» El efecto Doppler, es el cambio de frecuencia aparente de una onda producido por el movimiento relativo de la fuente respecto a su observador. «
Obtener un punto de objetividad absoluta cuando se habla, o escribe, de un asunto tan pasional como lo es cualquier deporte de equipo; es una tarea ardua; pero además, el terreno en el que se abonan tus esfuerzos, se torna a menudo en tierra yerma. Mucho se ha escrito sobre la tolerancia a las ideas que no consideramos propias…o deberíamos decir: la no tolerancia. La objetividad no está de moda; los datos neutros, sin interpretación, no generan interés; las comparaciones, sobre todo si son odiosas, venden; y la subjetividad, emociona.
Pongamos sobre la mesa (o si lo prefieren, negro sobre blanco) la carrera de uno de los grandes perdedores de la historia. Pat Ewing. Un jugador soberbio que ha estado toda su carrera rodeado de un aura de jugador maldito, de perdedor en toda la extensión de su palabra. La razones objetivas van al grano: Ewing perdió cinco series de play-offs y una final de la NCAA ante Jordan, a las que añadir otras dos oportunidades ante Houston y San Antonio en la misma final. Los Knicks son el equipo perdedor por excelencia de la conferencia Este, y el histórico de toda la liga con permiso de los Clippers, que llegaron mucho más tarde y vía San Diego/ABA. Hasta aquí todo obvio y coherente…
Sin embargo, y más allá de los cientos de artículos de la furibunda prensa neoyorquina, o no tan neoyorquina; ¿qué sabemos de la carrera de Ewing que sea OBJETIVO?.
Empezamos por la universidad, aquella victoria de North carolina con la primera canasta merecedora de campeonato de Michael Jordan, es el momento elegido la mayoría de las ocasiones para recordar la carrera universitaria de Ewing; la realidad, es que el récord de Ewing fue de 121-23; muy notable. Aquella vez ante los Tar Heels, sería en su primera temporada, Ewing estuvo soberbio, y a Jordan le salvaría el partido un James Worthy MVP con 27 puntos (¿o fue al revés? Efecto Doppler). En su segunda temporada no estuvo Georgetown a la altura, pero volvería a la Final Four las dos temporadas siguientes.
En ese tercer año, Ewing se impone en la final a una universidad de Houston en la que actúan ni más ni menos que: Akeem (por aquel entonces no era Hakeem) Olajuwon; el excelente anotador Michael Young, que ganaría una Euroliga con el Limoges; Rickey Winslow, que hizo carrera en Europa y es muy recordado en el Estudiantes; Marvin Alexander, al que vimos por Girona, y que jugaba poco; Greg «Cadillac» Anderson, que tampoco actuaba mucho, y que haría una solida carrera profesional; Alvin Franklin, el más desconocido, pero que hizo 21 puntos y 9 asistencias en aquella final etc Un equipazo.
Sí, se habían ido Larry Michaeux (un interior que sentó cátedra en valencia o Vitoria) y Clyde Drexler, pero ganarle a aquel equipo con la compañía exigua de Reggie Williams, David Wingate o Michael Jackson (ese no, el otro), está a otro nivel…
Llegó a la NBA y no fue directamente a besar el santo: se convirtió en la gran esperanza de la más grande manzana. Hasta su tercera temporada no «entró en calor», pero a partir de ahí disputaría play offs en 13 temporadas consecutivas. Tan sólo en dos se quedó en primera ronda. Háganme el favor de ponerlo en contexto… ganó alguna eliminatoria en 11 temporadas de 13.
Pierde 5 series de play offs ante Jordan, pero le gana 12 partidos, al alcance de poquísimos jugadores, todos ellos jugadores de los Pistons (original Bad Boys).
Los play offs del 93, 94 y 95 dejan consecutivamente muy deteriorada su imagen al encadenar: un 2-0 desperdiciado ante los Bulls, un 3-1 en la final ante Houston y perder un séptimo ante indiana. Pero su balance de victorias es de 72 a 66 y ganó 16 series de play offs perdiendo 13; además llegó en 11 ocasiones al límite de una serie, ganando 7 y perdiendo 4 de esos quintos o séptimos partidos.
Podemos decir que el grave y poderoso sonido de la carrera de Ewing chirrió al pasar por delante de nuestros oídos, dejando la impronta mnemónica de una carrera marcada por unas derrotas que fueron las menos, pero se escucharon más alto, más agudo.


























