una pieza más marchosa con Adriano. El brasileño sirvió desde la izquierda al corazón del área y, como si fuera un 9 de los de toda la vida, apareció Messi en boca de gol para firmar su póker de goles. Una nueva hazaña del coleccionista de récrods, que lleva 32 goles en la presente Liga. El indiscutible pichichi del campeonato ha conseguido superar los 200 goles en el campeonato doméstico y ya ha llegado a los 201 tantos. Tremendo.
El partido también deja las apariciones de Alexis Sánchez. Pelea y se faja contra los defensas el delantero chileno, pero le falta un poco de coordinación y criterio para definir ante la meta rival. Si bien es cierto que cualquier jugador falla ocasiones, Alexis se debería de preocupar por su infortunio goleador. Ante Osasuna dispuso de varias ocasiones claras, alguna incluso a un palmo de la portería, y ninguna la materializó. Las comparaciones son odiosas, pero a más de un seguidor azulgrana ya le parece poco más que una herejía comparar al futbolista sudamericano con David Villa. Marque o no marque, y con permiso de Messi, el Guaje sigue siendo mucho Guaje.
El equipo azulgrana sufre para superar a un combativo Málaga en La Rosaleda
Los goles de Joaquín y Santa Cruz no bastan ante los tantos de Pedro, Piqué, Iniesta y Messi
Por Alejandro Rozada (@alexrozada)
Lejos de resultar un mazazo para sus aspiraciones, el Málaga aceptó el reto y se fue a por el Barça. El resultado es que se abrieron de par en par las puertas de la clasificación. No habían pasado ni tres minutos del polémico gol de Pedro, cuando empató el equipo de Pellegrini gracias a un ajustado remate raso de Joaquín que aprovechó a sangre fría una medida asistencia de Duda, aunque la jugada nació con una mano de Iturra. El del Puerto de Santa María, que no marcaba en la Copa desde 2009, volvía a meter en las semifinales al equipo malacitano. La buena y rápida respuesta del Málaga no paró aquí. Poco después reclamaron una mano de Piqué, aunque no fue tal porque el balón golpeó en la espalda del defensa azulgrana y no en su brazo. Pero por protestar que no quede.
Como buena creación del ingeniero chileno, este Málaga es un equipo con puño de hierro en guante de seda. Sabe acariciar y golpear al mismo tiempo. Y tiene la capacidad de resistencia perfectamente calculada para resistir los embistes de la manada culé. Messi se topó con Kameni, antes de que Santa Cruz parase la respiración del barcelonismo, aunque su lanzamiento se perdió entre la maleza. La réplica llegó con un misil enviado por Iniesta. Se estrelló en el larguero. No se sabe si lo mandó hasta allí la ley de la gravedad, el viento o la fuerza centrífuga ejercida por los resoplidos de La Rosaleda. Y hasta aquí llegó el primer tiempo de la saga definitiva de esta aventura. Lo mejor estaba por llegar.
Nada más levantarse el telón del segundo acto, golpeó el Barcelona. Para estrenar su reciente paternidad, un actor llamado a ser secundario quiso ir de protagonista y culminó un papel estelar en La Rosaleda. Piqué recogió un gran pase de Iniesta, controló, se acomodó el balón y fusiló a Kameni. No marcaba desde hace dos años en la Copa del Rey y no encontró una fecha mejor para reestrenarse que la misma semana en la que nació su hijo. Ya se sabe que ahora los niños vienen con una Copa debajo del brazo y bailan el Waka Waka en la intimidad. La aparición estelar de Piqué senior parecía el preludio de una avalancha de juego azulgrana. Y así lo hizo indicar el cabezazo de Messi a las manos de Kameni y la galopada de Jordi Alba por la izquierda, que salvó in extremis Welligton cuando aparecía el argentino insaciable para dictar sentencia.
Pero el Málaga no bajó los brazos. Sabían que un gol llevaba a la prórroga y devolvía la eliminatoria a su terreno. Así que no se anduvieron con rodeos y trenzaron una contra que culminó el paraguayo Roque Santa Cruz. Jugada polémica porque Cesc Fábregas estaba tendido en el área malacitana tras un pisotón de Welligton. El equipo de Pellegrini no se anda con concesiones y va a por todas. Pero toda la voracidad y la garra son pocas para combatir a este colosal Barcelona. Los futbolistas, hoy a las ordenes de Jordi Roura, no se conformaron con el empate y abrieron el tarro de sus mágicos trucos para desnivelar la balanza. Y la magia volvió a surtir efecto. Una extraordinaria combinación entre Iniesta y Fábregas derivó en un remate del mago de Fuentealbilla ante la impotente presencia de Kameni. El manchego ni pestañeó para definir con total tranquilidad y encarrilar la eliminatoria. Después sentenció Messi con un cabezazo a bocajarro. Medio gol le corresponde a Alves por servirle al argentino una asistencia técnicamente perfecta. Con este gol, este argentino incontenible e incalificable ya es el primer jugador en la historia de nuestro fútbol que marca más de 40 goles en partidos oficiales en 4 temporadas consecutivas.
Después de unos cuartos de final de Champions, entre el Málaga y el Barça, llega la semifinal de todos los siglos. O lo que es lo mismo, el clásico de toda la vida. A esta Copa invitan el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona. Casi nada. Prepárense a disfrutar de una nueva saga de este enfrentamiento estelar.