Chile derrota sin muchas complicaciones (0-2) a la vigente campeona del mundo. Los goles de Vargas y Aránguiz desnudan las miserias defensivas de una selección que demanda a gritos una renovación. Los hombres de Del Bosque afrontarán un duelo intrascendente contra Australia antes de emprender el viaje de regreso.

Alejandro Rozada (@alexrozada)
En el día de la abdicación de Juan Carlos de Borbón, la selección española de fútbol renunció a su cargo de vigente campeona del mundo. Ningún escenario más simbólico que Maracaná, uno de los estadios con más solera del planeta, para escenificar semejante ceremonia de dejación de responsabilidades. Se acabó el cuento que se comenzó a escribir en aquella noche triunfal en el Soccer City de Johannesburgo. Del gol de Iniesta a los goles de Vargas y Aránguiz han pasado menos de cuatro años, tiempo suficiente para demostrar que a España le ha venido grande el reto de defender la estrella que lleva cosida a su camiseta. Se acabó lo que se daba.
Si el rey sanciona la ley orgánica de abdicación para ceder el trono a su heredero, Del Bosque y los suyos firmaron el acta de deserción de su corona futbolística. No han podido y no han sabido defenderla. Les endosó una manita la selección de los Países Bajos en el primer partido y Chile les derrotó en el segundo con una facilidad pasmosa, verdaderamente insultante, a toda una campeona del mundo y de Europa que no ha ejercido como tal en esta fase final de la Copa del Mundo. En 43 minutos, la selección chilena dejó atada y bien atada su victoria y su clasificación para octavos; la campeona acababa de renunciar a su trono y solo queda esperar unos días hasta saber qué combinado ejerce de Felipe VI para dominar el panorama balompédico global durante los próximos años. Queda un partido contra Australia, pero eso simplemente será un mero trámite para no volver como colistas del Grupo B a España, una nación que ni siquiera se podrá dar el gustazo de presumir en materia futbolística. Menos mal que nos quedan Nadal, Márquez, Contador y Gasol.
Nadie puede negar lo evidente. En el deporte, unas veces se gana y otras veces se pierde. Pero el problema de las dos derrotas que han apeado a España del Mundial de Brasil, es que han sido dos tropiezos de enorme envergadura, a cada cual más vergonzante. El primero llegó en forma de una manita que rompió todas las plusmarcas habidas y por haber, pues ninguna vigente campeona del mundo encajó cinco goles en una cita mundialista. No alientan ni siquiera los lamentables precedentes de las prematuras eliminaciones de Italia en el Mundial de Sudáfrica 2010 y de Francia en el de Japón y Corea 2002. Los italianos cayeron eliminados hace cuatro años con cinco goles en contra, mientras que Francia fue apeada después de haber encajado solo 3 goles; España ha encajado 7 goles en dos partidos y, a la espera de lo que ocurra contra Australia, solo ha celebrado un gol que precisamente llegó de penalti dudoso. Con estos datos sobre la mesa, resulta indudable que la selección de Del Bosque no ha perdido de una forma cualquiera.
Prodigan a los cuatro vientos los cantores de gesta y vendedores de humo de rigor, que solo podemos tener palabras de agradecimiento hacia la selección española, que los ciclos se acaban, que alguna vez había que perder y que solo se pueden reconocer los méritos de este seleccionador y de estos jugadores. No hay más ciego que aquel que no quiere ver. Por esa regla de tres tan simple, debería haber ido a la cita brasileña un hombre como Juan Carlos Valerón. Porque a sus 39 años, el mago de Arguineguín sigue impartiendo lecciones magistrales de fútbol desde su humilde retiro espiritual en la Unión Deportiva Las Palmas. Valerón, que supo paladear con señorío y dignidad el amargo sabor de las derrotas cosechadas en las Eurocopas de 2000 y 2004, así como en el Mundial de 2002, se merecía estar a estas horas en tierras brasileñas. Sus recitales en la fase regular de la Liga Adelante y en los dos partidos disputados por su equipo contra el Sporting en la semifinal del play-off, que han impulsado a la Unión a disputar la finalísima por el ascenso contra el Córdoba, son dignos de internacionalidad. Bien se merece este premio el bueno de Juan Carlos, cuyo rendimiento a día de hoy no tiene nada que envidiar sin ir más lejos al de Xavi Hernández, descartado por Del Bosque para el duelo contra Chile y centrado en un futuro que le sitúa muy lejos de nuestras fronteras, en Oriente Medio para ser exactos. Si Xavi fue a Brasil para hacer grupo y en agradecimiento a los servicios prestados, entonces por allí también se debería haber pasado Valerón.
