El Sevilla deja agonizando a la Fiorentina tras vencer 3-0 en un partido dominado por la intensidad y el orden nervionense, y que deja la final de Varsovia muy cerca para los españoles
Hace un año, el Sevilla perdía 3-0 en Mestalla en la vuelta de semifinales del mismo torneo tras un partido nefasto en Valencia y quedaba en ese momento, apeado de la UEFA Europa League. Una desgracia similar debería ocurrir en Florencia la semana que viene, para que los italianos provocasen la prórroga ante un equipo que hoy ha demostrado ser muchísimo más fuerte que aquel que ya ganó su tercera Copa de la UEFA.
Hoy Emery, y su equipo han sido tremendamente superiores a la Fiorentina en casi todas las facetas del juego. El partido parecía un trámite para los sevillistas. Partido muy parecido a la eliminatoria de octavos que disputaron ante el Villarreal, donde el equipo de Marcelino jugaba y el Sevilla esperaba su oportunidad, como hoy los de Montella, que con defensa de cuatro apareció en el Pizjuán con la intención de llevar la iniciativa del partido, situación en la que el Sevilla se encuentra comodísimo desde que es comandado por Emery. El vasco arriesgó con un extremo de lateral y seguramente jamás hubiese imaginado que le saldría a la más absoluta perfección. El partido fue trepidante desde el minuto uno al 90. No hubo pausa, ni tiempo para parpadear. A los 3 minutos ya había fallado Mario Gómez una oportunidad clarísima tras pase de Joaquín para avisar a Sergio Rico de que no tendría una noche fácil. El joven portero del Sevilla no la tuvo, pero se creció, se hizo inmenso y tapó lo que le llegó con una solvencia nada propia del contexto en el que se jugaba. Entre intervenciones, el Sevilla defendía bien los intentos de Joaquín y la movilidad de Salah y Mati Fernández arriba, que normalmente acababan en nada, para salir con velocidad a la contra y asestar golpes definitivos a los violas.
Los de Nervión, con la idea de partido clara trenzaron una jugada maravillosa, en la que Trémoulinas y Aleix Vidal comenzaron a confeccionar una noche memorable en cada uno de sus costados. El francés fabricó la contra, que por medio de Bacca llegó para el catalán a banda derecha, donde completamente solo remató con un disparo seco a la red de Neto, que ni se movió. Minuto 17 de la primera parte y el partido comenzaba de cine para los locales. En la primera parte, Borja Valero trataba de aparecer siempre pero su partido no fue el mejor. Terminó desquiciado y protestando cada acción, y desbordado ante la intensidad y el orden del Sevilla atrás. Krychowiak se multiplicó y Banega, Vitolo y Reyes camparon a sus anchas por el verde de Nervión. El Sevilla es generoso, el compañerismo en el campo es la mayor virtud de un equipo que pelea por igual desde el portero al punta, y que sabe a lo que juega y a lo que se atiene, sobre todo en ‘su competición’.
La segunda parte empezó de nuevo con una Fioretina empujando a los nervionenses atrás, y con un cambio de cromos en el lateral derecho donde entró Micah Richards por Tomovic. Pero a los violas les duró poco el dominio, el partido se acabó en el 51, cuando Aleix Vidal engañó a Neto amagando un centro, y posando el balón en la red para el 2-0. La grada se vino arriba, el equipo primó a los suyos, y la Fiorentina se fue del partido y decidió morir demasiado pronto. Los minutos siguientes al gol fueron de dominio total y absoluto de los de Emery. Llegó un vendaval que arrasaba por cualquier grieta de los italianos, que en ese momento eran muchas. Aleix encontró un autopista desde el inicio, la cual no tuvo fin. Marcos Alonso no supo frenarlo, y Joaquín no daba abasto. Montella se bloqueó, no supo reaccionar, y el Sevilla se gustó hasta que Gameiro en el 70 puso el 3-0 en el primer balón que tocaba tras entrar al campo por Bacca. La fiesta más absoluta y el rival en la lona. Totalmente muerto y rendido, el conjunto toscano no veía el momento de bajar a vestuarios y pensar en el derbi ante el Empoli. Aquello podía acabar en masacre y estaban aturdidos por la atmósfera, el planteamiento y el físico sevillista. Seguro que en la capital andaluza jamás pensaron que sería tan fácil conseguir este resultado tan abultado ante un equipo con tan buen trato de balón, pero a la hora de la verdad, el que suele asestar los golpes definitivos es el Sevilla de Unai Emery, que tras noquear de gravedad a su rival, tiene un pie en la final de Varsovia. Ahora queda el otro medio, y 90 minutos por delante.


























