PACO CAVALLER (Barcelona)
Espectacular. Ese adjetivo tan sencillo y tan usado es más que suficiente (y además acertado) para definir las 57 vueltas de emoción vividas en la tarde de domingo en el desierto a las afueras de Manama, la capital del Reino de Bahréin. Las dos primeras pruebas del Mundial, en Australia y Malasia, dejaron mucho que desear en cuanto a competición en pista y las críticas a la nueva normativa no fueron pocas. No en vano, Luca Cordero di Montezemolo estuvo este domingo en Sakhir para hablar con Jean Todt al respecto. La carrera le quitó después todo motivo para hacerlo, desde luego.
Ricciardo y Sutil eran los dos hombres que arrancaban el Gran Premio con penalizaciones en parrilla. La del australiano ya era de sobras sabida: 10 posiciones que acarreaba por su parada insegura en la calle de boxes en Kuala Lumpur. Clasificó tercero; salió en el puesto 13. Sutil, por su maniobra en la sesión de Clasificación, partió desde la última casilla. Precisamente, el alemán fue uno de los únicos dos pilotos que iniciaron la carrera con neumáticos medios (el compuesto más duro que llevó Pirelli a Bahréin). El otro fue Vettel.
La salida de Alonso recordó a otros tiempos mejores (tras las primeras curvas se colocó en séptima posición saliendo noveno), aunque quien se llevó la palma fue Massa, que salía séptimo y se puso tercero. Fue increíble ver cómo se hizo con el espacio por el carril interior, aun siendo rodeado por otros dos monoplazas. Le sobraron agallas. Los Mercedes no se vieron acosados. Rosberg lo intentó, pero Hamilton le sobrepasó como un avión y se colocó primero. Empezó a volar… El único sobresalto en esos primeros compases fue para Vergne, que finalmente tuvo que abandonar.
Que Force India es mejor coche que Ferrari era de sobra sabido. Alonso tenía detrás a un piloto que mereció mucho más de lo obtenido al final: Hulkenberg. El alemán terminó superando en la vuelta 5 al asturiano, que empezaba a ir más lento de lo normal. Se temió que su motor estuviera recayendo en sus problemas de potencia, pero no fue a mayores (seguramente entró en programa de ahorro de combustible).
Pronto entró Sutil en el garaje a poner los blandos. Iniciar con medios no fue una buena idea ni para él ni para Vettel. Guardarlos para el final fue la estrategia ganadora. De hecho, los cinco primeros clasificados fueron a dos paradas, mientras que la mayoría lo hicieron a cinco.
Las entradas al ‘pit-lane’ empezaron a sucederse en la vuelta 11. La mayoría apostó por montar un juego de neumáticos blandos nuevos, guardando los medios para el tramo final de la carrera. Terminó demostrándose que era acertado hacerlo. El que no estaba dando ni una era Sutil, cuya goma delantera derecha estalló. Era el segundo abandono de la tarde.
Raikkonen siguió la misma estrategia que Alonso, aunque unas vueltas más tarde. El finlandés paró al límite de la vida útil de las ruedas. Fue en la vuelta 15. Una después, tendría lugar una de las imágenes más llamativas de la tarde; Vettel estaba sin DRS y su velocidad disminuyó más todavía en las rectas. Ricciardo venía como loco por detrás y desde el muro obligaron al vigente campeón a dejarse adelantar. Afortunadamente, no hubo mayores polémicas y así fue, aunque ‘Seb’ no debe de estar muy acostumbrado a recibir órdenes de esa índole.
Estaba volando Hamilton, pero Rosberg no se dio por vencido y su monoplaza comenzó a responderle. En la vuelta 18 alcanzó ya a su compañero y comenzó una bonita pelea que duraría hasta el final y nos mantendría a todos en vilo. Dicho coloquialmente, sí, pero fue una pasada.
