Casi un año después los celestes volvían al campo de aquella aciaga noche en la que se les escapó la oportunidad de poder jugar de nuevo una final. En una tarde fría, los jugadores celestes volvían al campo que difícilmente desaparecerá de los corazones de los aficionados celtiñas.
Llegada la jornada 22 de la La Liga Santander, el Deportivo Alavés se veía casi obligado a ganar para escapar del temible descenso. Por su parte el Celta tenía la oportunidad de oro para colocarse en puestos europeos y volver a vivir el sueño de la pasada temporada.
Apenas había empezado a rodar el balón cuando los aficionados locales estaban celebrando el primero. En el minuto tres, tras un remate mordido de Munir, Pedraza batía a Rubén Blanco. Sin embargo, los vitorianos no querían el balón y las jugadas se sucedían para los celestes que no llegaban a la zona de peligro. Un dominio estéril.
En el minuto 18 llegaba el segundo del Alavés. Vendaval de los de Abelardo. Centro de Ibai desde la derecha que no fue capaz de despejar ningún jugador celeste. Se paseaba el esférico por el área hasta que Munir, en el segundo palo, ponía el 2-0. Pesadilla del Celta en Mendizorroza.
Trataban de dar un paso adelante los de Unzué, pero a pesar de la posesión les costaba sangre y sudor encontrar espacios ante un correoso Alavés, compacto y con pegada.
La segunda parte fue distinta. El Celta mostró su personalidad y carácter. Tuvo la posesión e hizo saltar la alarma en el campo del Alavés, que se defendía evitando que el Celta redujese la ventaja que habían logrado en el primer tiempo.
Se resistía a entrar la pelota. El Celta había salido dormido y lo pagó. No fue hasta el minuto 90 cuando Iago Aspas abría el marcador para los vigueses. Despertaban tarde los celestes y no pudieron hacer nada más. El pitido final dejaba los punto en Vitoria.





