El argentino, con dos goles y dos asistencias, allana el triunfo azulgrana
El Barcelona recibía al Olympique de Lyon inquieto por el resultado de la ida, aleccionado por la calamidad que sufrieron los dos conjuntos de la capital en Champions League y presionado por el foco que se le situó al torneo desde el comienzo de la temporada que, además, ha ido in crescendo debido a la pronta atadura de la Liga y la cita confirmada con el Valencia en la final copera de finales de mayo. A todo esto, hay que sumarle que en la memoria de los futbolistas continúa mareando la eliminación en Roma, donde los azulgranas eran favoritos en todas las casas de apuestas – idéntico que contra la brigada francesa – y cayeron estrepitosamente.
Un Lyon presto a combatirle el encuentro a los locales, sin encarcelarse en su campo, estaba abierto a dejar huecos a la espalda si así tenía más presencia ofensiva, conscientes de que esta noche sí jugaba Nabil Fekir. Asumir riesgos en el Camp Nou es similar a jugar a la ruleta rusa, pero a la inversa: cinco balas y solamente un espacio de vida en el tambor del revolver. Bajo la batuta de Arthur, impecable en el primer tiempo, con una precisión excelente en pases, ágil en la conducción, atrevido a la hora de asistir en profundidad e incluso llegando a posiciones de finalización en la segunda mitad, el equipo dominaba y se gustaba en su estadio, como hacía días que no ocurría. Messi fue el primero en probar a Lopes, obligándole a estirarse con apenas tres minutos de juego y, poco después, poner una mano para evitar que se quedara solo frente a la portería. En una acción similar con Coutinho, se lastimó y fue sustituido por Gorgelin. Suárez combinó con el diez en el interior del área y fue derribado por Denayer. Desde los once metros, emulando al charrúa en el Bernabéu, Messi abrió el marcador. Replicaron los visitantes por mediación de Dembélé, con un disparo que se marchó ligeramente desviado. El guardameta portugués, poco antes de ir al banquillo, salvó un tiro del uruguayo, pero se resignó cuando, después de un pase filtrado de Arthur, el nueve regaló un gol traducido en confianza a Coutinho. Persistente y luchador, Suárez rescató un balón que ya estaba fuera de su alcance y a punto estuvo de hacer el tercero con un chute cruzado. Messi sorteó el fuera de juego, pero erró el mano a mano antes de marcharse al vestuario.
Con la reanudación podía esperarse un Barcelona más conservador, cualidad que abunda en Valverde, pero el equipo continuó en su empeño de recuperar el sometimiento habitual que ejerce en su templo, y a punto estuvo Messi con una vaselina de pisotear las pocas posibilidades de clasificación del Lyon. Coutinho, mejor que en otras ocasiones y de nuevo ovacionado al ser sustituido por Dembélé, tiró al lateral de la red después de marcharse del portero. Antes de la entrada del francés, la afición ya estaba pendiente de su calentamiento. Indispensable a la hora de generar profundidad, desequilibrio y sensación de peligro, es el único capaz de sorprender y ser impredecible, con perdón de Messi. Anotó Tousart en una jugada embarullada, sometida a revisión por el VAR, y devolvió la esperanza a los suyos. Animados por el gol, se envalentonaron los franceses y le disputaron la pelota al conjunto azulgrana. El Txingurri cambió balón, Arthur, por oficio y batalla con la entrada de Vidal. A falta de un cuarto de hora, el guion estaba demasiado abierto y era complejo predecir el final. Cuando las dudas asomaban, resolvió el mejor director. Mareó a dos defensores del Lyon con recortes y amagos e hizo inútil el intento de Gorgelin de frenar su derechazo. Con el partido cuesta abajo, de nuevo con la pierna “mala”, Messi asistió a Piqué, que concluyó de la mejor manera una de sus frecuentes aventuras. Dembélé, que no se probó en exceso en velocidad, cerró la goleada con un disparo por debajo de las piernas del recambio de Lopes; asistido, otra vez, por el de siempre.
El argentino llevaba días dejando intranquilos a los culés. Parecía no estar fino, como si jugara a disgusto y, aun así, continuaba siendo el más determinante. Esta noche, pese a seguir impreciso y errático en ocasiones donde habitualmente no perdona, Messi volvió a exhibirse y a dejar constancia de que las palabras mencionadas en la tarde del Gamper, y que tanto calaron en los seguidores azulgranas, eran para tomárselas seriamente.
























