El Sporting se coloca líder de Segunda División con 11 puntos tras tumbar a un rácano Deportivo (2-0) con goles de Scepovic y Álex Barrera
Alejandro Rozada (@alexrozada)
Cuesta resumir en unas líneas el sentimiento del sportinguismo en estos momentos. Quizás, lo mejor sea recurrir a la clasificación. El Sporting de Gijón es líder en solitario de Segunda División, con 11 puntos sobre 15 posibles, tras derrotar a un recién descendido, el Deportivo de La Coruña. Pocos se imaginaban a esta orilla del Cantábrico un inicio similar del equipo rojiblanco. Pero ahí están. En lo más alto de la tabla y entregados por completo a un futbolista que se ha ganado la admiración y el afecto de los sportinguistas. Stefan Scepovic ha engrandecido hasta límites insospechados el difícil oficio de ser el nueve del Sporting. Cinco goles en cinco jornadas. Algunos subrayan que es el mejor delantero centro desde Julio Salinas. Otros van más allá y recuerdan al gran Pier Luigi Cherubino. Incluso los hay que se remontan a la época de Quini. Por algo, el serbio ya otea en su horizonte goleador el récord de anotar en las seis primeras jornadas actualmente en posesión del mítico Brujo. Incluso no es aventurado soñar con que superará la plusmarca de Mijares, ariete en los 40, que marcó en las ocho primeras jornadas. Se puede gritar o se puede escribir, da igual. El caso es que, al fin, el Sporting tiene un delantero en el que confiar.
El Sporting supo jugar sus cartas ante el Deportivo. A pesar de la tela de araña que construyeron los pupilos de Fernando Vázquez para enredar a los de José Ramón Sandoval, los rojiblancos supieron dosificar sus oportunidades y aprovecharlas en el momento adecuado. Con seriedad, astucia y dominio de la situación destilaron mucha confianza en sí mismos. Sabían que tendrían ocasiones para ganar, las tuvieron y no las desperdiciaron. Dos goles y pudieron ser más. Primero aprovechó Scepovic el penalti cometido por Luisinho sobre Isma López y luego Álex Barrera volvió a exhibir sus buenas maneras goleadoras. Se han sumado once puntos sobre quince posibles en las cinco primeras jornadas del campeonato. Las matemáticas sonríen a un Sporting invicto, y eso que este equipo hacía malas migas con los números. Tres victorias y dos empates. Hay que remontarse a las temporadas 1969-70, 76-77 y 2007-08 para recordar algo similar. Este último precedente es especialmente emotivo porque fue la temporada del último ascenso, con Manolo Preciado en el banquillo, un hombre que allá donde esté se seguirá sintiendo muy orgulloso del Real Sporting de Gijón.
Da la sensación de que el Sporting se ha metido en la escapada buena por el ascenso. Como los propios futbolistas reconocen, en un loable alarde de profesionalidad, el liderato es coyuntural y lo importante es asentarse entre los gallos de la categoría para mantener intactas las aspiraciones hasta el final del curso. Porque la Segunda División es muy larga, muy canalla y tremendamente complicada. Aún así, que el ritmo no pare porque este equipo está dando argumentos para creer en él. Solo hay que ver su solidez en casa, imprescindible en todo aspirante que se precie de serlo, con tres victorias en tres partidos disputados en El Molinón ante Castilla, Mallorca y Deportivo (1-0, 3-0 y 2-0, respectivamente). Especialmente ilusionantes han sido las victorias contra los bermellones y los blanquiazules fraguadas en una solvencia defensiva que se traduce en conceder muy pocas ocasiones al rival. Si a eso le sumamos la fluidez de Barrera y los goles de Scepovic, el resultado es un Sporting en el que creer. Y a pesar de que pilares como Canella y Cases están en la reserva, hay mimbres suficientes para pensar que se va en la senda de la regularidad.