Por no hablar de Íker Casillas. Es un dolor verle bajo los palos. Se tiraron a la yugular de Jose Mourinho por tomar la decisión de sentarle en el banquillo y anteponer a Diego López. El tiempo le ha dado la razón al técnico portugués. A pesar de que Casillas fue el portero del Real Madrid en la Copa del Rey y la Champions de esta temporada, competiciones que se saldaron con victorias de su equipo, habría que examinar la estadística de disparos a puerta y paradas realizadas en ambos torneos antes de decidir su convocatoria internacional. A falta del lesionado Víctor Valdés, la no convocatoria de Diego López, el portero del Real Madrid en la última Liga (con un equilibrado balance de 36 goles encajados en 36 partidos disputados) es un lujo innecesario. La inseguridad que muestra Casillas bajo los palos evidencia que sus días de oro han quedado muy atrás y, al igual que Xavi, debería estar viviendo en Brasil su último Mundial. Que pase otra generación. Es el turno de chavales como David de Gea y Koke Resurrección. Que esta humillante eliminación sirva el menos para agilizar el cambio generacional.
Alexis Sánchez y Edu Vargas enloquecen a la defensa española
Para afrontar esta final en Maracaná, Del Bosque apostó por introducir un par de cambios respecto al once que cayó goleado ante Países Bajos: Javi Martínez por Piqué y Pedro por Xavi, dos razonables cambios que fundamentan un estilo dinámico a la par que sobrio, aseado pero informal, una revolución desde la estabilidad. Por su parte, Sampaoli presentó el once previsto con una línea de tres centrales (Gary Medel, ‘Gato’ Silva y Gonzalo Jara), de manera que la entrada de Francisco ‘Gato’ Silva por Valdivia fue la gran novedad en relación al once que venció a Australia el pasado viernes. Esta variación motivó un cambio de esquema: un dibujo táctico 1-3-4-1-2 con tres centrales, dos carrileros (Mena e Isla), Charles Aránguiz y Marcelo Díaz en la medular, y Arturo Vidal de enlace con los dos puntas (Alexis y Vargas).
Los imprevisibles movimientos, repletos de diagonales y desmarques a la espalda a cargo de los puntas chilenos, trajeron por el camino de la amargura a la zaga española desde el pitido inicial; no había pasado ni una vuelta de crono y ya había forzado Eduardo Vargas un córner que se saldó con un peligroso remate de Jara. El plan de Sampaoli redundó en las líneas maestras del presentado por Van Gaal el pasado viernes: solvencia defensiva fraguada en la línea de tres centrales y rapidez a la hora de hilvanar ataques. Con eso resultó suficiente para mitigar las inofensivas aproximaciones de España, nuevamente empecinada en combinaciones estériles en el centro del campo, con pérdidas de balón continuas, desorden táctico y un excesivo empecinamiento por salir con el balón controlado desde los dominios de un Casillas que lo rifaba, demostrando una vez más que el juego con los pies no es lo suyo. Mucho tiki taka indemne, pero la ocasión más clara pasó por un arrebato de furia que derivó en un barullo dentro del área chilena con sendos remates por parte de Diego Costa y Xabi Alonso contra el cuerpo de Claudio Bravo. Fue la única oportunidad de una España muy espesa.
En un escenario tan desconcertante, Chile se sintió como pez en el agua y acabó encontrando una fisura en la defensa española que se terminó convirtiendo en una herida importante. Como ya ocurrió contra Países Bajos, volvieron a pillar descolocado a Ramos, que no se esperaba un pase tan malo de Xabi Alonso, recuperó Aránguiz, avanzó, combinó hacia el centro para Vargas y el valencianista no desaprovecha estos regalos. Así es imposible sobrevivir. No se puede ir por la vida con un dispositivo defensivo que salta por los aires a la mínima prueba que le hacen. Casillas, que hasta entonces no había hecho ni una sola parada, vio colarse el balón como los ancianos contemplan las obras. Por encima de cantos de sirena y expendedores de humo, se mascaba la tragedia de una eliminación prematura. Remar contra la losa de un gol en contra era un desafío de tremenda envergadura para una selección que va escasa de fuerzas, orden y dignidad.
