La resistencia del Málaga duró cuarenta minutos. Piqué, Pedro y Alexis se reparten las medallas goleadoras en una apacible velada para el Barça. Messi no marcó pero volvió a ser el director de la orquesta. Jordi Alba, un puñal por la banda izquierda.
Alejandro Rozada (@alexrozada)
Y al séptimo día, el fútbol se hizo fuerte y dominó el Camp Nou. Ya tocaba. Después de los días más convulsos en la historia reciente del Fútbol Club Barcelona, con la cabeza de Sandro Rosell presidiendo un ambiente sobrecargado, el equipo mantuvo el tipo en el terreno de juego y seguirá al frente de la Liga BBVA una semana más, justo ahora que sus más inmediatos perseguidores no conceden margen de error. El Málaga resistió cuarenta minutos, exactamente el tiempo que tardo el Barça en abrir el marcador. Combativo pero frágil, el cuadro de Schuster no se repuso del primer directo al mentón que le endosó Piqué. Se decreta el estado de optimismo moderado en la Ciudad Condal, contentos sin presumir, a la espera de que llegue lo serio y las emociones fuertes pongan las cosas en su sitio. Hay sensación de que este Barcelona es una ingente cantera de diamantes por explotar, con muchos diamantes por pulir. Y estas batallas morales son las que libra ahora mismo el conjunto de Martino, que respira gracias a estos homenajes ligueros, a la espera de encontrarse con los dragones a la vuelta de la esquina.
Lo cierto es que la siempre saludable y necesaria exigencia no debe empañar el cautivador partido que el Fútbol Club Barcelona disputó contra el Málaga. Volvió el Barça seductor de las grandes noches con distinta fragancia, eso sí, porque hoy por hoy este conjunto desprende un olor diferente. Más picante, más fuerte, pero siempre intenso. Agua de colonia argentina, no necesariamente de las caras pero tampoco escandalosamente asequible, cortesía de un Gerardo Martino que ha refrescado a este equipo para que desaparezca el aroma rancio que se le quedó la pasada temporada a pesar del título de Liga. Ni Barón Dandy ni Nenuco, este Barcelona es más de Old Spice. Un perfume, aseado e impactante en las distancias cortas para seguir dando forma al típico equipo de toda la vida que nunca deja de sorprender . Ante el Málaga volvió a destacar el equilibrio de Busquets, el impulso de Jordi Alba, la construcción de Xavi, la bendición de Messi y la inspiración goleadora de Piqué, Pedro y Alexis. Futbolistas que dejan huella.
Los goles, la mejor medicina
Si normalmente en la vida hay que esperar durante años por la decantación natural del talento (a veces desesperadamente), en el fútbol bastan unos minutos, esta vez cuarenta. En ese instante llegó el primer gol, otra vez a balón parado, un método futbolístico que el Barcelona está dominando con especial destreza en los últimos tiempos. Saque de esquina pateado por Xavi al área chica, la gana Alexis en la frontal, peina al segundo palo y por allí aparece Piqué libre como un pájaro para marcar el primero. Precisamente él forzó el córner que dio origen a la jugada del primero de la noche con un remate que salvó in extremis Ignacio Camacho. Es el segundo tanto del central en este campeonato, por segunda jornada consecutiva, y de nuevo a la salida de un córner. El gol de las reiteraciones que refleja la insistencia del Barça por una nueva apuesta futbolística. Un actor llamado a ser secundario en el papel goleador volvió a pasar al primer plano, aunque hasta entonces el protagonismo se lo habían repartido los de siempre: Messi, Pedro, Alexis y Fábregas, inasequibles al desaliento de estrellarse una y otra vez contra el dispositivo defensivo de Schuster.
Las agoreras trompetas que vaticinaban el apocalipsis de este equipo utilizando la crisis institucional como caldo de cultivo, se acallaron al mismo que tiempo que Messi manejaba el balón y desempeñaba su habitual labor de solista del ataque blaugrana. Jordi Alba y Dani Alves se consagraron como percusionistas de lujo desde los costados, con los otros dos tenores atacantes (Pedro y Alexis) entonando el canto del gol de forma incansable. La orquesta estaba tan afinada que volvió a sonar la sinfonía de los goles. Buena galopada tras recuperación de Alves por el frente derecho del ataque, apoyo con Messi en la frontal y percusión por el centro del argentino hasta combinar con Pedro, que se quita de encima a Angeleri y define por el palo largo. Este gol descorchó las mejores esencias del fútbol del Barça, que no tardó en ampliar su ventaja. Volvió a iniciar Messi desde el centro, cada vez más cómodo con el esmoquin de asistente, se acomodó hacia la izquierda, sirvió otro gran balón a Pedro, que está vez optó por ceder el gol a su compañero Alexis Sánchez. Fue la sentencia a un homenaje de color blaugrana que como las buenas tartas de las grandes ceremonias trajo sorpresa en su interior: regresó Afellay tras un calvario de 20 meses alejado de los terrenos de juego. Una feliz reaparición que le puso la guinda a una noche feliz para el barcelonismo.




























