El equipo colchonero da el primer golpe sobre la mesa venciendo por 0-3 a un Sevilla al que le queda mucho trabajo por delante
El Atlético de Madrid de los últimos años no tiene mucha historia. No la tiene porque es un bloque con pocas modificaciones, y las que hay son de extrema calidad. No la tiene, porque dispone de un técnico que tiene un patrón de juego metido a fuego en el cerebro de su plantilla. Todos saben a que juega este Atlético y muy pocos le saben hincar el diente. Si hay un técnico y equipo impotente ante lo que se saben superiores antes del pitido inicial, ese es el Unai Emery del Sevilla. Incapaz de plantarle cara a los grandes de la liga, y mostrando un año más la diferencia entre la quinta y la cuarta plaza. Una vez más el de Hondarribia se ha estrellado contra el muro del ‘Cholo’ en ataque, y para colmo se ha olvidado de defender.
El partido ha sido de una impotencia supina para el Sevilla. Arrancó con fuerza pero pronto se le apagó la poca luz que tuvo hoy. Emery metió en punta a un jugador que lleva dos días en Sevilla. Fernando Llorente hizo lo que pudo, tratando de bajar durante los primeros cuarenta y cinco minutos toda clase de balones que le mandaban desde la zaga sin ninguna intención de peligro. El vasco tropieza una y otra vez con un planteamiento erróneo para tratar de espantar sus fantasmas, pero una vez más los fantasmas aparecieron por todas partes. Parapetado atrás con el orden y la entrega habitual, los rojiblancos salían como aviones al contragolpe con unos enchufadísimos Torres y Griezmann. El Atlético aprovechó que el Sevilla se rompió a los cinco minutos para no recomponerse jamás. Atacaba descuidando la retaguardia, y cualquier robo de balón colchonero se convertía en un contragolpe peligroso para los de Simeone. Tácticamente el partido ha sido rojiblanco, mientras que la pelota la ha tenido el Sevilla. Con Krychowiak incrustado entre los centrales, los de Nervión han mostrando especiales carencias a la hora de sacar el balón y a la hora de las ayudas y el balance defensivo. La facilidad con la que llegan los rivales a la frontal sevillista es sonrojante para un equipo que aspira a luchar precisamente con quien hoy le ha endosado tres. Físicamente además, el Atlético es superior a cualquiera, hecho que se ha notado en los últimos minutos del partido cuando el Sevilla tras treinta y cinco minutos de acoso al área rival ha terminado por desistir. Es especialmente esclarecedor el primer gol que hace Koke tras una serie de rebotes, donde Griezmann se convierte en el asistente más listo para que el internacional español abriese la lata. La pasividad de la defensa sevillista era preocupante desde el inicio. En la segunda mitad, tras unos primeros cuarenta y cinco minutos muy pobres del Sevilla, el conjunto de Emery si lo ha intentado por todos los medios posibles, chocando una y otra vez con el orden de los de Simeone. Banega hoy no ha aparecido porque no podía aparecer y el Sevilla se ha encontrado con un 0-3, tras dos zapatazos desde mucho más allá de fuera del área, primero de Gabi y después del recién entrado Jackson Martínez. Es también llamativa la diferencia abismal entre el nivel de la plantilla sevillista y su portería.
El Atlético ha dado su primer gran golpe de autoridad, y parece estar un punto por encima de cualquiera en este inicio. Ha ido al Pizjuán y ha goleado sin tener que hacer nada del otro mundo en ataque, algo que habla extremadamente bien de ellos, y extremadamente mal de su rival. El Sevilla, que vuelve a ser un equipo nuevo deberá engrasar las piezas para comenzar a remontar el vuelo. Hay un equipo que debe ser trabajado y necesita tiempo, pero de momento las sensaciones no pueden ser peores.



