Esa primera entrega de la batalla entre las flechas terminó tres vueltas después. En la 21, Rosberg paró y puso los medios, dando vía libre a Hamilton en el liderato. Aquí estuvo una de las claves de la carrera a favor del británico. Tras las dos balas, que no estaban muy lejos de los 50 segundos de margen respecto a los mortales (una barbaridad), la pelea por el podio no era menos reñida. Los Williams, delante, con Bottas y Massa rezando para que los Force India de Hulkenberg y Pérez no les pasaran por encima, lograron retardar algo que iba a pasar sí o sí.
Todavía más retrasados y peleando por entrar en los puntos se encontraban Red Bull y Ferrari. La imagen era algo decepcionante, pero lo cierto es que el frenético ritmo de acontecimientos no permitía pararse a pensar qué pasaba con ellos. Ricciardo era quien mejor lo estaba haciendo, adelantando en varias ocasiones a un Raikkonen que peleó con uñas y dientes y le sacó todo el partido a un F14T que, hay que decirlo, parece un kart.
Hamilton volvía a ganar ventaja sobre Rosberg (llegaba a los siete segundos), Button perdía también el DRS y era adelantado por Alonso y el Williams de Massa también presentaba problemas y era superado por Pérez y Hulkenberg. Llegábamos a la vuelta 32 y se confirmaba que la estrategia de Rosberg había sido errónea. En apenas 10 vueltas, su compañero le había sacado dos segundos en la pelea por la victoria. Raikkonen buscaba estirar la vida útil de sus neumáticos blandos, que llevaban ya 21 vueltas en su haber, pero no lo logró y fue vapuleado por Bottas y Massa.
En la vuelta 36 llegó el tercer abandono de la noche. El Caterham dejó tirado al sueco Ericsson. Era en esas vueltas cuando un espejismo mantuvo a un Lotus en 10ª posición y defendiendo muy bien el puesto con Ricciardo y Raikkonen. Se llevaban disputadas 40 vueltas y Maldonado no había parado más que una vez. Al final sus ruedas desfallecieron y se terminó ese trenecito que desesperó a Red Bull y Ferrari.
Y en esas, con Alonso peleando en la sexta plaza con un Button que ya no iba a parar más (aunque terminaría abandonando dos vueltas antes de tiempo), llegó la imagen más espectacular del Gran Premio. La causó una nueva imprudencia de Maldonado, que se llevó por delante al Sauber de Gutiérrez. Éste dio una vuelta de campana, pero terminó en posición natural (si bien destrozado). El mexicano pasó por el hospital y no presenta ninguna lesión. El venezolano fue sancionado con un ‘stop & go’ de 10 segundos (no lo necesitaba Lotus para seguir haciendo el ridículo) y salió a pista el Safety Car, algo no muy habitual en Bahréin.
Entre la vuelta 42 y la 47 estuvo el coche de seguridad en pista, lo que aprovecharon todos los que aún tenían que parar para hacerlo antes del reagrupamiento y perder así el menor tiempo posible. La batalla por arriba se ponía más interesante que nunca, con Hamilton, líder, montando gomas medias y Rosberg, su perseguidor, calzando las blandas. ‘A priori’, el alemán tenía las de ganar.
Dos acontecimientos más tuvieron lugar durante ese periodo. El McLaren de Kevin Magnussen se paró en una de las largas rectas del trazado de Sakhir y el danés tuvo que dejarlo ahí. No sé si fue eso lo que enfadó a Montezemolo (lo dudo), pero el presidente de Ferrari se marchó en ese instante. Su rostro era de total disconformidad con lo que estaba viendo. Ver a Ferrari pelear por entrar en los puntos es deprimente, desde luego. Para colmo, la F1 a la que venía a criticar estaba dando un espectáculo memorable bajo el asombroso mandato de los propulsores Mercedes. El panorama era desolador para él.
