Seis ediciones hacía que no llegaba la carrera a Ávila. Justo los años en los que la Vuelta definitivamente ha cambiado apostando por unas claras señas de identidad: mallot rojo, diseño propiciando emoción hasta el último instante y muchos finales en alto, la mayoría en muros de pendientes imposibles. Tal vez a consecuencia de esa costumbre a rampas del 20%, la empedrada cuesta de las murallas de Ávila hoy nos ha sabido a poco a todos. Bueno, a todos menos a Tom Dumoulin (Giant), líder de la carrera, que a base de potencia ha conseguido duplicar la distancia con su más inmediato perseguidor, el italiano Fabio Aru (Astana). 6 segundos, que pueden ser nada o valer una Vuelta, como ya sucediera en la lejana edición de 1984, la que hasta la fecha se ha decidido por la menor distacia -precisamente 6 segundos entre Eric Caritoux y el malogrado Alberto Fernández-. La victoria en este reencuentro con la ciudad de las murallas ha correspondido al frances Alexis Gougeard (Ag2r), que levantó los brazos en solitario después de dejar atrás a sus compañeros de fuga en el Alto de la Paramera, a 20 kilómetros de la capital abulense.
La hora de la verdad llegará mañana. Después de desaprovechar puertos largos como Alto Campoo o muros terribles como la ascensión a la Ermita de Alba, Fabio Aru no tendrá más remedio que tratar de dejar fuera de juego a Tom Dumoulin en los puertos-autovía de la sierra de Madrid. Sobre el papel un duro encadenado de ida y vuelta con 4 primeras –Navacerrada, Morcuera por sus dos vertientes y Cotos– para acabar en Cercedilla tras el descenso nuevamente de Navacerrada. Son puertos donde para Dumoulin no será demasiado complicado hacer de lapa con la rueda de Aru. Si el italiano quiere aparecer de rojo por la Castellana deberá endurecer y mucho la carrera desde el primer momento y no fiar todas sus oportunidades a un ataque en Cotos y más bien plantar guerra en La Morcuerca. Del marcaje entre los dos claros dominadores de la carrera, podrían aprovecharse el resto de aspirantes que merodean a distancias prudenciales. Claro que las piernas no están ya para tirar cohetes -a Purito (Katusha) se le ve con la gasolina bastante justa- y los intereses cruzados por la defensa de un quinto puesto harán el resto. En los últimos tiempos siempre que la sierra de Madrid se disputa sin Abantos o sin la Bola del Mundo, las diferencias han sido escasas. Si quiere ganar esta Vuelta, Fabio Aru tendrá que jugar a ciclismo de otra época rememorando por estos clásicos puertos a Perico Delgado o a Bernard Hinault. Casi nada.



























