Todo historia tiene un comienzo, esta lo hará en Villanueva de la Serena, un 28 de septiembre de 1981. Un año tarde, por aquello de que terminó perteneciendo a una generación que había llegado al mundo en 1980, así que le tocó ser precoz.
Con 13 años ya había destacado tanto que el TAU se fijaba en él. La estructura de cantera del Baskonia era prácticamente inexistente, y Calderón terminaba pasando sus primeros años entre Alicante y Fuenlabrada. Por el camino, dejaba unas primeras participaciones con la selección española, en categorías inferiores, que formaban parte de aquel adelanto de los Junior de oro. No ganó el mundial, estaba lesionado, pero había formado parte, siendo un año más pequeño, del Oro europeo en Varna.
En las competiciones nacionales, se asentaba progresivamente, siempre a remolque de su ética de trabajo, como base, como escolta, o como se le necesitase, en un Alicante al que subía a ACB, y con el que debutaba con 18 años, siendo elegido mejor debutante; un Fuenlabrada con el que se confirmaba a la par que era elegido jugador con mayor progresión, y con los que debutaría en la selección absoluta; y finalmente un aterrizaje en el TAU, al que le devolvía su apuesta temprana comiendo terreno al mismísimo Elmer Bennett y donde sería el mejor sexto hombre. Presten atención a la secuencia, mejor debutante, mejor progresión, mejor sexto hombre y finalmente mejor base (quinteto ideal).
De su periodo ACB se saldó con una copa del rey, y dos finales perdidas en ACB ante el Real Madrid y en Euroliga ante el Maccabi de Tel-Aviv; especialmente esta segunda supuso una oportunidad histórica para jugador y club.
Calderón era una base sobrio, casi a la fuerza, con un físico dominante para Europa, fuerte, más potente que rápido, con una gran potencia de salto, brazos muy largos, una capacidad defensiva notable y tendencia a arriesgar lo justo y cometer aún menos errores. A las puertas de su llegada a la NBA, saliendo de un país que entonces no le perdonaba no haber fichado por Madrid o Barça, se hablaba de sus bajos números en asistencias (ronda en su carrera FIBA los 9 puntos y 2 asistencias de promedio) y su falta de tiro.
Meses más tarde de haber perdido la final ACB con un -8 de valoración en el partido decisivo, debuta en la NBA con 16 minutos desde el banco, 5 puntos, y 3 asistencias. Dos días más tarde, y de nuevo desde el banco, se marca un partido de 20 puntos y 7 asistencias en 32 minutos que deja claro que el chico merece estar en la liga. A los 16 partidos firma unas medias de 6,3 puntos y de 6,0 asistencias, buenos números para él, pero un terrible 1-15 de su equipo, firmando un inicio de temporada históricamente malo. A sus números, decentes, hay que añadirle que el equipo empieza a apostar por él como titular en el partido número 15. Lamentablemente se pierde muchos partidos a final de temporada donde debería haber disfrutado de más minutos y confianza. Pero ha marcado una tónica que se repetirá en la segunda temporada. Calderón es el base suplente de un equipo que mejorará en 20 victorias, entre otras, con la incorporación de Garbajosa.
Su carrera tendrá un nuevo impulso en su tercera temporada. Calderón va adaptando su juego a la NBA y a su buen nivel defensivo añade a sus virtudes sus dos principales defectos. Se convierte en un tirador eficaz de tres, un pasador productivo y un anotador regular. Las lesiones de T.J.Ford, el base que le había tapado durante temporada y media le abren las puertas de la titularidad de manera prácticamente definitiva. A mitad de su carrera Calderón había sufrido (que no padecido) una transformación brutal, de aquel jugador joven que destacaba por su fuerza, su capacidad física tanto en ataque como en defensa, se había pasado a su excelencia como tirador/pasador; pero siempre al servicio de lo que le pidiese su staff técnico.
De los 26 a los 31 años, Calderón se asienta como jugador clave de su equipo, firma un contrato de caché medio/alto y recoge los frutos de su juego durante la regular season en veranos de éxito con la selección española.

Su salida de los Raptors no salió como se hubiese esperado. Calderón comenzó a ir de un equipo a otro, pagando los platos rotos de los estereotipos a los que siempre se ha sometido su juego. Dejó de ser un jugador completo para ser un tirador (algo que no apareció en su juego de manera natural) y perdió influencia sobre el balón, algo que siempre dió resultados a sus equipos. Le habían pedido tiro, y llegó a liderar la NBA en % de tiros libres y de triples en dos temporadas diferentes, se asentó como lanzador de más del 40% de tres, pero cada año iba teniendo menos minutos. Pistons, Cavs, Lakers, Knicks o Mavs… la liga iba dejando de creer en él.
Con España cosechó 2 oros, 4 platas y 2 bronces, en 193 partidos, amén de ser elegido en el quinteto ideal del Eurobasket 2007; pero salió del equipo de manera triste, casi sin hacer ruido. Como lo ha hecho, finalmente, del baloncesto. Su capacidad de trabajo y de superación le llevaron a acabar siendo excelente en todo aquello que se le pidió, pero nunca superó su estigma de herramienta rotacional. Un jugador al que puedes mandar al banco sin que pase nada, o al que puedes dejar en una esquina esperando un balón que llega muy pocas veces, y que cuando con 36 años, vuelve a ser llamado a la titularidad de un candidato al título, sale como si el tiempo no hubiese pasado para él.
Quizá nunca le terminaron de perdonar no haber estado en Madrid o Barcelona, quizá teníamos otros ídolos a quienes mirar, pero lo cierto es que Calderón fue un jugador al que siempre miramos con buenos ojos, pero al que raramente respetamos. Siempre hubo de estar por medio el fallo de otro base para que reivindicásemos la presencia en pista de Calderón, siempre víctima de nuestros complejos con un juego que él siempre puso por encima de ellos.
14 temporadas, 7 equipos, 40 partidos de play offs, unas finales disputadas, 895 partidos, más de 23.000 minutos, casi 8000 puntos y más de 5000 asistencias y 85 millones de dólares en salarios. Coqueteó con el All-Star, firmó un par de triples dobles, fue capitán y líder de una franquicia, se ganó el respeto de toda la liga… Un bagaje incontestable en la NBA que merece toda la nostalgia que genera su marcha.


























