El Sporting ya es el peor antepenúltimo de la historia de la Primera División despues de sumar ante el Eibar su 12ª derrota de la temporada. Los de Mendilibar y la afición bajaron el pulgar y señalaron a jugadores, entrenador y directivos rojiblancos como culpables.

Nacho Cases marcó, con la inestimable colaboración de Lillo, el segundo gol del Sporting, que a la postre no sirvió de nada.
Imitando a los emperadores de las películas del Imperio Romano, los jugadores del Eibar de José Luis Mendilibar bajaron el pulgar y señalaron culpables en El Molinón. Ningún gesto más apropiado para resumir la paupérrima situación que vive el Sporting, un equipo condenado. No solo porque camina hacia su tercer descenso en 25 años casi de manera inexorable, es que el yugo de la culpabilidad apunta directamente a jugadores, entrenador, director deportivo y, sobre todo, directivos. La situación ya no tiene un pase. Basta ya de paños calientes, cortinas de humo, parches y mentiras. Esto es un caos y el «sálvese quien pueda» lo único que está consiguiendo es destrozar a una entidad con 111 años de historia. Pero en esta temporada de locos, todos han decidido hacer la guerra por su cuenta. Son gladiadores sin cabeza que luchan a la desesperada para no irse a la lona definitivamente ante un desenlace inevitable.
Hace ya tiempo que los aficionados del Sporting también decidieron bajar su pulgar y señalaron culpables para intentar acabar así con la mediocridad imperante en esta entidad. Tienen motivos. Ellos son los últimos culpables de este caos. Sin ir más lejos, este mismo domingo, se concentraron a las puertas de El Molinón antes del partido para protestar contra la gestión del Consejo de Administración del Real Sporting de Gijón. Fueron unos 300-400 aficionados, no muchos, para qué engañarnos, pero son unos cuantos y hay que respetar y tener en cuenta su opinión. El problema es que los Fernández no les van a hacer ni puñetero caso. A esta directiva se la suda todo. Son los dueños del convento y se defecan dentro. Padre, hijo y Espíritu Santo. Las crisis del Sporting desde 1992 han tenido muchos nombres, pero siempre el mismo apellido: Fernández. Hasta coincide con el del actual entrenador. Tremendo combo.
La situación es vergonzosa, impropia de una entidad profesional. Pancartas del tipo «un Sporting grande necesita una gestión decente» y «Pepín gastó les perres. Fernández vete ya» son dignas de consideración porque resumen a la perfección el sentir de la afición en relación a la pésima labor desempeñada por los propietarios del Sporting desde el año 1992. Ni fue la primera, ni será la última muestra de disconformidad hacia la gestión de los directivos. Desde hace 25 años ha habido diversas manifestaciones, concentraciones, pañoladas y voces críticas, y en el presente curso, camino del tercer descenso a Segunda en los últimos 25 años, la desesperación vuelve a ser latente. Lo triste es que haya que llegar a estas situaciones críticas para que la afición se movilice, aunque mejor tarde que nunca. Es lo que ocurre en Gijón desde hace más de dos décadas, donde se celebran ascensos y permanencias como si fueran títulos. El conformismo por bandera.
El diccionario de la RAE define la palabra condenado, en su segunda acepción, como «endemoniado, perverso, nocivo», unos adjetivos que resumen perfectamente la situación deportiva y social del Sporting. La definición viene al pelo de lo que se pudo ver este domingo en el césped de El Molinón en un partido que marca otro peculiar hito en la gestión de los Fernández: tres partidos seguidos perdidos contra el Eibar en la misma temporada (los dos en la Copa y uno en la Liga). Tiene un poso de justicia poética que les haya sacado los colores la Sociedad Deportiva Eibar, un equipo acostumbrado a vivir en Segunda pero que se ha instalado con total justicia entre la nobleza del fútbol español tras el brillante ascenso de 2014. Ya no solo media un abismo deportivo de diferencia, como demuestran los 14 puntos que le saca el conjunto armero al gijonés en la clasificación, lo ruborizonte de verdad es el agravio comparativo entre la gestión de ambas entidades. Hoy por hoy, le pese a quien le pese, el Eibar es el Barcelona al lado del Sporting.
