El Valladolid inauguró la jornada 24 con la visita al José Zorrilla del Villarreal. Para estos últimos, constantes en Europa, estar en el fondo de la clasificación es atípico, aunque su mote sea el Submarino amarillo. El encuentro supuso, para los locales, el debut de Sergi Guardiola, llegado del Córdoba tras su infructuosa cesión en el Getafe.
El partido arrancó con el dominio de los visitantes, rápidamente respondido por el Valladolid. La tendencia se mantuvo durante todos esos primeros 45 minutos. La falta de goles no implicó falta de ocasiones, como el disparo del blanquivioleta Nacho en el minuto 8 despejado por Bonera tras haber superado al meta, Sergio Asenjo.
Durante la segunda parte la historia fue exactamente la misma: posesión repartida, ocasiones en ambos lados del campo. Los saques de esquina fue el único apartado con clara superioridad de un conjunto respecto a otro, teniendo el Valladolid 5 corners más que el Villarreal. Son partidos así los que dignifican la Liga, una competición que si bien no esconde sorpresas en sus ganadores y contendientes, cuenta con un nivel de juego y una clase media/baja superiores a cualquiera otra competición en el mundo.
Al final empate que no ayuda a ninguno; el Valladolid sigue 3 puntos por encima del descenso, una distancia demasiado corta como para no preocuparse. El Villarreal, por su parte, sigue estancado en la penúltima posición a 4 puntos de la salvación, haciendo cada vez más urgente una racha que les de vida. Recuerdos de una temporada 11/12 empezada en Champions League y terminada en Segunda aparecen por la costa mediterránea. La pérdida momentánea de un fenómeno del siglo XXI como el Submarino amarillo no agradaría a nadie en el mundo del fútbol. Pase lo que pase en Europa, donde siguen en pie, no compensaría algo tan terrible como un descenso.
























