Perfeccionista, luchadora y constante, son algunos de los adjetivos ligados a Marta Brañas. Una mujer polifacética: militar de profesión, campeona de boxeo, futura enfermera y amante del balón y los caballos.
A Marta Brañas se le conoce por sus logros en el boxeo: primera campeona de España de boxeo a nivel profesional en 2015 y la primera boxeadora profesional gallega. Desde niña, le gustaban mucho los deportes de combate y las artes marciales. En el 2003, empezó su andadura con 17 años. Su entrenador, en un gimnasio de su Arteixo natal, le dio la oportunidad de competir en boxeo. Tuvo que hacer memoria para recordar su primer combate, todavía como amateur. Entre risas, cuenta su experiencia: “Fue en Madrid, contra María Custodio. Era la primera vez que me subía a un ring y me daba la risa antes de empezar. Recuerdo que golpeaba, paraba y me quedaba mirando». Mientras lo contaba afloraba en ella una característica, que no desapareció durante la entrevista. Marta se mostró risueña en cada frase que decía, esbozando una sonrisa.
En 2006, se disputó en Lanzarote el primer campeonato femenino de boxeo de España y ahí estaba ella. Llegaba con pocos combates, sin apenas experiencia al ser amateur y con un hombro lesionado: “En el combate anterior en Coruña se me dislocara el hombro y se me saliera del sitio. Después, cada vez que boxeaba me hacía amagos de salir y me fui así al campeonato de España”. La decisión de disputar el combate era suya y no lo dudó: “Fui igual y gané”, afirma.
Salió victoriosa de ese combate, pero el boxeo profesional le esperaba y en 2015 la historia se repetía. Marta disputaba en A Coruña, el primer título nacional profesional contra Maribel de Sousa, en el que considera el combate más duro de su vida. “Sentí mucha presión por la repercusión del combate. Iba pensando solo en ganar, iba hacia adelante y no veía nada más”, recuerda llevándose las manos a los ojos para representarlo. No estaba sola, su familia, amigos, compañeros de trabajo y sus jefes estaban ahí para apoyarla. Su ímpetu por conseguir la victoria tuvo su fruto cuando alzaron su mano. Había cumplido un sueño.
Sin embargo, en el mundo del deporte para llegar a lo más alto, el camino está repleto de curvas. Lo que Marta tenía claro es que debía de pasar por cada una de ellas. El boxeo es un deporte de riesgo y al final su gente no podía evitar sentir miedo. Aun así, afirma que los golpes más duros los da la propia vida, fuera del ring.
«Como deportista siempre quieres retirarte en lo más alto»
Marta Brañas
De su disciplina deportiva destaca unos valores esenciales: esfuerzo, respeto y constancia. La pregunta era obligada: ¿Por qué abandonó el boxeo? Reconoce que tras 14 años boxeando, cuando tomó la decisión de dejar la selección ya pensaba en retirarse. Le ofrecieron la oportunidad de disputar un campeonato del mundo en 2017: “Como deportista siempre quieres retirarte en lo más alto. Ya me iba a retirar ese año y decidí hacer el mundial y dejarlo, ganase o perdiese”.
Una amarga despedida
El camino hacia el mundial no fue sencillo. Marta debía ir a Panamá para diputar un mundial latino, un título preparatorio para escalar puestos a nivel internacional. Tuvo diversos problemas con las fechas por sus estudios y trabajo y por la incertidumbre de si se celebraría o no el título. Con 3 semanas de antelación le avisan de que se disputaría: “Estaba fuera de peso y tenía exámenes”. En un inicio se negó, y los organizadores se mostraron disconformes. “Es mi último año, me quiero retirar y que no tengan nada que decir”. Manifiesta que le costó muchísimo dar el peso en 3 semanas, pero que estaba motivada.
