Entrevista a Antonio Esteva (primera parte)
ALEJANDRO ROZADA (@alexrozada)
Nos abrigamos, nos ponemos la mochila y volvemos a clase. Regresamos a la universidad para hablar con Antonio Esteva (Madrid, 1975) que, al margen de su conocida faceta en radio y televisión, también es profesor asociado en la Universidad Complutense de Madrid. Una desconocida labor de la que hablamos en esta primera entrega de nuestra entrevista con uno de los comunicadores deportivos más mediáticos del país.
– Nunca me imaginé que iba a hablar contigo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense…
– ¿Ah no? ¿Por qué?
– Porque pensaba que íbamos a hablar en Atresmedia…
– Podíamos haberlo hecho. Yo creo que estamos en un entorno de los más cómodos, en los que mejor me siento, con un gran amigo con el que trabajo cada fin de semana (Pepe Catalina). Es un lugar y un momento que a mí particularmente me purifica. Me gusta especialmente desde hace muchos años la labor docente, sea en la universidad Complutense o en cualquier otro lado.
– ¿Cuánto tiempo llevas dando clase?
– Mucho tiempo. Más de lo que la gente cree, pero en la Complutense, como profesor asociado, este es mi segundo año. He venido a dar charlas, conferencias, he participado en cursos, másteres… Y como profesor de másteres y universidad, llevo más de una década por toda España e incluso fuera.
«Llevo más de una década dando clase como profesor de másteres y universidad por toda España, e incluso fuera»
– ¿De qué das clase?
-De periodismo deportivo, periodismo especializado, narración deportiva, presentación en televisión, elaboración de guiones para reportajes audiovisuales, tratamiento de la voz…
– ¿Y cómo se lo pintas a tus alumnos? ¿Eres un profe cascarrabias, optimista o agorero? ¿Cómo te definirías?
-De los segundos: muy optimista. Siempre les digo el primer día: “Tanto vais a aprender vosotros como yo”. Creo en ello, no es un cliché, no es la típica frase de “El club de los poetas muertos”, es la realidad. Yo intento seguir aprendiendo y me sigue ilusionando cada detalle, cada anuncio… De pequeño veía los anuncios y me quedaba fascinado, escuchaba algo en la radio y me quedaba con el tono de voz. La vida son detalles y momentos. Les intento hacer ver que abran los ojos y disfruten el momento.
A mí, en su lugar, me vino un profesional, que no te voy a decir el nombre porque ni siquiera me acuerdo, apareció por la facultad y nos dijo que esto estaba fatal, era agorero, pesimista, nos decía que nos habíamos equivocado de carrera, que esto estaba muy mal, que cómo es posible, que éramos unos locos… no solo locos, sino que éramos tontos por haber elegido una carrera a la que costó tanto llegar porque, en la universidad pública, la nota de acceso está en un 7. Al final, yo tomé nota de aquello y dije “no puedo ser así el día de mañana y robarle la ilusión a nadie. No es mi derecho”. Si acaso me pueden acusar de algo es de todo lo contrario: de ilusionarlos con una realidad que, quizá, luego es más dura de lo que nos imaginamos. Nunca les pinto el mundo de color de rosa.
Les pinto los pros y los contras de la profesión, intento decirles desde el primer día que nunca pretendía (ni pretendo) dar dogma de fe con mis palabras, sino enseñarles un modo de hacer periodismo (en este caso, periodismo deportivo). Un modo, que elijan el que quieran, “este es nuestro modo”: si quieren optar por este camino van a aprender muchas cosas, si eligen otro seguramente también. Pero si están conmigo van a ver la profesión desde dentro y eso se lo garantizo con prácticas, aunque esta asignatura no esté reglada como tal: hacer prácticas de plató, estudio de radio, entradillas, narración deportiva, guión en televisión, redacción periodística, entrevistas, reportajes… Todos mis alumnos han entregado un trabajo fin de cuatrimestre, donde hacen un reportaje audiovisual, y muchos de ellos, con algún retoque, serían perfectamente emitibles.
«Si me pueden acusar de algo es de ilusionar con una realidad que luego es más dura de lo que imaginamos»
– ¿Hay vida después de la universidad? Muchos hemos comprobado y padecido que no… al menos, no inteligente.
– ¿Te refieres por inteligente a remunerado?
– Me refiero a horarios, bajos sueldos, presiones, condiciones leoninas… ¿Ser periodista es un privilegio?-
– (Silencio) Dedicarte a lo que te gusta y poder vivir de ello sí es un privilegio.
