Alberto Arauz (@Arauz84)
La zona más noble y próspera de Italia, abrazaba hoy a los maltrechos supervivientes del Giro. El señorío y la elegancia de la región del Piamonte, trajo consigo además un tiempo benigno y suave que tuvo efecto balsámico para restañar las heridas y cicatrices que pueblan los magullados cuerpos de los ciclistas. Al fin, y más de dos semanas después, el podio recibiría a un castellano parlante cuando algunos ya temíamos regresar a casa igual que como llegamos.
Tanto hoy como mañana, se vivirá una tensa calma que servirá de preludio para el dantesco desenlace que agurda a partir del jueves. Un puerto duro pero a horas de la meta y la típica tachuela traicionera cerquita del final, ponían el único picante a una etapa llamada de transición. Una nutrida fuga, clásica de la tercera semana de carrera, dibujaba el cuadro de la etapa. Gorka Verdugo y Jesús Herrada, representaban en ella a una armada española cuya pólvora seguía hasta hoy completamente mojada.
Sin embargo, las pulsaciones de la etapa comenzaron a subir cuando Scarponi, bravo y osado como siempre, lo intentó en el puerto de tercera. El ataque no hizo daño a los cappos, pero redujo al grupo de cabeza a apenas una veintena. Sería en el descenso, como acostumbra a suceder en el ciclismo moderno, donde se desataría el verdadero zafarrancho. Samuel y Betancur lo intentaron por doquier, pero sería el terceto formado por Niemiec, Tangert e Intxausti, el que pugnaría por la gloria. Al esprint, el más joven e inexperto de la clase, birló la cartera a sus oponentes e inaugró el casillero español inédito en esta edición. Bravo por Beñat Intxausti que en su lenta progresión, se lleva del Giro una maglia y una victoria de gran valor.

