Una lata de difícil apertura
Muy ordenado y compacto, el Deportivo de La Coruña fue una lata de difícil apertura en la primera parte. Respaldado por los casi 3.000 gallegos que estuvieron en El Molinón, los deportivistas aparcaron el autobús en el templo gijonés y no se quisieron apear de él ni en el terreno de juego. Como a estos equipos hay que ´roelos´, al Sporting le tocó armarse de paciencia. Ninguno de los dos contendientes quería adoptar riesgos, como esos cautelosos jugadores de ajedrez que adoptan los riesgos mínimos antes de mover sus piezas en el tablero. Sandoval movía a sus piezas y Vázquez contrarrestaba de inmediato en un duelo táctico de precauciones encontradas.
Como por el centro del campo había atasco, las bandas se erigieron en las mejores alternativas para hacer más fluida la circulación del balón. No es que fueran vías particularmente certeras para cumplir objetivos más ambiciosos, pero al menos servían para ahorrarse molestias y accidentes. Fue precisamente a raíz de un centro desde la derecha como Scepovic remató fuera muy cerca de la portería de Lux. Si Vázquez adelantaba a sus peones, Sandoval replicaba con el recurso al oficio y movilidad de sus alfiles, Bustos y López Garai, realizando una incansable labor en la zona de máquinas. De ello se aprovechaban Isma López, Hugo Fraile y Scepovic, habilitados en labores ofensivas. Cada uno de ellos dispuso de oportunidades, pero no cristalizaron por la buena disposición defensiva de los deportivistas. En este escenario, el empate a cero parecía lo más razonable y así se llegó al descanso; eso sí, lo hizo con polémica porque Vicandi Garrido pitó el final de la primera parte justo cuando el Deportivo iba a botar una falta a la izquierda de la portería del Sporting.
Los goles, en el segundo tiempo
No fue hasta la segunda parte cuando el Sporting encontró la autopista hacia el triunfo. Avisó Scepovic con una escaramuza que abortó Lauren. Poco después, Alex Barrera marcó pero el árbitro le anuló el gol por un fuera de juego más que cuestionable. Y el propio Barrera probó suerte desde fuera del área con un disparo que se marchó rozando el poste derecho de Lux. Replicó Borja Bastón con un remate que se marchó desviado. El Depor quería reincidir en el escenario futbolístico de la primera mitad y fiaba sus opciones a la superpoblación en mitad de la cancha. Error. Los anfitriones no estaban dispuestos a rememorar el trabado escenario del primer tiempo y recurrieron a las bandas para arrinconar a su rival.
Desde la derecha nació el primer gol del partido. Se internó Isma López en el área coruñesa hasta ser derribado por Luisinho y el árbitro no dudó: penalti. Lanzó Stefan Scepovic y no perdonó. Arriba y por el centro. Impecable transformación del ariete serbio, que marcó su quinto gol en cinco jornadas para convertirse en el quinto futbolista que consigue semejante logro en Segunda tras Quini, Gudelj, Christiansen y Marco Ruben. Fue el primer tanto que recibió como visitante un Depor que se deshizo como un azucarillo a partir de aquí. Carmona y Casquero oxigenaron más si cabe a un Sporting desatado hacia la victoria. Y quién mejor que Álex Barrera para marcar el segundo de la tarde. Scepovic se puso esta vez el traje de asistente para servir una milimetrada asistencia al corazón del área, donde se encontraba bien situado Barrera para marcar con una loable sangre fría en boca de gol, rememorando su tanto al Mallorca en la tercera jornada. Formidable Barrera, uno de los jugadores más queridos y respetados en El Molinón.
El Molinón se convirtió en una fiesta a partir del gol de Barrera. Delirio total y comprensible. Un liderazgo no se merece menos. La impotencia imperaba al tiempo en la grada de los seguidores deportivistas, desolados al contemplar el derrumbamiento de sus jugadores que asistían impotentes a la juerga sportinguista. Su herida pudo ser mayor si Carmona llega a estar más atinado en un remate que despejó espectacularmente Lux y Lekic llega a estar más rápido para aprovechar la falta de entendimiento entre el portero del Depor y su defensa en los últimos compases del encuentro. La cosa se quedó en dos a cero favorable a los locales para alegría y alboroto de un Sandoval que da palmas hasta con las orejas al Consejo para agasajarle porque le dieron todo, absolutamente todo, lo que pidió.



























