Durante esta temporada, y desde que Kobe Bryant anunciara su retirada del baloncesto, en cada pabellón que visitaban y visitan los Lakers se le ha homenajeado con respeto, admiración y, sobre todo, agradecimiento a unos de los mejores jugadores de la historia y que ha sido uno de los protagonistas en los no muchos años que llevamos de siglo XXI. El All-Star fue un tributo constante durante todo el fin de semana y a la espera de la gran despedida que se viene en el Staples Center de Los Angeles. Pero por desgracia se no están yendo varios más. Y desde aquí un pequeño homenaje a una generación que ha dado mucho.

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A Tim Duncan no le quedan muchos años como profesional. Y es, sin duda, una leyenda viva. Su llegada a los San Antonio Spurs cambió la historia de la franquicia. Una franquicia hasta entonces perdedora. Lo demás es de sobra conocido. Sus anillos y sus logros personales solo hacen mas que confirmarlo. El jugador más grande de la historia con menos carisma y popularidad. Nunca le importó eso. Su matrimonio con Greg Popovich junto con Tony Parker y Manu Ginobili es historia de este deporte. Y todavía siguen dando guerra. No se cuando pondrá fin a su carrera pero ese día llorará el parqué del AT&T y el tiro a tabla tendrá un jugador menos.
Kevin Garnett sí que tuvo que emigrar de franquicia y de estado para conseguir su sueño. Despues de lograr premios individuales con Minnesota veía que el equipo no podía, año tras año, ir más allá de la final de conferencia. Dejó su querida Minneapolis y aterrizó en una ciudad como Boston, hambrienta de éxito. Una franquicia que no conocía lo que era ganar un anillo desde finales de los 80 y que en la década de los 90 sufrió los peores años de su historia. Pero en la era Paul Pierce tampoco conseguían el ansiado anillo. Hasta que el verano de 2007 cambió todo. Llegó Garnett con Ray Allen de la mano y formaron un big three, junto con Pierce, de ensueño que no tardó ni un año en conseguir el 17º título de los de Massachusetts. Con Garnett llegó la intensidad en su máxima expresión, la competitividad, el Ubuntu y el «everything is possible» ¡Y volvió el Pride! Ahora, en su vuelta a los Wolves, es más un mentor que un jugador que pueda dar un buen rendimiento. Se fue su amigo Flip Saunders antes de que él se fuera de las canchas pero Garnett siempre le tendrá en su recuerdo. Garnett no olvida a los que le han ayudado en su vida.

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Han pasado muchos jugadores europeos que han ayudado a que se mire desde Estados Unidos de otra manera al baloncesto del otro lado del charco. Petrovic, Divac, Sabonis, Kukoc, y otros como Stojakovic o Schrempf. Pau Gasol y Tony Parker son la confirmación en estos últimos tiempos de esta evolución. Pero Dirk Nowitzki ha alcanzado el cielo. El alemán ha ganado lo que era impensable hace decadas, ser el MVP de la temporada regular, es decir, ser el mejor jugador de toda la liga. Se dice pronto. Ningún europeo ha estado ni cerca de ganarlo. Es la bandera, la imagen de los Dallas Mavericks desde hace mucho tiempo. Tiene el tiro mas difícil de defender desde el «sky hook» de Kareem Abdul-Jabbar y lo que le vimos hacer en las Finales de 2011 ante Miami Heat no se puede explicar con palabras. Aún le queda baloncesto pero será entre dificil y extraño para los aficionados de Dallas no ver en un futuro a Nowitzki sobre el parqué del American Airlines Center aunque ya ha hecho como suya la ciudad y, seguramente, no solamente colgará su «41» del techo.

