El Barcelona va a tener pesadillas cada vez que se le mencione Anoeta, y con toda la razón del mundo. Cayó en la 2010-2011 por la necesidad del equipo txuri urdin, la temporada siguiente se llevó sólo un empate por puro entusiasmo realista, la calidad y la historia inclinaron la balanza en la 2012-2013 y la pura calidad técnica y estratégica decidió la pasada campaña. Y hoy ha sido el corazón. Porque la Real se está empeñando en ser un equipo contradictorio a más no poder, y cuando se le ve muerto acaba resucitando a lo grande. Se duda con razón de su estado físico, y entonces supera a todo un Barcelona minimizado por Luis Enrique dejando en la suplencia a Messi y Neymar. Suma tres victorias contra los tres primeros clasificados de la Liga, cuando no ha sido capaz de ganar a los equipos de la tabla baja. Y sus ausencias se multiplican en defensa, pero consigue así que su portería se quede a cero. El corazón de la Real ha ganado tres puntos. Y esa es la pesadilla del Barcelona, que ha perdido ya de todas las formas posibles en Anoeta.
La apuesta de Moyes fue la de fortificar el centro del campo, pero no precisamente con jugadores que destaquen por la carga de trabajo que aportan. Es verdad que la línea de mediapuntas que alineo es la más coherente posible, con Chory Castro en la izquierda, Xabi Prieto en la derecha y Canales en el centro, pero el aspecto físico del que tanto se ha hablado esta semana, incluso el propio técnico en rueda de prensa, no jugaba a su favor. La respuesta fue de campeonato. Y tampoco suele ser positivo colocar a Vela en punta, una posición en la que no saca lo mejor de su fútbol a nivel personal y que en lo colectivo priva a la Real de su mejor baza desde la segunda línea ofensiva. Y ahí sí se notó, aunque quizá fuera una medida de precaución por su estado físico. El primer análisis, de todos modos, se esfumó al marcar la Real en el minuto 2. Un córner botado en corto dio paso a un centro de Canales que encontró el inesperado remate de Jordi Alba contra su propia puerta para dejar a Bravo con el molde y viendo a sus ex compañeros celebrar el gol.
Si en defensa los agobios de la Real eran mucho más por la posición de la pelota en zonas cercanas al área de Rulli y a la aplastante posesión blaugrana, en ataque el partido de la Real fue terrible, sobre todo en la primera mitad. Incapaz de dar dos pases, no hubo nadie que pudiera conectar con los atacantes. Ni Markel o Granero desde el centro del campo, ni Rulli o Iñigo con sus balones largos, ni mucho menos De la Bella o Carlos Martínez desde los laterales. Aún así, Chory Castro y Canales fueron capaces de aguantar algún balón y, al menos ganar unos preciosos segundos en los que el agobio no fuera tan grande. Y aunque el fútbol ofensivo brillara totalmente por su ausencia, a la Real le dio para tener una enorme ocasión de gol. Canales destrozó con una finta a Montoya, dentro del área, y su posterior disparo lo tuvo que despejar Bravo a córner. Vela estaba pidiendo el balón en posición de ariete, pero Canales optó por jugársela. El Barça sólo pudo marcar con un disparo lejano de Pedro que, tras rebotar en un defensa, sacó Rulli como pudo.
Como el fútbol dejó paso a la brega y el corazón, quien cogió protagonismo fue Del Cerro Grande, otro de esos árbitros de ínfima categoría que viene demostrando esa condición con la Real desde su paso por Segunda División. Dejó sin señalar un penalti de Jordi Alba sobre Xabi Prieto cuando este buscaba un centro desde la banda izquierda, se inventó una tarjeta amarilla a Iñigo Martínez por una mano que ni siquiera él mismo vio y que tardó mucho tiempo en pitar se supone que por indicación de un todavía más equivocado asistente, y mostró tarjeta amarilla a Vela por una caída en el centro del campo, exagerada y ficticia ante Mascherano pero como resultado de un forcejeo previo ante Busquets. La Real no suele tener ese beneficio de tener amonestados a los jugadores más destacados de su rival, además se seguir siendo un equipo que, ya en enero, aún no ha tenido un penalti a favor. Como es tendencia y desde hace bastantes años (no hay que olvidar que la Real que subió a Primera, campeona de Segunda y máxima goleadora de aquella Liga, no vio un penalti hasta la jornada 38), es como para pensar algo raro.
