Los blancos completan el mejor año de su historia con la victoria en el Mundial de Clubes
Superaron sin problemas a San Lorenzo en una final totalmente dominada por los hombres de Ancelotti
Los goles corrieron a cargo de Sergio Ramos y Gareth Bale, otra vez decisivos
Del Madrid de los galácticos al Madrid celestial. Ha pasado una década y aquel espectacular equipo ha encontrado continuidad en el tremendo bloque formado por Casillas, Marcelo (Coentrao), Ramos, Pepe, Carvajal, Kroos, James, Isco, Bale, Benzema y Cristiano. Un once de ensueño, que se recita de memoria y al que solo le falta levitar sobre los campos. Todo se andará. De momento es campeón del mundo y lleva 22 victorias consecutivas, a solo dos del récord Guiness del Coritiba. Si el dicho dice que «de Madrid al cielo», porque como en la capital no se está en ningún sitio, el Real Madrid lo ha adaptado al mundo del fútbol. Como este equipo, que ya es el mejor del mundo a todos los efectos y está tocando el cielo futbolístico, ninguno.
De aquel Madrid que ganó la Copa Intercontinental en 2002 con los Hierro, Figo, Zidane, Raúl y Ronaldo, más Vicente del Bosque en el banquillo, se ha pasado a este bloque imbatible entrenado por Carlo Ancelotti e integrado por los Ramos, Kroos, Bale, Benzema y Cristiano. Dos equipos, dos épocas y dos estilos no tan diferentes entre sí que encuentran un nexo en común en la presencia de Iker Casillas bajo los palos. El capitán, un emblema para muchos madridistas, levantó su cuarto título del año tras alzar la Copa del Rey, la Décima y la Supercopa de Europa, como antes levantó Ligas, Copas, Supercopas nacionales y europeas, un Mundial y dos Eurocopas que le consagran como el primer capitán que lo consigue en la historia. No podía faltar él en otra estampa triunfal de un Madrid histórico. Casillas celebró así, de la mejor manera posible, su partido 700 como madridista.
El equipo de Dios ganó al equipo del Papa. Ni con la fe de Su Santidad resulta suficiente para vencer a este inconmensurable Real Madrid que se ha abrazado a una imparable dinámica ganadora. San Lorenzo nunca puso en aprietos a los blancos, que superaron el envite con dos zarpazos, uno en cada tiempo. No les hizo falta más. Fue un partido perfecto, solo ensombrecido por la lesión de Marcelo antes del descanso y la falta de gol de Cristiano Ronaldo. Pero no los echaron de menos, como tampoco están echando en falta al lesionado Modric. No deja de sorprender que el crack portugués se quedara sin marcar en este Mundialito, aunque eso no le debería impedir levantar en enero su tercer Balón de Oro. Ni con eso se conforma este sabueso del gol que, después de ganarlo todo con Manchester United y Madrid, todavía lucía una muesca de inconformidad. Así son los ganadores.
Para ganador, Sergio Ramos, otra vez decisivo en una gran cita. Volvió a abrir el camino con un testarazo marca de la casa. Encarriló el triunfo blanco, volvió a ser un valladar atrás y su excelso rendimiento se vio recompensado con el nombramiento como MVP de la final y también recibió el Balón de Oro del Mundial de Clubes, un hito tratándose de un defensa y que solo está al alcance de elegidos como Blind y Kuffour. Como elegido también es Carlo Ancelotti que, con su estilo tranquilo y su apuesta por los mejores, se consagra como un señor de las finales habiendo ganado 14 de las 19 que han disputado sus equipos. No hay récord que se le resista a este Madrid superlativo liderado por un entrenador italiano que ha demostrado tener todas las condiciones requeridas para gestionar grandes plantillas.
Mesías Ramos
Siguiendo los cánones místicos que rodean al equipo blanco, Ancelotti volvió a apostar por sus once discípulos habituales, esto es, el once que goleó sin paliativos al Cruz Azul con la única novedad de James Rodríguez, recuperado de las molestias que le trajeron a mal traer hasta esta final. El colombiano entró por Illarramendi para que el equipo ganase en calidad, llegada y fluidez en el juego, aunque el cerrojo de San Lorenzo dificultó los movimientos con y sin balón de James.
