El argentino aparece en el segundo tiempo para sentenciar la victoria tras un complicado partido. Marcelino tendió una trampa que a punto estuvo de salirle bien a su equipo. Gran partido del Villarreal, que se adelantó dos veces en el marcador.
No hace falta poner paños calientes. Ya se puede afirmar con todas las de la ley que el Barcelona es el equipo de Messi. Con todos ustedes, el Fútbol Club Messi. No diremos que el argentino juega solo pues no sería justo con un bloque en el que ya brillan con luz propia diamantes como Rafinha Alcántara. Pero Lionel Messi siempre termina apareciendo cuando más falta hace. Su sola presencia intimida y sus movimientos con y sin balón obligan a extremar la vigilancia a cualquier rival. Y cuando estaba aguantando estoicamente el Villarreal, volvió a aparecer Leo en su hábitat natural por el centro del ataque para enviar a la red con su pierna mala, la derecha (que tenerla la tiene, aunque no lo parezca) otro de sus pases magistrales. No todos pueden presumir de tal ubicuidad goleadora y semejante capacidad para sentenciar partidos. Hablamos, sencillamente, de un cuádruple ganador del Balón de Oro, algo más que el heredero de Diego Armando Maradona, para muchos el jugador de todos los tiempos.
No intenten restarle méritos al Villarreal de Marcelino. Es muy complicado sacarle defectos a un equipo tan intenso, tan batallador, tan bien construido. Por algo llevaba 18 partidos sin perder antes de doblar la rodilla ante un gigante como el Barcelona. Tiene mucho mérito adelantarse dos veces en el Camp Nou. Muy bien organizado y con un contragolpe letal, capaz de sacarle los colores continuamente a dos viejos zorros de este negociado como son Dani Alves y Piqué, esas avispas letales que son Cheryshev y Vietto picotearon dos veces obligando al Barcelona a remar a contracorriente y remontar. Finalmente fueron derrotados y no por deméritos propios; simplemente les ganó Messi. Solo su astucia, tesón y su ingente talento para estar siempre situado en el lugar oportuno en el momento adecuado, desnivelaron la balanza. Hasta esa mágica aparición del Mesías argentino, había sido Rafinha el encargado de tirar del carro.
La contundencia, intensidad y buena organización del Villarreal mandó en un primer tiempo de claro color amarillo. Seguridad defensiva garantizada por dos fabulosos marcadores como Musacchio y Víctor Ruiz, más los pulmones incansables de Gio, Cheryshev y Vietto para revolotear por todo el ataque. Despliegue y repliegue. Así de simple. Un estilo eficaz que Marcelino García Toral ha convertido en escuela desde su irrupción en el Sporting en la temporada 2003-04, cuando solo un árbitro le apartó en Ipurua del camino al ascenso. Esa es otra historia triste y demasiado injusta en la que no insistiremos para no empañar el partidazo de su Submarino. Marcelino acaba de cumplir dos años al mando del Villarreal y, después de lograr un ascenso y una clasificación para la Europa League, ya podemos afirmar sin ambages que ha cuadrado perfectamente al equipo a su imagen y semejanza. El resultado es un conjunto atrevido, osado y ordenado capaz de ponerse por delante en el campo del Barcelona con un gol de pillo de Cheryshev, que metió la pierna en el momento exacto para desviar la pelota lejos del alcance de Bravo. Un canterano del Madrid abrió el marcador firmando su cuarto tanto en esta Liga y obligando al Barça a correr riesgos.
Pero si algo ha demostrado el Barcelona de Luis Enrique es que es un conjunto perfectamente capacitado para remar contra una corriente adversa, muy al estilo de lo que le ocurría al asturiano en su etapa de jugador. Al igual que su colega y paisano Marcelino, Lucho está siendo capaz de dotar de su personalidad al equipo, algo que solo está al alcance de los elegidos de los banquillos. El Barça actual es un conjunto directo, impaciente, veloz y competitivo. No le pierden la cara a los partidos en ningún momento y de esta forma se explica que sean capaces de marcar el empate al filo del descanso coronando un ataque en tromba. Probó suerte Rafinha buscando el palo largo, respondió Asenjo con una gran estirada y el balón quedó muerto para la culminación de Neymar, que ya lleva la bonita cifra de 22 goles en lo que va de curso. Firmó la igualada en un momento clave, justo antes del intermedio, evitando que el paso por vestuarios se convirtiera en una tortura.
Con empate a uno en el luminoso, el decorado tampoco les disgustaba a los visitantes. En el arranque aguantaron el improductivo empuje del Barça, esperando alguna concesión. La hubo y la aprovecharon. A Piqué se le fue el pie en el centro del campo y le regaló el balón a Giovani, que se fue como un tiro hacia la portería de Bravo y cuando llegó hasta allí le dejó el balón a Vietto para que éste volviera a adelantar al Villarreal. Decimoquinto gol del argentino en la presente temporada, obligando al Barcelona a volver a remar. La reacción no se hizo esperar ni dos minutos porque este intervalo sirvió para que Iniesta conectara con Luis Suárez, que tocó lo justo para que el balón le llegara a Rafinha y el ojito derecho de Luis Enrique, ya desde su etapa en el Celta de Vigo, fusilara el empate. Sin tiempo para digerir este tanto, el Villarreal se encontró otra vez con el uruguayo merodeando por el área de castigo y, esta vez ya con toda la intencionalidad del mundo, habilitó a Messi en la frontal para que el argentino controlara y pusiera la pelota en la escuadra, lejos del alcance de Asenjo. Ni el más mínimo despiste se puede permitir una zaga cuando anda cerca el crack argentino, que se rehizo de una actuación hasta entonces gris con un gol en alta definición.
El intercambio pudo seguir si hubiera tenido validez el gol anulado a Víctor Ruiz por fuera de juego y Neymar llega a estar más rápido para definir ante la contundente salida de Asenjo, que obligó a Jonathan dos Santos a sacarla bajo los palos y Suárez, que anda con la pólvora mojada desde que marcó ante el Atlético el pasado 11 de enero, falló de forma incomprensible echándola fuera con toda la portería para él. Gio amenazó después con un disparo al exterior de la red y lo demás ya fue un carrusel de cambios que terminó dejando los tres puntos en la Ciudad Condal. El Barça se mantiene a un punto del Madrid, aunque el líder tendrá la oportunidad de aumentar su renta hasta los cuatro puntos este miércoles. Ocurra lo que ocurra en el partido pendiente de los blancos contra el Sevilla, la obligación blaugrana seguirá siendo ganarlo todo para aspirar al título.


