– ¿Vale todo?
-No. Es más, el día que a mí no me guste lo que hago lo dejo. No tengo ningún problema. Lo que pasa es que no lo dejo porque amo esta profesión, amo mi manera de contar cosas, disfruto tanto con un partido de niños como con la final de la Champions. No es una cuestión de estar en un sitio y saborear solo un gran evento; es una cuestión de vivir con ello todos los días y que te guste. Que te guste la adrenalina del directo, contar y comunicar, contarles cosas a los demás. Descubrir historias nuevas que te fascinen y querer decírselo al oyente, espectador o lector.
«Disfruto tanto con un partido de niños como con la final de la Champions»
– Es una pregunta muy manida, pero viene al pelo de lo que acabas de decir: si no fueras periodista, ¿qué serías? ¿Cuál sería tu segunda vocación aparte de la periodística?
– Yo he hecho casi de todo antes de llegar a la profesión y sigo haciéndolo fuera de la profesión. Ahora mismo están en casa unos pintores y se lo decía: echo de menos el trabajo manual. En mis ratos, que no los tengo, en verano leo muchos libros, también durante el año, pero es ahí cuando tengo mi momento para leer cosas más allá de lo que necesito para la profesión, que es la actualidad, no cabe duda, que te engulle.
Habitualmente también me gusta pintar manualidades, yo trabajaba con mis tíos en un negocio familiar… hacía de todo, pero de pequeño tenía dos vocaciones: una era la periodística y otra muy fuerte era la de científico. De hecho, me tomo la profesión como un análisis científico de la realidad. Intento diseccionar lo que ocurre, hacer un retrato, una composición de lo que está sucediendo y trasladárselo al espectador. Con todos los resortes, detalles, posibles y extremadamente necesarios. Por eso digo que el ego ahí no cabe; si ya le metes el ego, el puzzle no encaja. Necesitas contar lo que pasa y para eso tienes que estar atento a todo lo que pasa.
«De pequeño tenía dos vocaciones: una era la periodística y otra muy fuerte era la de científico»
De pequeño me gustaba mucho Ramón y Cajal, el proceso neuronal, me encantaba la genética, me sigue fascinando la ciencia, muchísimo… Hubiese sido médico, sin duda, pero cambié de opinión cuando, en el mercado donde tenían mis tíos un negocio en el que yo ayudaba, con 14-15 años descargando la furgoneta, me crucé con un médico joven que estaba tomando la tensión en la puerta con su bata y su fonendoscopio, me acerqué a él y le pregunté qué hacía ahí, me respondió que estaba tomando la tensión “por la voluntad”… Estaba “mendigando” después de tantos y tantos años de profesión, no encontraba un trabajo, pero quería seguir ejerciendo y lo que hacía era tomar la tensión y auscultar a las señoras y los señores mayores que se acercaban al mercado de forma gratuita. A mí eso me marcó. Dije: “No puede ser que este país…” Sé que es un caso particular, o muy particular, pero a mí me sucedió. Cuando yo lo vi tan de frente, dije: “Me gusta mucho la medicina, también el periodismo, si no me sale el periodismo pues ya veré qué es lo que hago…” Tenía una vocación muy fuerte por los dos lados y aquello me marcó, me marcó muchísimo.
– Cuando entrevisté a Rubén Martín, uno de los mejores narradores de la radio actual, me decía: «Al que estoy seguro de que no van a contratar nunca es al que, el primer día que llega a la redacción, pregunta “¿cuánto cobro y cuándo libro?”. Ese dura dos días en las redacciones en las que yo he estado». ¿Coincides con lo que dice Rubén?
– A mí no se me ocurrió nunca preguntar eso, pero no en el periodismo; tampoco lo hice en una gran empresa donde trabajé antes y ganaba más dinero, de donde me fui perdiendo dinero. Yo he entrado en esta profesión a tiempo completo perdiendo dinero, pero no perdía dinero: ganaba en aprendizaje. Fui a un sitio donde aprendí muchísimas cosas que hoy me están sirviendo, pero incluso de lo que hacía fuera de la profesión trasladé cosas que todavía me sirven, incluso de lo que no hay que hacer (o yo creo que no hay que hacer) aprendo de otras profesiones, o de la propia, cuando veo a otros compañeros que no me gusta lo que hacen, y viceversa.
