El Atlético de Madrid dio ayer un golpe de autoridad al derrotar 1-0 al Liverpool, actual campeón de Europa e invicto en la Premier League, contra todo pronóstico en la ida de los octavos de final de la Champions.
El Cholo Simeone reconoció desde el principio la importancia vital del ambiente creado en el Metropolitano, que pareció recuperar la esencia perdida del Calderón. «Ganamos desde la rotonda en el autobús», una frase con la que hacía referencia al espectacular recibimiento al equipo con bengalas en la puerta del estadio, algo que no había sucedido a ese nivel en los 8 años que lleva en el Atleti.
Anfield también jugará su papel dentro de tres semanas en la vuelta, como no se cansaron de repetir Klopp y sus jugadores, pero no se sabe aún hasta qué punto será decisivo. La única certeza en este momento es que el Metropolitano sí consiguió ganar su batalla una vez más.
Pero, más allá de todo esto, los análisis futbolísticos previos al partido no reflejaron del todo la realidad que se vería después en el terreno de juego. El Liverpool, con su temible tridente, sus profundos laterales, su indestructible defensa y su peligro a balón parado, no tiró ni una sola vez entre los tres palos y recibió un gol de córner tras un fallo defensivo de un Van Dijk irreconocible en esa acción.
Los reds salieron desesperados como nunca esta temporada y no les quedó más remedio que alegar que el Atlético de Madrid jugó a encerrarse y a perder tiempo. Las ocasiones, sin embargo, desmienten estas afirmaciones porque fueron los propios rojiblancos los que estuvieron más cerca de marcar un segundo gol de no ser por la falta de acierto de Morata y por la precipitación en los contraataques. Tan solo Salah pudo inquietar a Oblak con un cabezazo que se fue rozando el palo.
El sufrimiento incansable en defensa cuando el Liverpool los arrinconó en algunos tramos, con Felipe y Lodi estelares, se transformó en ímpetu a la mínima oportunidad en ataque para conseguir incluso ampliar la ventaja. La fe que muy pocos tenían en este equipo hizo acto de presencia empujada por 68.000 creyentes y once jugadores que hicieron su mejor partido de la temporada hasta ahora.
Y Saúl. El hombre de los goles importantes, el protagonista de las eliminatorias, el centrocampista que más goles ha marcado en la historia de la Champions, el de siempre. Cuatro minutos jugando en su posición natural le bastaron para reivindicarse con un gol de esos que no se olvidan, aunque no fuese el más bonito. «Es el resultado del trabajo, de no dejar de creer”, dijo. Un espíritu que será fundamental mantener durante los 90 minutos de Anfield para dar la gran sorpresa europea del año.

























