Madrugada del domingo 27 de septiembre. El conjunto azulgrana acaba de derrotar 4-0 al submarino amarillo de Unai Emery. Los ánimos culés están por todo lo alto, hacía tiempo que no soplaban vientos de cambio en el Camp Nou. Y es que sí, amigos, esta temporada parece que puede ser diferente.
Pese a la sacudida veraniega que se ha vivido en `Can Barça´ por el famoso burofax de Messi, la mociò contra Bartomeu y la salida de Rakitic, Arturo Vidal y Suárez, Ronald Koeman tiene un plan y quiere llevarlo a cabo. Es triste que los culés se tengan que alegrar por tener un entrenador con un plan y la entereza suficiente para tomar decisiones de peso, pero la realidad es que los Barcelonas de Valverde y Setién, por H o por B, terminaban siendo equipos previsibles y dependientes de alguna genialidad del 10 argentino.
Sin embargo, eso es el pasado, y el presente y el futuro del club parecen encaminarse a -volver a- ser exitosos. Hasta el momento, el técnico holandés ha optado por emplear un 4-2-3-1, dejando de lado los 4-3-3 y 4-4-2 de los últimos tiempos. Este cambio es el más notorio, ya que lleva intrínseco un cambio de mentalidad futbolística que se acerca un poco más al totaalvoetbal, o fútbol total, desarrollado por Johan Cruyff.

Este estilo se destaca por la gran movilidad de sus jugadores, el ataque constante y una alta presión tras pérdida, elementos visibles -y destacables- del pasado Barcelona-Villarreal. El conjunto culé quiso menos la pelota que antaño (solo un 57% de posesión), pero generó mucho más (17 tiros).
Esto se explica por el cambio en la manera de atacar que Koeman ha orquestado y que se basa en transiciones defensa-ataque mucho más rápidas, dejando atrás los ataques estáticos y la posesión sin verticalidad. Esto, sumado al dinamismo que mostraron Griezmann, Ansu Fati, Coutinho y Messi, hacen del Barcelona un equipo más imprevisible.

Como comentaba arriba, el equipo dirigido por el goleador de Wembley ´92 cuenta con una gran cantidad de movimientos e intercambio de posiciones en el ataque, elementos que recuerdan a la delantera de ensueño formada por Messi-Suárez-Neymar.
Otro guiño al Cruyffismo lo encontramos en la alta presión tras pérdida y cuando el rival está sacando el balón jugado desde atrás. Dicha presión se ve beneficiada por el nuevo esquema culé, que permite agrupar a 4 jugadores en posiciones de ataque, llegando a ser alguno más si algún lateral o pivote se encuentra en zona de ataque, como suele ser habitual. Al haber tantos jugadores en zonas avanzadas del campo, se realiza un marcaje al hombre que posibilita muchos robos de balón.

Sin embargo, este nuevo sistema tiene inconvenientes, y el principal es la partición del conjunto sobre el verde. Esta partición consiste en un ataque de 4; 1 mediapunta, 2 extremos y el 9; y una defensa de 6; 4 defensas y los 2 pivotes. Lejos de esto y por lo visto hasta el momento, el equipo azulgrana se muestra como un todo generoso en el que los extremos ayudan a los laterales y hay buenas basculaciones y repliegues defensivos, pero tendremos que esperar para ver si este no se convierte en el talón de Aquiles del Barça de Koeman.
Queda mucho por jugar todavía, pero este equipo ilusiona, y hacía mucho tiempo que no conseguía tal gesta. Las salidas y llegadas de este verano, aunque polémicas y cuestionables, parecen acertadas; Coutinho ha vuelto de su periplo en Baviera hecho un toro y con ganas de triunfar en el Camp Nou, Ansu Fati parece consagrarse en el once titular; los 5 cambios permitidos por partido brindarán oportunidades a Aleñá y Riqui Puig y el resto de canteranos que quieren pelear por minutos; y la más que posible salida de la directiva encabezada por Bartomeu, entre otros muchos factores, han traído aires renovados -y necesarios- al conjunto azulgrana.
Todo ello, sumado al `factor Messi´, que recientemente ha enterrado el hacha de guerra para centrarse en lo puramente futbolístico, podrían hacer del Barcelona un club competitivo, tanto en la competición doméstica como en la europea, donde las últimas eliminaciones han sido demasiado duras.
La base de la que se parte en esta temporada 2020/2021 es buena, pero hay que ver si este buen juego y sensaciones se extienden más allá del primer tramo y sitúan al Barcelona de nuevo en la cúspide del fútbol mundial.


