Estaban jugando los de siempre y el partido empezó como siempre, con una ocasión del Madrid que a punto estuvieron de convertir entre Cristiano, ansioso por dejar su impronta goleadora en el único torneo que le quedaba por ganar entre todos los que ha disputado con la camiseta del Real Madrid (Champions, Liga, Copa del Rey más las Supercopas de España y Europa), y Benzema, que no pudo embocar.
Resultó una primera parte poco fluida, con juego excesivamente parado y poco virtuoso, favorable para los intereses de San Lorenzo, acostumbrado a vivir replegado en su campo, al barullo y las trincheras. A este Madrid que le gusta dominar los partidos y tratar con mimo el balón, se le atragantan estos equipos cancheros así que el primer tiempo entró en un terreno demasiado espeso con muy pocas intervenciones de James e Isco, los jugones blancos.
Pero ante estos conjuntos rocosos, tipo el Atlético de Madrid, el Madrid se suele aferrar a su Mesías sevillano, Sergio Ramos. El faraón de Camas volvió a aparecer para desatascar una cita clave, como ya apareció en Múnich en el partido de vuelta de la semifinal de la Champions contra el Bayern Múnich (marcó dos goles), como en la final de Lisboa (empató en el 93) y como hace unos días en la semifinal de este mismo Mundial de Clubes contra el Cruz Azul mexicano; siempre para abrir la lata, por cierto. Y otra vez de cabeza, y otra vez a balón parado aprovechando un preciso envío del ingeniero Kroos a la salida de un córner. Es el primer defensa español que marca en una final de Copa Intercontinental o Mundial de Clubes. Su celebración, señalándose el dorsal a lo Raúl, confirmaba el componente histórico de otro tanto fundamental. Fue el undécimo gol de Ramos en 2014, el mejor año de su carrera. Entre tanta condecoración solo hubo una nota negativa, la lesión de Marcelo, que tuvo que dejar su sitio a Coentrao.
Bale, siempre puntual a su cita con el gol
Con el partido encarrilado gracias al gol de Ramos y vista la nula propuesta futbolística de San Lorenzo, el panorama se presentaba muy alentador para los intereses madridistas. La reacción del conjunto argentino ni estaba ni se la esperaba y eso ante un equipo tan excelso como este Real Madrid es un pecado mortal. Y el encargado de purgar este pecado fue Gareth Bale, otro hombre acostumbrado a marcar en finales y que tampoco faltó a la cita en Marrakech. Cierto que tiene mucho que agradecerle a su compañero Isco por servirle una asistencia sublime y al portero rival, Torrico, al que se le escurrió el balón como si fuera una rana. El caso es que ahí estuvo otra vez el galés. Como en Valencia en la final de la Copa contra el Barça y como en Lisboa en la final de la Champions League contra el Atlético de Madrid, donde marcó el segundo gol blanco. Ahí quedó sentenciada la final.
Ya con dos goles de ventaja, el Madrid se pudo dedicar a disfrutar de la renta adquirida y a servirle balones en bandeja a Cristiano Ronaldo para que pudiera estrenarse en el torneo. A los argentinos, mientras tanto, solo les quedaba aferrarse a la dignidad y al mítico Romagnoli, que entró en el segundo tiempo para intentar poner algo de sentido común al juego de San Lorenzo. Barrientos y Kalinski se arrancaron con un par de disparos de media distancia que fueron bien respondidos por Casillas, al que le vinieron bien estos dos lances para entretenerse y sacudirse un poco el marasmo que tenía por la falta de trabajo. Como no solo de Cristiano vive la BBC, Benzema y Bale también tuvieron sus oportunidades, pero el galés se encontró con el larguero para repetir su envenenado centro-chut y el francés se encontró con la camiseta hecha jirones después del agarrón que le hicieron en su escarceo a bocajarro. Son imágenes que forman parte del álbum histórico de una cita que ya se encuentra en la antología triunfal de un Real Madrid elevado a los altares futbolísticos.

























