Richie Porte (Trek-Segafredo) consigue subir al podio del Tour de France a los 35 años después de una gran contrarreloj
Son numerosos los refranes referidos a la dedicación y la perseverancia y los éxitos que conllevan. El que la sigue la consigue, todo esfuerzo tiene su recompensa… frases motivadoras que muchas veces se convierten en clichés y que no siempre se cumplen. De hecho, suelen ser más las veces que no se alcanzan los objetivos planeados que las que sí. Y por eso mismo hay que afrontarlos con mayor tenacidad si cabe y sin perder el ánimo.
Que se lo digan a Richie Porte. El ciclista del Trek-Segafredo ya gasta unos años (35, para ser concretos) y ha pasado todo tipo de dificultades sobre la bicicleta. Después de unos años brillantes como gregario estrella de Chris Froome en el conjunto Sky, por fin le llegó la hora de liderar su propio equipo. La ocasión apareció con su fichaje por el BMC para la temporada 2016.
Un nada desdeñable quinto puesto en la carrera de las carreras, el Tour, ese mismo año dejó sensaciones buenas en el seno del equipo y en el mundo del ciclismo. Aunque ya por entonces se dejaba ver su imán para las desgracias cuando en la caótica y archirrecordada etapa del Mont Ventoux una moto de televisión impactó contra él.
Las dos siguientes temporadas, el australiano, que iba acumulando un rosario de victorias y podios en carreras WorldTour de una semana (Tour Down Under, Romandía, Dauphiné, Suiza…) se plantó en las carreteras francesas como uno de los máximos favoritos a la victoria final en París. Sin embargo, un infortunio tras otro lo dejaba fuera de la carrera sin que pudiera hacer nada más que abandonar y renunciar a todas sus aspiraciones. La fractura de clavícula y pelvis en un descenso en 2017 y la lesión en el hombro derecho en la montonera de la etapa de Roubaix (antes de que empezara el pavés) en 2018 le hicieron dejar el Tour de forma prematura, sin que pudiese siquiera medirse con el resto de hombres de la general.
Tras un 2019 irregular en el que solo brilló en su vieja fiable, el Tour Down Under, Richie Porte entraba en el año 2020 cumpliendo 35 tacos y con buenas sensaciones, volviendo a llevarse la general de esa carrera por etapas del mes de enero. El coronavirus lo trastocó todo, pero a la vuelta tras el parón avisó: el de 2020 sería su último Tour como líder.
De outsider veterano a los Campos Elíseos

Empezar una carrera sin la presión de ser claro favorito ni unas expectativas demasiado altas, especialmente en una carrera tan controlada como la Grande Boucle, puede ser beneficioso si ya te has llevado más de un desengaño. Desde el principio vimos a Porte, el outsider, en un buen estado de forma, sin llamar mucho la atención, pero sin descolgarse de los mejores. En las etapas de montaña tensadas hasta el límite por el Jumbo, era de los últimos en ceder antes de que Pogacar (UAE) y Roglic (TJV) se quedasen solos. Y, poco a poco y sin hacer ruido, el Tour había llegado a su última semana y el corredor del Trek, sin caídas ni abandonos, era top 5.
En la decimoctava etapa, la última del tríptico de los Alpes, los fantasmas del pasado sobrevolaron a Porte en los momentos decisivos del día, cuando sufrió un pinchazo mientras Pogacar ponía a prueba al resto de los favoritos. Sin embargo, el australiano fue capaz de volver al grupo, que no se puso de acuerdo para tratar de descartarlo, con un Miguel Ángel López (AST) en plaza virtual de podio que decía que con él no iba la cosa.
Como el ciclismo es caprichoso, ha sido el mismo López el que ha terminado perdiendo su tercera plaza (y la cuarta y la quinta) en la dura cronoescalada de este sábado. Una contrarreloj ante la cual el corredor del Trek se mostraba ilusionado, algo natural, sabiendo, como él mismo ha comentado, lo mucho que lleva persiguiendo el sueño de subir al podio de la carrera más importante del mundo.
Pues bien, el final de esta historia es ya bien conocido por los aficionados al ciclismo. En el histórico día en que Pogacar venció a Roglic y lo destronó de la general del Tour, Porte ha obtenido el tercer mejor tiempo en la contrarreloj para colocarse también tercero en el podio de la ronda gala.
El joven que se ponía el despertador para seguir de madrugada las etapas del Tour desde Australia ha alcanzado, después de muchos intentos, quizá en el año más inesperado, una meta por la que llevaba años peleando. Sus padres al fin podrán colocar en el salón de casa una foto de Richie en el podio del Tour de France.


