Y se relanzó la carrera. Sólo restaban 11 vueltas para el final y todas las batallas estaban servidas. Hamilton y Rosberg luchaban por la victoria. Hulkenberg y Pérez lo hacían por el podio. Button seguía sufriendo la estrepitosa caída de rendimiento de su McLaren y era adelantado por los Red Bull de Vettel y Ricciardo. Un soberbio y valiente Kvyat acechaba a todo un campeón del mundo como Raikkonen mientras Alonso hacía lo propio con el mismo Button. Y, mientras el realizador se volvía loco por no saber cuál de esas guerras pinchar, se activaba, en la 49, el DRS. Como para parpadear…
Independientemente de la terna entre sus dos pilotos, el paseo triunfal de Mercedes era insultante. En sólo cuatro giros (vuelta 50), las balas abrían un margen de 10 segundos respecto al tercero (Pérez, que ya terminaría ahí). Las circunstancias de la carrera habían colocado a Vettel de nuevo por delante de su compañero, pero problemas de tracción y frenos en el tren trasero permitieron a Ricciardo volver a gozar de otro adelantamiento a su compañero, esta vez sin mensajes de equipo de por medio. Vettel peleó la posición. Fue precioso.
Hamilton había mantenido cierto margen respecto a Rosberg, pero este volvió al ataque en la 52. Cada vez quedaba menos. Su ventaja respecto al resto era tal que, desde el equipo, se indicó que ambos activaran mapas de motor que les permitieran ahorrar energía y combustible. Era increíble. Estaban peleando por lograr los 25 puntos del ganador yendo prácticamente a medio gas y, eso sí, en igualdad de condiciones. A algunos no les gustará, pero la complejidad de esta nueva F1 conduce a situaciones así. Y son divertidas, como mínimo.
En repetidas ocasiones intentó Rosberg adelantar a Lewis, sobre todo en la curva 1, denominada ahora Michael Schumacher, pero, o bien se pasaba de frenada, o bien el inglés traccionaba mejor en la salida de la serie de giros que suceden a dicha curva.
Como por arte de magia, el Red Bull de Ricciardo comenzó a rendir más de lo esperado a esas alturas de Gran Premio y adelantó casi de manera sobrada a un Hulkenberg irregular que, una vez más, volvía a decaer en su ritmo. Se llegaba así a la vuelta 56, a dos del final, cuando Button también abandonaba la carrera, aunque en este caso logró llevar a su monoplaza hasta el garaje. Rosco para McLaren, que no estará muy feliz con su puntaje.
Una última maniobra de Vettel con Massa puso emoción a un tramo final de carrera completamente loco, con competencias directas entre compañeros de equipo y jefes en el muro que dejaban competir a sus pilotos. Es de agradecer. Hacía tiempo que no se respiraba un ambiente tan sano en una carrera de Fórmula 1. Los compañeros peleaban entre ellos, pero pocas reprimendas hubo al terminar. La imagen de Rosberg y Hamilton golpeándose mútuamente cuales púgiles en un cuadrilátero en modo amigable sacaron, seguro, una sonrisa a más de uno (por lo menos a quien aquí escribe). Ganó el inglés, le siguió Rosberg y tercero fue Pérez, que se marcó una carrera de escándalo, con enorme regularidad. Apenas se habló de Alonso, Vettel, Ferrari o Red Bull durante la carrera. El espectáculo lo dieron otros. El espectáculo, al fin y al cabo, lo está dando el motor Mercedes y su escudería propia por encima del resto. Se respiró deporte, deportividad (que no es lo mismo), competición, espectáculo, motor y adrenalina durante una hora y 39 minutos que pasaron volando. ¿Dónde están los que decían que la F1 era un Scalextric? ¿Dónde están los que achacaban a la nueva normativa la carencia de espectáculo? ¿Dónde está Montezemolo? Y, puestos a preguntar… ¿dónde está Ferrari? Hoy la gente no habló ni del V6, ni del poco ruido, ni de ruedas, ni de gasolina. Hoy la gente habló, por fin, de carreras.
SANCIONES:
· Pastor Maldonado ha sido sancionado con cinco posiciones en la parrilla del próximo GP China y suma tres puntos en su superlicencia.
· Jules Bianchi acarrea también dos puntos en su superlicencia por su colisión con Adrian Sutil.




