«Se estaban riendo de mi y dije que no»
Marta Brañas
Se fue para Panamá y a mitad de semana empieza a haber problemas con su mánager y el promotor de allí. Era una cuestión económica. Habría combate, pero sin trofeo de por medio: “Se estaban riendo de mí y dije que no”. Con todo eso, llega el día del pesaje, previo al combate. “Me pesé y di 200 gramos por arriba. Me querían poner la disculpa del peso para no disputar el título”. Marta fiel a su carácter, les mandó esperar y se puso con chanclas a correr en la cinta del hotel. Finalmente, dio el peso, aunque el combate no se disputaría: “Dije hasta aquí, y ahí me retiré, no merecía la pena tener que aguantar esas tonterías”. Un final amargo, marcado por dos personas y el dinero. Era el momento de colgar los guantes.
Su profesión y verdadera vocación
No obstante, podría dedicarse de pleno a su profesión y su verdadera vocación. Marta desde niña siempre fue muy guerrera y soñaba con ser policía o veterinaria. Hoy su vida transcurre en el Cuartel General de la Fuerza Logística Operativa de A Coruña y está en cuarto año de enfermería: “Por ahí iban los tiros [entre risas]”.

Reconoce que entrar al ejército fue la mejor decisión de su vida y su intención es poder irse a la academia de oficiales para ser teniente enfermero. Al ser soldado, a los 45 años se le acaba el contrato y decidió estudiar enfermería porque siempre le llamó la atención la rama de la salud. Su día se resume en su trabajo, ir a sus prácticas de enfermería y a clases de inglés (requisito para la oposición). Su próximo reto es sacar el trabajo de fin de grado
Por un lado, habló de sus pasiones. Desde su infancia le ha gustado jugar al fútbol; adora los caballos, hace hípica porque le relaja; y viajar. Su próximo destino será Japón porque le atrae la cultura oriental. Por otro lado, lo que más detesta son las mentiras, no las soporta.
Marta Brañas es también generosa y humilde. Le encantaría ir de misión con una ONG como ayuda voluntaria y humanitaria, en África, por ejemplo. Además, es sinónimo de superación. Para llegar al éxito, la clave está en gestionar bien la derrota y la victoria. “Yo era muy exigente y perfeccionista. Aunque ganara, para que yo bajase de un combate contenta, lo tenía que hacer casi perfecto porque siempre buscaba los fallos”. Hacía autocrítica constructiva. La decepción y el agobio eran patentes ‘en caliente’ y necesitaba unos días para asimilarlas.
Estereotipos e injusticias sufridas
Toda campeona se ve superada en algún momento. La clave para Marta está en automotivarse y subir el ánimo. En su camino cada curva ya era difícil, pero también se topó con baches. Le dijeron en diversas ocasiones que no parecía boxeadora por los estereotipos de hombres y mujeres: “¿Por qué no lo parezco? No, porque te imaginamos, más fuerte, más brutota, más chico”. Tuvo que soportar este tipo de asociaciones y otras injusticias. Cuenta que, en una concentración con la selección española de boxeo, tuvieron que quedarse con el material viejo, que los chicos no habían querido. Describe que eran “sacos viejos y durísimos” y que se lesionó una muñeca por la dureza del material. No solo eso, sino que tenían una beca inferior, cobraban menos y les tocaba demostrar y sacrificarse.
«A las mujeres deportistas no se les da repercusión»
Marta Brañas
Marta reivindica que, actualmente, las mujeres deportistas merecen copar más portadas: “No se les da repercusión. La gente ve lo que le pones, si tú empiezas a sacar noticias del deporte femenino, se va a empezar a ver con normalidad. Si le empiezas a meter algo por los ojos, acabará vendiendo.” Dice con sarcasmo que “una mujer con botas de fútbol o unos guantes no vende. Son marimachos”. A pesar de todo, no pierde la esperanza y cree que se avanzó mucho y que todavía queda por hacer.

El encuentro estaba a punto de llegar a su fin. Se definió a sí misma como una mujer cabezona, nerviosa, constante y sacrificada. A veces, impulsiva y llorona. Sobre todo, bastante perfeccionista. Te mira a los ojos, irradia naturalidad, calidez y verdad. Esta mujer que reconoce no poder vivir sin el deporte ha ido logrando todo lo que se ha propuesto: “No tengo queja, en la vida siempre hay que ponerse retos e intentar llegar a ellos, disfrutando del camino”. Esta es la filosofía de vida de Marta Brañas.


























