Saltaban los dos equipos al terreno de juego con la sapiencia de que el choque iba a ser una batalla, ambos equipos. A un lado el ejército de Rubi, el Levante, comandado por Roger y Deyverson. Al otro, la escuadra del general Sandoval que, comandados por Isaac Success y la revelación de este Granada, Adalberto Peñaranda, iban a intentar asaltar un territorio siempre complicado.
Lo cierto es que el guión de la primera parte parecía escrito por alguien del Granada. Y es que en esa guerra iniciada en el primer minuto del choque tomaron ventaja los nazaríes. No en el marcador, pero sí en lo que a sensaciones se refiere. Querían tener la iniciativa, dominar y jugar al fútbol, pero este Levante es un equipo demasiado inteligente.
Rubí sabe que no tiene jugadores para crear y tener la posesión de la pelota pero conoce los puntos fuertes de sus jugadores. Cuando hay que presionar, se presiona y cuando hay que recular se recula pero siempre se tiene cuidado con los jugadores peligrosos. Y eso es lo que hace que el equipo ‘granota’ sufra muy poco.
Pese a ello, el dominio del partido estaba siendo nazarí. El Granada jugaba mejor aunque le faltaba tener algo de acierto en los metros finales. El Levante, por su parte, era todo profundidad por la banda. Peñaranda y Success ayudaban poco a sus laterales y esto generaba que el equipo granota tuviera superioridades por las bandas. Pero tampoco encontraron posiciones claras de remate. Con esto, se llegaba al ecuador del choque con un 0-0 justo debido a las pocas ocasiones vistas en estos primeros 45 minutos.
Una contra de ensueño, la que cualquier entrenador sueña con ella y desea ver, el Granada tomaba ventaja en el electrónico. De un saque de esquina a favor del Levante, en cuestión de tres pases, Adalberto Peñaranda, como decíamos anteriormente, la revelación de este Granada lograba batir a Rubén tras una excelente carrera, un soberbio control, quizá lo mejor de todo y una gran definición. Primer gol de Peñaranda con el Granada en Primera División y en competición oficial.
Muchos aficionados granotas se estaban acomodando en sus asientos cuando el venezolano hacía el primero de la tarde noche. Esto también suponía e éxtasis de la afición desplazada al levante peninsular.
El Levante trataba de recomponerse del mazazo. Obligado a levantarse, los granotas forzaban su ataque, pero la pólvora, como decía Sandoval la semana pasada, estaba mojada. Entre eso, que el Granada estaba muy bien plantado defensivamente y que cuando montaba la contra generaba el miedo en la zaga levantina, el Levante no se veía capaz de abrir su marcador.
Cuando no consigues batir a tu rival, una alternativa es el balón parado, Y así llegó el empate. Verza pone con un guante una falta escorada a la izquierda del ataque granota y es Simao el que en el segundo palo, con un portentoso remate de cabeza y libre de marca, la pone fuera del alcance de Andrés para equilibrar.
El partido se endurecía, fruto de los nervios y la tensión. Las tarjetas volaban para un lado y para otro y las manos se levantaban en señal de protesta airada hacia el colegiado vasco. El Arabi aparecía en el terreno de juego para en la primera ocasión, lograr en fuera de juego (bien señalado) un gol que no subiría al electrónico.
Pero el destino es caprichoso y en este caso, quería que el protagonista de la noche fuese la revelación, el venezolano Adalberto Peñaranda. Su remate desde la frontal se la ‘’come’’ Rubén. El Granada se abonaba a los últimos minutos, a las remontadas y a los finales felices.



























