Si alguien hubiera escrito esto mismo en marzo la semana del Gran Premio de Australia pensando en que tendríamos una temporada normal, probablemente le hubieramos tomado por loco. Pero estamos en julio, en Austria y esta no será una temporada normal. Y en esto último está la clave.
La pretemporada nos dejó claro que el Mercedes seguía siendo el coche más competitivo (y seguirá siendo así mínimo hasta 2022 cuando se lleve a cabo el cambio de normativa), sin embargo, el ritmo del piloto neerlandés no era muy distante del de los pilotos de la escudería germana. Dicho esto, lo más lógico era pensar que en una temporada normal con 22 carreras fueran los pilotos de Mercedes (o Hamilton, si se quiere dar un nombre propio) los que se alzaran con el título, puesto que a Red Bull aún le queda un pasito para llegar a ellos y Ferrari ha dado un paso atrás.
Pero como ya todos sabemos, por culpa del coronavirus no estamos ante una temporada normal, y los meses de completo parón en el que los equipos han sufrido penurias económicas (algunos más que otros) y no han podido trabajar todo lo que hubieran querido en los coches por el cierre de las fábricas nos han dejado un panorama desconocido en el que nadie sabe dónde está cada uno. Por eso estamos ante posiblemente la temporada de la era híbrida en la que, por fin, un piloto no Mercedes se haga con el título.
Y ese no sería otro que Max Verstappen. El joven piloto de Red Bull sufrió una gran evolución personal la temporada pasada, demostrando una madurez impropia de lo que venía siendo su personalidad en pista. Sigue siendo ese piloto «agresivo» que mete el coche cuando ve la oportunidad, pero ahora es un piloto más calmado que ha aprendido a calcular mejor esos movimientos y arriesgarse solo cuando es estrictamente necesario.
El nuevo arranque de la competición le beneficia, pues contaremos con dos carreras consecutivas en el Red Bull Ring, que más allá de ser un circuito propiedad del equipo para el que compite, es un trazado que se le da particularmente bien y en el que ha ganado los dos últimos años. A ello se suma que Mercedes sufre más de lo esperado en él, contando incluso con un doble abandono por problemas mecánicos en 2018. Si Verstappen logra un doblete para nada descabellado y los Mercedes se dejan puntos en alguna de las dos carreras, podría tener el campeonato muy bien encaminado. Pero eso no es todo, ya que la siguiente carrera sería en Hungría, circuito en el que el de Hasselt logró su primera pole en Fórmula 1 la temporada pasada y que históricamente se ha adaptado a la perfección al Red Bull. Un triplete de Max en el inicio le haría llegar con cierta ventaja al doblete de Silverstone y Montmeló, circuitos propicios para Mercedes en los que estaría al acecho de aprovechar cualquier mínimo error.
La mejora en cuanto a rendimiento y fiabilidad de Honda también podría jugar a su favor. El salto que dio el motorista japonés la temporada pasada los puso como los terceros de forma definitiva por delante de Renault. Siguen contando con una ligera desventaja de potencia con respecto al motor de la marca de la estrella, pero el cambio de calendario ha hecho que desparezcan de este circuitos donde la potencia es un factor importante (como pueden ser Bahrein, Bakú, Francia o Canadá), y no sería hasta Spa donde esta faceta del motor marcaría diferencias.
Y por si esto no fueran razones suficientes, hay que contar con los factores externos a la figura de Verstappen; más concretamente, la cabeza del rival a batir: Lewis Hamilton. El piloto británico es sin duda uno de los mayores talentos (sino el mayor) de la parrilla actual, y cuando está completamente centrado es casi imbatible. Pero los hechos que tuvieron lugar a finales de mayo en Estados Unidos y que dieron paso al movimiento #BlackLivesMatter han provocado que el piloto británico parezca algo ajeno a nivel mental a la reanudación de la competición. Un Hamilton distraído sería un rival algo más «asequible» para los principales candidatos a arrebatarle el trono. El título de Rosberg en 2016 debería ser el ejemplo a seguir tanto para Max como para Bottas, los «a priori» principales aspirantes al título.
Evidentemente, al igual que todo esto puede tener lugar, también puede suceder lo contrario (problemas de fiabilidad del Red Bull, un Verstappen más irregular, el Hamilton más fuerte y centrado que hayamos visto nunca o el factor Ferrari, que a día de hoy pintan a ser el tercer equipo pero que pueden dar la sorpresa, pues nunca te puedes fiar de ellos). Lo que sí tengo claro es que, si hay una temporada en la que Verstappen puede lograr su primer campeonato (estoy seguro de que en un futuro ganará más) en la «era Mercedes», es esta; o, al menos, será una temporada en la que luchará por él.






















