El rico ganó al pobre. En esta ocasión no se repitió la historia de David contra Goliat y el grande pudo con el pequeño. Pero no pudo, ni mucho menos, por ser mejor y más poderoso; esta vez pudo, sencillamente, porque tuvo más suerte. La suerte de que un despeje de un rival le terminara dando en la rodilla a Diego Costa para marcar el gol de la victoria y la suerte de que el árbitro, el asistente y el VAR anularan un gol a Irán por un ajustadísimo fuera de juego. Algo tendrá que ver que España tenía enfrente a la modesta selección de un país tan necesitado como el iraní; cuesta pensar en un desenlace parecido si el rival hubiese sido Francia, Alemania, Brasil o, incluso, Portugal. Ni siquiera tuvo la misma suerte España contra Corea del Sur en los cuartos de final del Mundial de Corea y Japón del año 2002; claro que, por aquel entonces, la selección española no llevaba una estrellita cosida al pecho de la camiseta.
No, España no jugó bien contra Irán. Hizo un partido lamentable. El centro del campo apenas existió, los defensas (empezando por el portero) temblaban ante cada ataque iraní y los delanteros no daban una. Pero se ganó, que es de lo que se trataba para no complicarse demasiado la vida y poder llegar a la última jornada con 4 puntos para jugarse el liderato con Portugal, con la que la selección española empata a todo, a puntos y a goles a favor (4); el desempate se rompe en estos casos recurriendo al FairPlay, donde gana España por haber visto solo una amarilla (Busquets en el primer partido), mientras que los portugueses vieron dos amarillas (Fernandes contra España y Adrien Silva contra Marruecos). Pues por estos pequeños detalles, que no dejan de depender de la diosa fortuna, se deciden las cosas en los grandes campeonatos y los Mundiales no son una excepción. Podemos concluir que España ya tiene la suerte de los campeones, sí, la que se ganó a pulso tras ganar dos Eurocopas y un Mundial en el ciclo triunfal 2008-2012, pero no deja de ser azar. Y una campeona del mundo debe depender de algo más que de eso.
Menos lágrimas y más orgullo. Menos excusas y más dignidad. Por favor. Estamos hablando de la selección española de fútbol, no de la modesta y muy respetable selección iraní. Por el amor de Dios, de Alá o de quien sea, pero dejemos de una puñetera de vez de comportarnos como un país tercermundista, con comportamientos y sucesos propios de países en vías de desarrollo. Ya está bien. No hará falta insultar en mayúsculas en las redes sociales como hacen los seguidores de la selección argentina, casualmente un combinado nacional que ganó dos Copas del Mundo. Se trata, simplemente, de ejercer el noble arte de la crítica y no dejarnos caer en brazos del odioso conformismo. Vale que España no está eliminada después del segundo partido como ocurrió en Brasil 2014, e incluso suma un punto más que a estas alturas en Sudáfrica 2010, pero es una selección sin personalidad, con un problema muy serio a la hora de dominar los partidos, defender y finalizar. Transmite una sensación de inseguridad e interinidad propia de los equipos de medio pelo.
¿La crisis Lopetegui pasa factura al combinado nacional? Probablemente, pero este equipo adolece de defectos que ya mostró antes del Mundial. Empezando por la inseguridad que transmite De Gea bajo palos. Este miércoles no hizo ninguna cantada e incluso mantuvo su portería a cero, pero eso no fue mérito suyo, que solo hizo una buena salida de puños en la recta final del encuentro, ya con los iraníes atacando a la desesperada, sino de los árbitros, que fueron los que anularon el gol de Ezatolahi, que había batido al portero español en el primer tiro a puerta iraní. Prolongar la agonía y no cambiar al guardameta es propio de un interino en el banquillo que no quiere correr riesgos y no tiene la personalidad suficiente para tomar una decisión que, tarde o temprano, se acabará pagando. Kepa se merece una oportunidad. Hasta el humorista Reina sería más de garantías que su colega del Manchester United. Pero muchos seguiremos añorando a un tal Íker Casillas, que fue el indiscutible titular de la portería española en cuatro Mundiales (Corea 2002, Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014); tampoco sería tan descabellado que Casillas hubiera ido a Rusia y hasta fuera titular, porque no se ha retirado y viene de ganar la liga portuguesa con el Oporto después de recuperar la titularidad tras ganarse el pulso a Sergio Conceiçao. El Santo siempre será el Santo, da igual la edad que tenga; Reina tiene 35 años, apenas dos menos que Casillas, y está en Rusia. Por no hablar de Buffon, que con 39 años fue el portero de Italia camino de Rusia, y no se le puede culpar a él precisamente de que la selección italiana no se clasificara.
