Hoy se esperaba un día de futbol total, una hora poco común para que se jugase el partido que todo el mundo espera y un ambiente espectacular para que los aficionados del Barcelona recibiesen al máximo rival en su campo; pero nada más lejos de la realidad.
Como ya comunicó el Comité de Competición la pasada semana, el Clásico que con casi toda seguridad iba a marcar el transcurso de la primera vuelta liguera quedaba aplazado hasta diciembre, y con él, la emoción de ver como el primer y el segundo clasificado del campeonato se enfrentaban cara a cara.
Se esperaba un partido igualado, pero por las malas sensaciones que ambos conjuntos llevan arrastrando prácticamente desde el principio de esta temporada. Ningún equipo viene jugando al máximo nivel y los dos parecen no encontrar una fórmula para imponerse claramente al rival, pero esto era un Clásico, y en los partidos de este calibre las estadísticas y las sensaciones anteriores no valen para nada.
Dos entrenadores cuestionados se enfrentaban al reto de desarticular la táctica del rival para intentar revertir la situación. Dos zagas defensivas con diferentes problemas, pero mismas conclusiones: reciben más goles de los que deberían y con delanteras que, a pesar de tener un gran talento, tienen piezas que no acaban de encajar.
Sin duda, ambos equipo salen beneficiados de esta decisión ya que el Barcelona podrá recuperar a Debelé que ya habrá cumplido el partido de sanción y el Real Madrid, en principio, no tendrá que afrontar el partido tan lastrado por las lesiones. Los grandes perjudicados son los aficionados que esperaban con ansia este encuentro.
Habrá que esperar hasta diciembre para ver como la máxima rivalidad del futbol español se materializa en un partido, ni las circunstancias ni el estado de forma por parte de los conjuntos será igual por lo que se espera un encuentro completamente diferente del que se podría prever hoy.