En la redacción de LaSexta, que tuve la fortuna de poder ser uno de los miembros fundadores de aquella redacción de deportes, tuvimos que partir de cero y estábamos sentados en un escritorio sin un ordenador, solo teníamos un folio y un boli, el director de deportes y un servidor, y teníamos que ir haciendo la planificación para contratar gente; de toda esa lista de los primeros que llegaron, hubo uno que se le ocurrió decir en un momento determinado al cabo de los meses que él aspiraba a hacer algo más que cubrir la información de un equipo determinado en Primera División. Y nos quedamos mirándole: “¿Pero qué estás diciendo? ¿Tú sabes lo que estás haciendo con la edad que tienes? Ni siquiera lo hemos hecho otros que te hemos contratado con la edad que tienes”.
«En los orígenes de laSexta, uno de los primeros aspirantes nos dijo que aspiraba a hacer algo más que cubrir la información de un equipo de Primera. Ni siquiera lo hicimos nosotros con su edad»
Sí, me he cruzado con gente que no acierta a comprender cómo es la profesión de forma tradicional y sistémica. Ahora bien, también entiendo que haya gente que no compre esa parte del discurso y de la profesión, y quieran tener vida. También te digo que yo tengo, afortunadamente, una familia que respeta y comprende cuál es mi profesión, si no no estaríamos aquí. Y eso es lo difícil.
– Pero coincidirás en que hay una élite en la profesión que se lleva la parte más grande del pastel, mientras que hay una base de soldados de trinchera que son al final los que más curran y en peores condiciones, tienen que soportar unas condiciones leoninas, unas presiones infernales y unos horarios peores incluso que en un supermercado. Por eso te preguntaba antes si vale todo para ser periodista.
– Sí, incluso ganar menos dinero, no librar… Es verdad que esta profesión se ve más que otras. Yo voy a un hotel en vacaciones, solo me escuchan hablar y “anda mira, el periodista deportivo”. Hay un componente público que evidentemente, como profesión y gremio, no podemos obviar. Pero esto que sucede en el periodismo pasa en otras profesiones; a mí me ocurrió. Eso de los horarios, los viajes, la pérdida del calor de hogar y del contacto con los tuyos… lo he tenido en otras profesiones y no lo he tenido yo solo; es que existe en otras profesiones. Esos soldados de trincheras, que hacen el trabajo para que otros se cuelguen la medalla, existen en otras profesiones.
Ahora bien, ¿qué tiene esta profesión con respecto a otras? Que atrae mucho, es tan vocacional y gusta tanto que muchos sacrificamos quizá demasiado por llegar a estar. No me refiero a la integridad moral, me refiero a esas horas, a colaborar incluso con medios que no te pagan, que no deberíamos permitirlo. Pero dices “me da escaparate o ayudo a un amigo porque luego ese amigo me va a ayudar a mí. O porque, sencillamente, me gusta hacerlo y punto”, pero todo ese tiempo que inviertes en estas cosas te lo estás restando a ti y a los tuyos, lo dejas de cobrar y estás cosechando que las futuras generaciones (y la tuya propia) no puedan pelear por eso. Es como lo que pasa con ciertos gremios que no están unidos: “¿Que tú no quieres hacerlo? No te preocupes; mandamos a otro”. Y ahí es cuando entra ya lo que llaman ellos “salario emocional”, aquello que tú estás tan loco por hacer que lo harías gratis.
«¿Que tú no quieres hacerlo? No te preocupes; mandamos a otro. Y ahí es cuando entra ya lo que llaman ellos salario emocional, aquello que tú estás tan loco por hacer que lo harías gratis»
Yo, insisto, no he hecho cosas que no me gustaría hacer. Nunca. Ahora, sí es verdad que en algunos momentos me he sentido (como todo el mundo) mal remunerado; en otros, sin embargo, me he sentido demasiado bien remunerado porque lo hubiese hecho gratis. Es una dicotomía y un conflicto interior que cada uno de nosotros tenemos que resolver a nuestra manera, pero no somos los únicos a los que nos pasa; pasa en otras profesiones pero se ve mucho más en el periodismo, porque cada vez hay más chavales que quieren ser periodistas. No muchos de ellos saben cómo es la profesión por dentro, lo bueno y lo menos bueno, porque ni se lo cuentan ni lo quieren asumir.
– ¿Qué es lo menos bueno de la profesión?
– No obtener tanto contacto con la familia como te gustaría.
– ¿Y lo mejor?
– Poder contarles cosas a los demás. Esa labor, que conecta mucho con lo que estamos haciendo en la facultad (comunicar, contar, divulgar), es por lo que yo me hice periodista: contar las historias protagonizadas por otros. Tan sencillo y tan bueno como eso.