El otro gran problema de la selección española se encuentra en el centro del campo. Paradójicamente. Allí donde España alimentó su grandeza y se convirtió en la mejor selección del mundo, ahora flojea. Isco es un gran futbolista, probablemente el de más calidad del combinado español, pero no tiene galones y criterio suficientes para gobernar los partidos. No es Xavi, ni Xabi Alonso. Tiene unas características totalmente distintas, es más desequilibrante, juega más adelantado y tiene más regate que los citados, pero no tiene la misma capacidad para llevar el tempo de un equipo. ¿Quién tiene esa capacidad? Busquets y, sobre todo, Andrés Iniesta, que ya no es el que era. La edad pasa factura a cualquiera y él no es una excepción, viene de tener un rol básicamente secundario en el Barcelona, donde toda la responsabilidad recae en Messi, y tampoco tiene unas características similares a las que tenía su amigo Xavi, el rey del pase, que jugaba más retrasado y precisamente se sumaba al ataque de común acuerdo con Andrés, quedando siempre uno de ellos más retrasado y haciendo las veces de organizador.
Si la sombra de Iker es alargada, la de Xavi Hernández no lo es menos. Y lo más preocupante es que no se vislumbra un sustituto; Thiago Alcántara tiene mucho talento y unas características relativamente parecidas a las de Xavi, pero ni posee tantos galones para gobernar el juego ni es tan regular. Lo demuestra el hecho de que no se ha acabado de asentar como titular en la selección y, en este Mundial, apenas jugó 20 minutos contra Portugal y partiendo desde el banquillo. Koke Resurrección, que no fue titular contra Irán, tampoco es comparable con Xavi a pesar de que tenga un buen disparo y una notable presencia en el campo. Tardará en aparecer, pues, un futbolista como Xavi… si es que llega a aparecer. Y, entretanto, unas preguntas al aire: ¿Qué pasa con Saúl? ¿Por que no ha debutado todavía? ¿No se lo merece el chaval después de ser el crack y máximo goleador del Europeo sub-21 del año pasado, amén de un indiscutible en el Atlético de Madrid? ¿No te acuerdas, Hierro?
Pedimos no caer en el conformismo y no celebrar una victoria contra Irán como si fuera la mayor de las hazañas porque una campeona del mundo como España está obligada a ello. Y más frente a una selección tan débil, que no se complicó la vida lo más mínimo desde el pitido inicial: todos atrincherados en su campo, con las líneas muy juntas, acumulando hombres en su campo para resistir los envites españoles, esperando sorprender en alguna contra y perdiendo el tiempo. No aspiran a más. Con esta filosofía, como para no ganarles. Y se les ganó, pero gracias a un gol de rebote marcado por Diego Costa, la mejor noticia para los españoles en lo que va de Mundial. Lleva 3 goles en dos partidos y mostrando una efectividad notable de cara a la portería rival, sin llegar al nivel de Villa, pero es el mejor delantero de referencia que ha tenido la selección desde el Guaje. Bendita nacionalización. Sus goles y los problemas que mostraron otras favoritas como Brasil, Argentina, Alemania o Francia en su primer partido, alimentan el optimismo, pero viendo a la selección de un interino como Fernando Hierro, bastante es que lleguemos líderes del grupo a la última jornada, dependiendo de nosotros mismos contra una eliminada como Marruecos para quedar primeros, y esperando rival en el cruce de octavos: Rusia o Uruguay. Eso ya será un rival de enjundia: unos porque son los anfitriones y ya se sabe el peligro que tienen los anfitriones, y otros porque son una de las selecciones más sólidas y potentes de Sudamérica, con jugadores tan conocidos como Luis Suárez, Cavani, Godín, Cristian Rodríguez o Giménez, no han encajado ni un solo gol y tienen a un viejo zorro como seleccionador, el mítico Óscar Washington Tabarez. Ante ellos, que serán nuestros presumibles rivales habida cuenta de que van segundos del grupo A y España es la primera del B, será una historia bien distinta. La horma de nuestro zapato. Que el Dios del fútbol nos coja confesados.





