El Real Madrid se impuso al APOEL de Nicosia por un claro 3-0 en la primera jornada del grupo 8 de la Champions League gracias al doblete de Cristiano Ronaldo y un gol de Sergio Ramos. Hasta ahí todo correcto, con el guión esperado. Pero la historia del partido fue otra. Ni el Madrid fue un rodillo ni el APOEL fue aplastado en el campo por la gran calidad que tiene la plantilla blanca. El Madrid no consiguió dar un golpe sobre la mesa y disipar las dudas pese a la insistencia de un voraz Cristiano Ronaldo.
El partido empezó sin ritmo. Los únicos aspectos reseñables fueron el volver a escuchar el himno de la Champions League en el coliseo blanco y un golpe de un jugador chipriota a Marcelo que enmudeció al público pese a no ir a mayores. Y en estas, el APOEL tuvo un par de ocasiones que pudieron callar al Santiago Bernabéu completamente. En una de esas ocasiones, el Real Madrid encontró el espacio que tanto le gusta. Un carril por el que empezó a correr Isco, consiguiendo zafarse de jugadores del APOEL hasta llegar a la frontal, con esa conducción de balón marca de la casa. Al filo del área, esperaba Bale, que necesitaba redimirse. El galés no dudó, cogió el balón y puso un centro medido, un regalo que esperaba un rematador. Ese rematador no era ni más ni menos aquello que tanto necesitaba el Madrid: Cristiano Ronaldo. El portugués hizo lo propio y puso el 1-0. Cualquiera hubiese esperado una exhibición del Madrid una vez inaugurado el marcador, pero no iba a ser así. El balón se movía lento, y el APOEL estaba muy tranquilo con una densa red de jugadores cubriendo su portería. Poco más pasó hasta el descanso, aunque si que hubo un aspecto desagradable para el Real Madrid, ya que Kovacic se lesionaba y se retiraba del campo entre lágrimas, para darle entrada a Toni Kroos.
Con la llegada de la segunda parte llegó la intensidad y la velocidad que parecía haber perdido el Madrid. Nada más comenzar, Cristiano Ronaldo estalló un balón contra el larguero que a primeras parecía un gol fantasma, pero la tecnología hizo su labor y el gol no subió al marcador. Minutos más tarde, un centro del Madrid pegó en Roberto Lago, lateral del APOEL. El árbitro no dudó y pitó penalti, interpretando que el esférico había golpeado en la mano del español. Cristiano Ronaldo lo tenía claro y agarró el balón en cuanto se pitó el dudoso penalti. Y no falló. Tras poner el 2-0 en el marcador, el delantero cogió el balón y fue con él hasta el centro del campo, como si hubiese que remontar el partido. El portugués quería más, y su ambición empujó al equipo.
En una de las muchas ocasiones del Real Madrid, hubo un claro penalti sobre Cristiano, pero esta vez el árbitro no pitó. Pese a ello, las ganas no bajaron. Tantas eran las ganas de anotar más goles, que Ramos, recuperó el balón en media cancha y se lanzó al área contraria. Sus compañeros, conscientes del peligro que tiene el central, colgaron el balón, y tras un pequeño lío en el área, el capitán de Madrid remató no una chilena poco ortodoxa, pero efectiva, ya que ponía el 3-0 en el marcador. Tras este gol, que a la postre sería el definitivo, los locales bajaron el ritmo y dieron entrada a Ceballos y a Mayoral. Pese a ello, Ronaldo quería llevarse el balón a casa. No logró el hat-trick, pero dejó algo claro. A falta de un delantero centro, el portugués tiene el gol y la ambición que tanto ha echado en falta el Real Madrid. Los blancos le esperan, y él lo sabe. Sus 110 goles en Champions League y ser el máximo goleador histórico del Real Madrid y Portugal le avalan.