«Lo mejor del periodismo es poder contarles cosas a los demás. Comunicar, contar, divulgar. Es por lo que yo me hice periodista»
– ¿Qué tal vienen las nuevas hordas periodísticas?
– Algunos están muy preparados, más de lo que la gente cree. Son los periodistas millenial, nacidos a mediados de los noventa…
– Sería la Generación Z.
– Sí, es más la Generación Z, pero yo les llamo los millenial porque, si no tienen el teléfono móvil al lado o el ordenador abierto en clase, parece que no funcionan. En algunos aspectos están más preparados que nosotros; en otros no. De igual forma que le pasa a toda la juventud; los que somos padres vemos que, hoy en día, la juventud no tiene ese tipo de escala de valores que teníamos nosotros.
«Algunos millenial vienen muy preparados, pero no tienen la escala de valores que teníamos los mayores»
No es una charla de moralidad, sino de espíritu de sacrificio, de sembrar porque algún día podrás recoger… Es todo muy cortoplacista, muy hedonista, “aquí y ahora, y en el momento; si no me da placer inmediato no lo quiero; si n o me da rédito inmediato no me sirve…”. Ese rechazo en esa zona de confort en la que se mueven muchos porque dicen “si no me sale bien en esta carrera, elijo otra”… hombre, otros tuvimos que pagarnos la carrera, o tener una beca, o rechazar unas prácticas en un medio importante porque trabajábamos en otro sitio y no eran compatibles en horario. Al final, cada circunstancia marca al individuo y, por tanto, marca al profesional.
– Además, este curro de profesor te vendrá de lujo para, entre otras cosas, reclutar futuros compañeros e incluso oyentes de radio.
– Si te digo la verdad, yo les pongo ejemplos de todos los medios (LaSexta, Antena 3, Cuatro, Telecinco, TVE), reportajes de televisiones internacionales… Soy muy anglosajón en mis fuentes de influencia. Mis clásicos son las retransmisiones deportivas del mundo anglosajón; por eso escuchas “bienvenidos a su casa”, “solo puede quedar uno”… esos claims, que llaman los americanos, que son más del tipo publicitario o divulgativo que del tipo exclusivamente periodístico. Es mi manera de entender un gran evento como lo que es: algo único. Evidentemente, hay chavales que entroncan con esa manera de verlo.
«Mis clásicos son las retransmisiones deportivas del mundo anglosajón; por eso escuchas “bienvenidos a su casa”, “solo puede quedar uno”… esos claims, que llaman los americanos»
Cuando veo los videojuegos y la que se está montando con las ligas virtuales, alucino. Es un poco lo que hacíamos nosotros para intentar practicar cosas que no nos dejaban practicar en los grandes medios porque no teníamos experiencia y, al final, la pescadilla se muerde la cola porque, como no adquieres experiencia, tampoco tienes oportunidad de poder cogerla y nunca acabas de funcionar. Ellos tienen la suerte, y la ventaja, de utilizar un teléfono móvil para poder grabarse, crear sus propios contenidos en un canal de YouTube, montar sus medios digitales… Al final, ellos tienen muchos más medios a su alcance, quizás les falta eso: imaginación e inventiva. El origen de LaSexta: no teníamos tantos medios al principio y había que suplir la falta de recursos con talento, trabajo y mucha inventiva.
Hay algunos a los que, sobre todo, les hablo de los medios en general, del medio, de la radio: que no se pierda la radio. Gracias a los podcasts, afortunadamente, es un sitio donde se puede guardar la esencia de la profesión. La radio es un medio tan cercano, tan maravilloso, que entronca (siendo el más clásico de todos) con la nueva forma de consumir medios de comunicación: haciendo otra cosa al mismo tiempo. Por eso, cuando en los partidos de LaSexta hablaba de “arranca el partido” o “final de la primera parte”, aunque había gente que lo veía, me dirigía a los que no lo habían visto y lo estaban escuchando, o a los que lo veían sin volumen y por eso poníamos los rótulos.
Hay que pensar en las formas de consumir el evento, la información y el producto. La radio entronca con esta nueva forma de consumir todo por parte de la juventud, de estas generaciones a las que me dirijo en clase: con el móvil y al mismo tiempo en Twitter, Instagram, Facebook, mandando un correo, con los cascos puestos… Y al mismo tiempo puedes escuchar el podcast que te gusta y, mientras estudias, hacer otra cosa; yo estudiaba así: estudiaba viendo Roland Garros en los exámenes de junio.


























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