El francés del Deceuninck – Quick-Step se lleva en Niza la segunda etapa y el liderato del Tour de Francia después de un gran ataque a 13 km de meta
«Me gustaría dedicarle esta victoria a mi padre» fue una de las primeras declaraciones de Julian Alaphilippe tras su triunfo en la segunda etapa del Tour. Visiblemente emocionado, el francés levantó la mano y la mirada al cielo tanto al cruzar la meta en un apretadísimo esprint que le ganó al suizo Marc Hirschi como en el protocolo del pódium, recordando en todo momento a su progenitor recientemente fallecido.
Acaba de echar a rodar el Tour de Francia y Alaphilippe, con 28 años, solo ha necesitado dos etapas para volver a encontrarse con la victoria y para enfundarse el maillot amarillo de líder. No hace falta recordar que el pasado año llegó a vestirlo durante catorce jornadas (con dos triunfos de etapa de por medio) que coincidieron con un pico de forma que jamás habíamos visto en el talentoso corredor galo —que ya es decir—.
Ha tenido que llegar la Grande Boucle para que el ciclista del Deceuninck – Quick-Step levantara los brazos en esta extraña temporada 2020. No obstante, estuvo muy cerca de lograrlo en el primer —y único hasta la fecha— monumento del año, la Milán-San Remo, donde un pletórico Wout van Aert le impidió revalidar el título de campeón de la Classicissima el pasado 8 de agosto.
No muy lejos de allí ha tenido lugar la espectacular redención de Alaphilippe, ya que su victoria de etapa ha sido en Niza, Grand Départ de la ronda gala este año y protagonista de sus primeras jornadas, a poco más de 50 kilómetros de la ciudad italiana de San Remo.
El intrépido francés partía como favorito para el triunfo en un día exigente a pesar de tratarse del segundo día de competición. Dos puertos de 1ª categoría y uno de 2ª que había que ascender dos veces (la segunda vez a 10 kilómetros de meta y con bonificaciones de cara a la clasificación general) ponían a Loulou ante todos los focos tanto dentro como fuera del pelotón.
Con la fuga neutralizada y el pelotón cada vez más rápido y reducido, a 13 kilómetros para el final de la etapa llegó el sólido ataque de Alaphilippe, al que solo pudo responder Marc Hirschi (SUN). Al dueto se unió poco después Adam Yates (MTS), y con su buen entendimiento y una renta en torno a los 20 segundos el grupo no fue capaz de darles caza.

Todo se decidió en el icónico Paseo de los Ingleses de la capital de la Costa Azul. El agónico esprint terminó decantándose por el francés con Hirschi entrando en meta casi en paralelo y Yates unos metros por detrás. El siempre expresivo Julian no pudo contener las lágrimas desde el momento en que se proclamó vencedor de la etapa.
Esas lágrimas de recuerdo a su padre, de emoción por el doble premio y de amor por el Tour y por el ciclismo constituyen una nueva victoria de un deporte que, gracias al carisma de corredores como Julian Alaphilippe, sigue creciendo y ganando aficionados.



























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