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En el año 2000 estuvimos a punto de quedarnos sin uno de los jugadores que han marcado la primera década de este siglo. Paul Pierce se salvó después de recibir numerosas puñaladas a la salida de un bar que dejó impactado a el país y sobre todo, a una ciudad como Boston que ya había sufrido las tragedias de Len Bias y Reggie Lewis durante los años 90. El de Inglewood ha sido el capitán en los malos momentos de la franquicia donde ha tenido compañeros de todo tipo, ha visto como llegaban nuevos propietarios como Wyc Grousbeck & cía y se volvían a hacer las cosas bien y, sobre todo, ha podido vivir los mejores momentos después de mucho tiempo. El año 2008 será recordado por él por ser el único anillo que ha conseguido. Ademas de ser el MVP de las Finales. El californiano, seguidor de los Lakers en su infancia, se ha convertido en una leyenda en el máximo rival histórico del equipo de púrpura y oro y parece que fue ayer cuando se despedía de los Celtics (¡¿quien hubiera imaginado que no terminaría su carrera allí!?) y emprendía su nuevo viaje en busca de otro anillo que todavía espera. The Truth, como así le apodan, ha sido el gran rival de LeBron James. Sus caminos se han cruzado en varias ocasiones dejándonos jugadas, partidos y series para recordar. Pierce nunca se entendería sin Boston y en Boston nunca se olvidarán de Pierce.

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Si hay un nombre que pueda asociarse y ser culpable del crecimiento de una franquicia como los Toronto Raptors es Vince Carter. Es sin duda, el mayor salto que ha dado la franquicia canadiense hasta entonces. Una ciudad que respiraba solamente hockey hielo y los Maple Leafs eran el símbolo de la ciudad. Carter puso a Toronto en el mapa y en el mercado. Máquina de vender camisetas y dejarnos uno de los mejores concursos de mates de siempre junto a su primo Tracy McGrady. Pero era mucho más que un gran atleta. Uno de los mejores anotadores de su generación y un jugador, que a diferencia de muchas estrellas que se apagan y se pierden en su ego y su incapacidad para estar en un segundo plano, él ha sabido seguir siendo un jugador muy aprovechable, cambiando su modo de juego. No se podía ir sin el homenaje, mucho tiempo después, de la franquicia canadiense que tras muchos año siendo objeto de abucheos tras su mala salida supo estar a la altura y supieron reconocerle todo lo que dio a este deporte y a esa ciudad. Tus lágrimas ese día reflejaban todo, Vince.
Después de Reggie Miller no hubo otro igual hasta que apareció Ray Allen. Tirador en su máxima expresión. Una de las mecánicas más rápidas y bellas que ha podido haber. La irrupción de Stephen Curry no debería infravalorar lo conseguido y realizado por Allen. En Milwaukee, Seattle, Boston y Miami lo saben. Pasó de ser un gran tirador a All-Star, a leyenda. Su último gran recuerdo es aquel triple que forzaba la prórroga cuando los Spurs tenían el Campeonato en su mano. Eso permitió a Miami seguir vivo hasta forzar el séptimo y ganar el anillo. Su segundo. Desde entonces han surgido multiples rumores sobre su vuelta las canchas. Mas humo que otra cosa y parece que no volveremos a ver a «Jesus Shuttlesworth» de puntillas mirando al aro.

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Y otros que se nos han ido ya, como Steve Nash, el arte convertido al baloncesto. Un jugador que superaba su inferioridad fisica con el talento, clase y cabeza privilegiada para entender el juego. Ha hecho millonarios a muchos jugadores que se aprovechaban, inteligentemente, de su capacidad para hacer mejor a los que le rodeaban. Al canadiense le faltó el anillo pero los años de Phoenix Suns fueron una bendición. Una oda al baloncesto.Otro caso totalmente diferente fue el de Allen Iverson. Su ego y su egoísmo lo transformó en ambición y superación. Llevó a un equipo muy «normalito» a unas Finales de la NBA y en ellas nos dejó una de las imágenes de las finales con Tyron Lue como invitado de lujo. Su relación de amor y odio con Mike Brown, sus crossovers o la famosa bolera. Un jugador que no dejó indiferente a nadie.
