De ahí la explicación a que se afronten los partidos contra este noble equipo con una resignación cristiana, mascándose una derrota prácticamente cantada. En justicia debemos recordar que los guajes de la pasada temporada fueron capaces de ganar 2-0 al Eibar, con goles de Carmona y, oh cielos, Jony Rodríguez. Eso fue en mayo de 2016 y esto es lo que ocurre en enero de 2017 (2-3). Lo peor no es el resultado, que al fin y al cabo es un fiasco más en la engordada mochila de fracasos sportinguistas en las dos últimas décadas; lo peor es la sensación de impotencia que envuelve a esta derrota, la cuarta consecutiva tras el paréntesis fugaz del triunfo contra Osasuna en la 14ª jornada. Antes y después de aquello, lo habitual es ir encadenando derrotas y la de este domingo ya es la 12ª del Sporting en la presente Liga.
Nadie ha perdido más partidos en este campeonato liguero que los rojiblancos, que ya son (3 victorias, 3 empates y 12 derrotas) el peor antepenúltimo en la 18ª jornada de una Liga de Primera División, que no cierra gracias al pésimo nivel de Granada y Osasuna, penúltimo y colista, otros que tal bailan. Solo estas dos bandas, que incluso han encajado más goles (39 y 38, respectivamente, por los 37 de los de Abelardo), evitan que el Sporting sea el farolillo rojo de la categoría. Más y más registros negativos que añadir a la buchaca de los Fernández.
¿Cuál es la solución?, nos volvemos a preguntar. ¿Tirar a Abelardo? El míster de Pumarín ya ha dejado claro que él no se va ni aunque le canten «vete ya» o aquello de «si te vas, yo también me voy». Le pueden cantar misa, que no se pira. Él se siente estupendo, se ha hecho fuerte en el banquillo y se cree en condiciones de sacar esto adelante. Y si no se fían de él, que lo tiren y le paguen la indemnización correspondiente después de renovarle hasta el año 2020 en una medida populista de los Fernández para mantener a la afición anestesiada. Como decimos en Gijón, «nunca lo vieron más gordo» que con Abelardo, el principal artífice de un ascenso imposible y una permanencia de mérito en una situación económica asfixiante para la entidad. El tema es que, por encima de los intereses económicos de cada cual, está el futuro de una entidad a la que lo último que le conviene es que cada uno haga la guerra por su cuenta. Y Abelardo debería aferrarse a su sportinguismo para dar un paso al costado al estar mostrándose incapaz de sacar esto adelante. Si no lo hace, lo acabarán largando los dueños a la desesperada, en la enésima patada hacia adelante de esta junta directiva.
Si Abelardo no cede, Nico Rodríguez sigue apoltronado a su cargo de cartón-piedra y los Fernández se fuman un puro con los problemas del Sporting, los resultados saltan a la vista. Y los problemas cada vez son mayores. El vestuario está roto, Čop se ha declarado en guerra contra el entrenador (que se permitió el lujo inexplicable de no convocarle para la decisiva batalla contra el Eibar aunque sea el máximo goleador rojiblanco en el presente curso) y los jugadores están cada vez más agarrotados, impotentes, bloqueados y frustrados. Son la orquesta del Titanic. Siguen tocando y el barco se sigue hundiendo. Queda cada vez menos tiempo para chocar con el iceberg.
LA FICHA TÉCNICA
Sporting: Cuéllar, Douglas (Babin, minuto. 54), Lillo, Amorebieta, Isma López, Sergio, Cases, Carmona, Moi (Afif, minuto. 45), Viguera y Castro (Ruben, minuto. 65).
Eibar: Riesgo (Yoel, minuto. 24), Capa, Mauro, Lejeune, Luna, Escalante, Dani Gª, P. León, Adrián (Fran Rico, minuto. 64), Inui S.
(Rubén Peña, minuto. 73) y Enrich.
Goles: 0-1, m.3. Adrián. 1-1, m.8. Carmona. 1-2, m.20. Pedro León.
1-3, m.23. Sergi Enrich. 2-3, m.57. Lillo.
Árbitro: Fernández Borbalán. Amonestó a Amorebieta, Carmona y Babin.
Incidencias: partido disputado en El Molinón ante 20.500 espectadores.




























