El belga del Jumbo-Visma gana la Milán-San Remo más larga de la historia y consigue su primer monumento
Prácticamente diez meses han pasado desde que Bauke Mollema levantó los brazos en Como para llevarse el Giro de Lombardía y poner el punto final simbólico a la temporada 2019. La primavera de 2020 tal y como llegó se fue, dejándonos a los aficionados del ciclismo huérfanos de citas tan importantes como la que recibe el nombre de la estación a la que da inicio, el primer monumento del año.
Por eso, cuando este sábado el pelotón ha recorrido los nada menos que 305 kilómetros de la Milán-San Remo (en la edición más larga de su historia) muchos hemos sentido como si nos fuera devuelta una parte de esa primavera robada que ya parece tan lejana. No obstante, agosto no es marzo y el calor hizo presencia de forma importante en esta veraniega Classicissima.
El recorrido, alejado de la costa hasta su icónico tramo final para huir de las masificaciones veraniegas en aras de una mayor seguridad frente al covid-19, era más largo y desnivelado que nunca, lo que se tradujo en que el pelotón dejara rodar con cierta libertad a la fuga (en la que se encontraba Héctor Carretero, ciclista del Movistar Team) durante gran parte de la carrera.
Un desenlace ‘monumental’
El árbol comenzó a agitarse cuando los corredores subieron las primeras rampas de la Cipressa, pero la carrera no se rompió definitivamente hasta el Poggio di Sanremo (3,7 km al 3,7% de pendiente media), como viene siendo habitual en los últimos años. Las carreras largas desgastan al pelotón y las fuerzas del mismo después de 300 km estaban muy mermadas. Ni corto ni perezoso, el siempre intrépido Julian Alaphilippe (DQS), ganador de la edición de 2019, se lanzó y puso en jaque la carrera, demostrando una vez más que los muros son su especialidad. Fue entonces cuando el belga Wout van Aert (TJV), no sin un titánico esfuerzo, consiguió salir a su rueda para que ambos se marcharan en solitario.
En ese momento comenzó el duelo con el pelotón para evitar la llegada masiva. Si bien el último medio kilómetro, con sendas miradas hacia atrás de los dos de cabeza mientras los perseguidores aumentaban el ritmo para darles caza, auguraba un esprint más amplio, unos metros salvaron a Van Aert y Alaphilippe y les permitieron jugarse la victoria en una volata que acabó adjudicándose de forma muy ajustada el tricampeón del mundo de ciclocrós.
Van Aert, de 25 años, había vuelto a la competición en ruta poco antes del parón por la pandemia después de una durísima lesión que sufrió al caerse en la contrarreloj individual del Tour 2019 y que le hizo pasar por quirófano. Un año y un mes después el ciclo concluye con su primer triunfo en un monumento del ciclismo. Su sensacional estado de forma con el retorno del ciclismo queda más que patente con las dos victorias y el tercer puesto que ha conseguido en una semana.
El belga del Jumbo-Visma se ha hecho con el doblete Strade Bianche-Milán San Remo, conseguido también el año pasado por Alaphilippe, que este año ha tenido que conformarse con el segundo cajón del podio de esta Classicissima. Un podio, por cierto, que ha quedado completo con Michael Matthews (SUN), vencedor del esprint de los perseguidores en San Remo.
Desde que se ha reanudado la competición, el ciclismo no descansa, de tal forma que, entre las numerosas estampas inéditas que nos va a dejar esta inusual temporada, viajaremos desde la primavera en verano de la Milán-San Remo a la —habitualmente— clásica de las hojas muertas el próximo sábado 15 en Lombardía.



