Y tras unos minutos de estéril, aburrido y soporífero dominio español, incapaz de cristalizar en ocasiones de mediano peligro, Chile volvió a causar estragos a la contra. Alexis Sánchez, más pillo que nadie, forzó una falta en la frontal, la ejecutó el propio Alexis, puños fuera de Íker al medio (incumpliendo esa norma no escrita que sostiene que nunca se puede despejar hacia el centro de tu propia área), el balón le cae a Aránguiz y el mediapunta del Internacional de Porto Alegre no perdona. Pareció empeñarse Casillas en enterrar su buen nombre en las citas decisivas, aquellas en las que se decía que nunca fallaba, y su estadística en Brasil aterra: por cada parada que hace le marcan dos goles. Insólito y deprimente. Un mazazo terrible antes del descanso que agarrotó todavía más las ya de por sí agarrotadas piernas de los hispanos, bloqueados y atenazados en cuerpo y alma.
Otro calvario en Maracaná
Las remotas opciones españolas pasaban por remontar un cero a dos ante Chile, meter cinco o más goles a Australia y esperar que Países Bajos derrote a los chilenos, demasiadas conjeturas para suponer una resolución feliz. Los malos augurios se consumaron en la reanudación en cuanto se vieron las ocasiones desaprovechadas por los hispanos. Reaparecieron viejos fantasmas. Primero a Diego Costa se le hizo de noche antes de disparar a puerta y desaprovechó una ocasión al más puro estilo Julio Salinas; después se le apareció a Busquets el fantasma de Cardeñosa para no alcanzar, totalmente solo en el segundo palo, un balón de oro. Ahí murieron las opciones españolas, desvanecidas y sometidas completamente ante un combinado chileno que supo tapar bien todas las vías de agua en su zaga, desactivando unos mecanismos de creación tan improductivos que ni siquiera se notó la entrada de Koke y fundiendo por completo a una selección agotada física y psicológicamente.
El segundo tiempo fue un «quiero y no puedo», un rosario de fallos y una acumulación de despropósitos que retrató lo evidente: Chile era más que una selección, un equipo, y España se comportaba como una banda. Cada uno hacía la guerra por su cuenta y las entradas de Cazorla y Torres fueron meramente testimoniales. El pescado ya estaba vendido y todos los huevos estaban metidos en la cesta chilena. A los de Del Bosque casi no les quedó otro remedio que darles las gracias por no haberles marcado más de dos goles. Visto lo visto, y considerando las ocasiones de La Roja, hoy de blanco para la ocasión, demostrando que los gafes de estilismo solo anidan en la península ibérica, suerte tuvo la selección española de haber perdido el encuentro por solo dos tantos de diferencia. Lamentable.
Es una pena sobre todo por los niños que crecieron asistiendo triunfadores a las hazañas de este combinado, desde Viena 2008 a Kiev 2012 pasando por Johannesburgo 2010. Pero algo empezó a cambiar para nuestra Roja a raíz del tres a cero encajado contra Brasil en la pasada Copa de las Confederaciones, precisamente en el estadio de Maracaná. Fue una derrota con moraleja, no fue un tropiezo más y ese varapalo en un trofeo de perfil más bajo que un Mundial y una Eurocopa demostró que este combinado no está por encima del bien y del mal, ni los jugadores ni el seleccionador tienen patente de corso y no existe la flor de Del Bosque. Existen el trabajo, la dedicación, el orgullo, la dignidad y la vergüenza torera, en definitiva. Urge una revolución. Nada de eso tuvo España en este Mundial, perdió el tren en Brasil y saca el billete de vuelta a casa con un bagaje deprimente: 0 puntos, 7 goles en contra y solo uno a favor, que tuvo que llegar de penalti (dudoso, para más señas). Lo que queda contra Australia es un entrenamiento con público que debería servir de trampolín para que se reivindique la generación que deberá tirar del carro en un futuro. Los que insisten en que aquí no pasa nada y si pasa se le saluda, se deberían ir despidiendo de los Casillas y Xavi de turno. Qué lástima, pero adiós.
LA FICHA TÉCNICA
ESPAÑA: Casillas; Azpilicueta, Javi Martínez, Sergio Ramos, Jordi Alba; Xabi Alonso (Koke, min.46), Busquets; Silva, Iniesta, Pedro (Cazorla, min.76); y Diego Costa (Torres, min.64).
CHILE: Bravo; Isla, Medel, Jara, Mena, Díaz; Aránguiz (Gutiérrez, min.64), Silva, Vidal (Carmona, min.88); Alexis Sánchez y Vargas (Valdivia, min.85).
GOLES:
0 – 1, min.19, Vargas.
0 – 2, min.44, Aranguiz.
ÁRBITRO: Mark Geiger (USA). Amonestó a Vidal (min.26) y Mena (min.61) en Chile y a Xabi Alonso (min.40) en la selección española.
ESTADIO: Maracaná (Río de Janeiro). Lleno absoluto con 74.374 espectadores, 30.000 de ellos chilenos.



























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