Al menos la Real tuvo la suerte de que Del Cerro Grande no sucumbió a la tentación de pitar un penalti por mano de Iñigo Martínez que no era en realidad infracción, puesto que el balón procedía de un rebote en Ansotegi, pero viendo las faltas que pitaba hacia uno y otro lado casi parece una casualidad. En la segunda parte acabó mostrando una amarilla a Granero por protestar (lo que habría sido la segunda amarilla a Mathieu por enganchar a Chory Castro en una contra), exageradísima a todas luces y con un gran coste para la Real, porque ni él ni Markel Bergara podrán estar la próxima jornada por acumulación de amonestaciones. Aún así, lo mejor es que las tarjetas amarillas no frenaron el ímpetu de la Real y su corazón latió todavía con más fuerza en la segunda mitad. La demostración física y emocional de ese segundo acto fue sobresaliente y espectacular, y sobre todo una reivindicación en toda regla de la Real como equipo y de algunos de sus jugadores particularmente, como Canales, Chory Castro o un Granero que hizo una segunda parte descomunal. Si Moyes quería intensidad, lo de hoy ha sido un ejercicio brutalmente satisfactorio.
Si en la primera parte la Real sufrió, lo de la segunda ya no tuvo nombre, pero en realidad sin sufrir demasiados disparos a puerta. Luis Enrique metió primero a Messi en el descanso, y a Neymar diez minutos después.
El gol del Barcelona se palpaba más por la posesión de la pelota, que en la segunda mitad sí cruzó el área de Rulli con mucha asiduidad, que por la claridad de las ocasiones, pero alguna sí hubo. Rulli solventó todo el nerviosismo que había mostrado en la primera mitad de un auténtico plumazo y se convirtió en el salvador, sobre todo con un mano a mano que le sacó a Luis Suárez con una categoría superlativa. Luego le sacó también otro cabezazo a bocajarro, aunque esa jugada estaba invalidada por fuera de juego del uruguayo. Pero con esas dos intervenciones y sus buenas salidas por alto y por bajo aportó muchísimo a la tranquilidad del equipo, que se pudo dedicar a lo suyo sin temblar. No tembló Ansotegi, no lo hizo un Iñigo que le sacó a Messi su carrera más clara, quizá algo más De la Bella, que fue el que más exhausto pareció en defensa en el tramo final del encuentro, el que siempre aprovecha Markel para convertirse en un perro de presa y que incluso acabó viendo una tarjeta amarilla más que merecida tras tres faltas duras a Neymar dos y a Messi la última.
El movimiento de Moyes desde el banquillo fue retirar a un Chory Castro absolutamente vacío, ovacionado por Anoeta por su descomunal esfuerzo, hoy brillante en todos los aspectos para recuperar al delantero centro. Finnbogason apareció en el campo y no mejoró las sensaciones precedentes, aunque provocara el aplauso unánime de la grada por una patada a Jordi Alba para frenar el ataque del Barcelona con Vela en el suelo. El mexicano fue, de hecho, el segundo cambio, ya en los instantes finales del partido y ya para perder tiempo, completamente agotado también y sin haber podido contribuir con su magia al juego de la Real. Y ya en el descuento, cuando Anoeta saboreaba el triunfo, un gran Canales dejó su puesto a Hervías. Sólo quedó tiempo para que Neymar demostrara o bien su desconocimiento del reglamento o bien su poca inteligencia al arrebatarle a Rulli el balón en su movimiento de saque cuando eso es algo que es falta y tarjeta amarilla, como acertó Del Cerro Grande a señalar. El final llegó y Anoeta, ese campo en el que el Barcelona no gana desde 2007, estalló de júbilo.

























