¿Se imaginan que su ídolo deportivo es alguien a quien nunca han visto jugar?
Nací en 1980 y aunque fui primogénito pronto me vi en el seno de una familia numerosa, a menudo la televisión tenía que ser salomónicamente racionada entre los hermanos por nuestra madre, y eso supuso que mi primera tanda de ídolos lo fuesen sólo desde las letras. Jugadores a los que apenas había visto en jugadas destacadas, o algún partido suelto… con mucha suerte.

Mi primer jugador favorito, Magic Johnson, me llegó por vía paterna. La impresión cuando comencé a verle jugar fue de confirmación, pero lo cierto es que he disfrutado infinitamente más de Magic una vez ya se había retirado. Imitar su manera de pasar, al contraataque, sin mirar, hacia atrás, sobre la cabeza, o a un brazo, lanzando el balón muy hacia delante; fue mi obsesión de infancia. Jugar como él para mí era premium, sus entradas a canastas anotando tras bajar el balón hasta la cintura me marcaron especialmente; uno de los primeros gestos técnicos complejos que traté de imitar. Primero fui fan de Magic, luego de los Lakers, su equipación fue la primera ropa de un club deportivo que recuerdo. También terminó siendo mi primer ídolo caído, y no del pedestal en el que lo coloqué, sino del deporte, como si hasta su adiós, pensase que aquellas estrellas jugarían eternamente para mí.

Ya he hablado del Joventut y de Villacampa, un jugador al que elegí como ídolo porque ¡me gustaba su apellido!. Como en el caso de Magic, verle jugar enclavó mi idolatría. Durante mucho tiempo, consideré su tiro y su manera de finalizar contraataques a una mano, las maniobras más elegantes del baloncesto. Era un jugador competitivo, que no eludía su trabajo en defensa y tenía esa capacidad de dar espectáculo en momentos determinados de partido que hace son de las que hacen afición, terminaba muchas veces los contraataques en mate, algo que entonces no era nada común entre los jugadores nacionales.

Básicamente me encantaban los jugadores que firmaban grandes números, sobre manera los anotadores, cuando eran completos en otros rangos. Hakeem Olajuwon lo hizo tanto por esos números magníficos, como por sus movimientos. Mientras los demás chicos eran de mi altura o poco más altos que yo, la manera de postear de Olajuwon conquistó mi imaginación. Cuando te llevas los movimientos de tus jugadores favoritos al campo, te das cuenta de que algunos no son nada sencillos de realizar, sin embargo con Hakeem la sensación era de que aquellos giros eran imparables, si no habías dejado a tu rival atrás, simplemente tenías que girar de nuevo hacia el lado contrario, su juego era todo clase, pero puro instinto, reactivo. Y luego estaba su defensa, anticipar la línea de pase defendiendo desde atrás, por delante e ir al tapón, la jugada que más me gustaba, con la mente del defensor doblegando la del atacante que en realidad tiene siempre ventaja.

Hace poco, al hilo de una publicación en Twitter, traté de recordar cuál era el primer partido de baloncesto que vi en mi vida. No podría dar una respuesta correcta, simplemente no lo recuerdo…sin embargo, el primer recuerdo vivo de la NBA que tengo es de un partido de los Suns en el que me llamó la atención particularmente Kevin Johnson; y su clásico movimiento de parada y tiro. Sobre aquel movimiento se podía construir todo un repertorio ofensivo. Era un ABC que se complementaba con los cambios de ritmo, el crossover o el step back. Un bote de aquellos que parece que no se le van a escapar nunca y un tiro en suspensión automático. Con los años descubrí que además tenía unos muelles sensacionales, pero eso no alimentó mi fanatismo en un principio. Su uso de la velocidad, fue para mí otro fundamento. Su valentía al entrar a canasta ante jugadores mucho más grandes, hizo el resto.

Había otros nombres, Dominique Wilkins (y esas preciosas camisetas de los Hawks), David Robinson, Charles Barkley, Karl Malone, Clyde Drexler… para mí eran la élite. Un paso por detrás, y a los que consideraba mis favoritos, sin ser para mí estrellas, estaban el joven Reggie Miller, el completísimo Lafayette Lever, Alvin Robertson (su nombre se parecía demasiado al mío como para dejarle solo…), Xavier McDaniel (que tenía el mejor nombre y los mejores músculos de la liga), Mitch Richmond (mi favorito del Run TMC), Manute Bol (el elemento más excéntrico de la liga), Brad Daugherty o Sharunas Marcioulionis y Detlef Schrempf, los primeros europeos en hacer muy bien en la NBA (y dos super clase). Muchas veces no eran los mejores de cada equipo los que me llamaban la atención, a veces era esa segunda espada, o ese jugador que salía desde el banco, y que pese a eso era capaz de aprovechar su tiempo, otras simplemente aquel jugador que era capaz de hacerse destacar, porque siempre vi éste deporte como el deporte colectivo en el que la individualidad es más premiada.
Quien no aparece porque nunca estuvo entre mis favoritos es el jugador más relevante de la NBA en mis primeros contactos con ella, Michael Jordan… No, nunca fue santo de mi devoción, todo su entorno me parecía rechazable, favorecido, y sobre todo, era quien gustaba a los que nunca habían hecho caso al baloncesto. Podríamos decir que Jordan, Pippen o Ewing eran algunos de mis enemigos; jugadores a los que disfruté ya con la madurez, cuando aprendí a ver el basket desde otra perspectiva. En segundo plano entre los que no estaban entre mis favoritos estaban los Isiah Thomas, Larry Bird etc que rivalizaban directamente con mis Lakers, digamos que éstos no me caían tan mal.
En casa, la ACB era una liga que me llamaba algo menos, estaba orgulloso de ella, y me gustaba que sus equipos ganasen, pero no dejaba de verla casi como si fuese otro deporte. Aquí destacaban claramente los americanos, y salvo Nacho Suárez, Manuel Aller o Manel Sánchez, apenas encontraba referentes nacionales. Las parejas clásicas de americanos sí dejaron algo de huella en mí, y así han quedado en mi recuerdo Brian Jackson y Granger Hall (a los que pude ver en TV y no me defraudaron), Lockhart y Kopicki (sólo le vi regularmente en el Joventut, jugando fatal…), Arlauckas y Michaeux, Mike y Ray Smith (De Irlanda a Málaga al mismo tiempo), y alguno más que se quedará en el recuerdo.
La TV poco a poco fue añadiendo contenido relacionado con el basket. Esos primeros años, los nombres salían de entre una penumbra que poco a poco dio paso a la luz de lo que fue el basket en los 90. Pero eso es otra historia.























