
El Sporting sube un puesto tras derrotar al Granada y se queda antepenúltimo, a cinco puntos de la salvación.
Podrá bajar a Segunda División, pero lo mínimo que se le puede exigir al Sporting es que muestre en lo sucesivo la misma actitud y el despliegue de hoy contra el Granada. Volvió el espíritu del Numancia, el de Preciado y el de los guajes a El Molinón. Las diez jornadas que quedan hasta la campanada final en esta Liga dirimirán si esa mística ha vuelto a Gijón para quedarse, empezando por la final del próximo miércoles 5 de abril contra un rival directo por la salvación como es el Málaga. Sí, el actual equipo de Jony Rodríguez y Luis Hernández, contra ellos se jugarán la vida los de Rubi. Caprichos del fútbol.
Antes llegará un parón que les vendrá bien a Rubi y sus hombres para templar los ánimos y recargar las pilas. Justo después, el domingo 2 de abril, habrá que medirse al Sevilla en el Sánchez-Pizjuán, la salida más complicada que le queda al Sporting en esta Liga. Aunque con la actitud de este domingo todo es posible, la fuerza de la razón invita a asumir una derrota contra el tercer clasificado, que necesitará los tres puntos como el comer para consolidarse en los primeros puestos tras perder contra el Atlético de Madrid y quedar eliminado en la presente Champions. De ahí el dramatismo y trascendencia del compromiso contra el Málaga en la jornada intersemanal.
En uno de los habituales giros caprichosos del destino, el Sporting se jugará la vida contra dos sportinguistas en potencia como Jony y Luis, que le deben todo lo que son como jugadores al conjunto gijonés, con el que crecieron como futbolistas hasta lograr un ascenso y una salvación. Justo cuando volverán a El Molinón por primera vez defendiendo los colores de otro equipo, lo harán para afrontar un duelo decisivo en la batalla por evitar el descenso. El Málaga llegará a Gijón unos días después de enfrentarse a un grande como el Atlético de Madrid en La Rosaleda. Considerando la dificultad de ese compromiso y la actual situación malaguista en la clasificación (ocupan la 15ª posición, con 27 puntos, 6 más que el Sporting), el duelo a orillas del Piles no será un mero trámite. Los de Míchel no saldrán a pasearse por el verde del templo gijonés.

Víctor Rodríguez fue uno de los más destacados del Sporting contra el Granada y tuvo dos ocasiones clarísimas en el primer tiempo.
Después de un primer tiempo de asedio infructuoso sobre la portería de Ochoa, que se había mostrado como un obstáculo prácticamente insuperable, el segundo se convirtió en una montaña rusa a la que se subió el Sporting a base de agallas, tesón y constancia. Y ahí se sintió cómodo. Es lo que tiene vivir siempre al filo de la navaja, que al final te acabas acostumbrando. El trayecto se puso muy cuesta arriba a raíz del gol de Ingasson escasos minutos después de la reanudación, pero casi sin solución de continuidad los de Rubi se fueron con decisión al ataque y remontaron en menos de diez minutos.
Siete minutos bastaron para que Traoré, Babin y Carmona le dieran la vuelta al partido y consumaran una remontada que llevó el delirio a las gradas y consagró esa frase de que «cuando se cree y se trabaja, se puede». Hubo tiempo incluso para que el Memo Ochoa le parase un penalti al propio Traoré, que pudo aumentar la escabechina sobre el nuevo penúltimo de la clasificación. Desde 1988, el Sporting no marcaba 3 goles en 7 minutos de un partido de Primera (3 goles al Celta en 5 minutos en El Molinón). Eran otros tiempos.
El presente es que si el Sporting cree y trabaja como ante el Granada, ¿por qué no puede conseguir el milagro de la salvación otra vez? Una vez más pueden ganar los jugadores en el césped lo que en los despachos pierden los Fernández, que luego se colgarán la medalla ante sus palmeros, pero ya sabemos cómo funciona este negociado. Alguno puede entonar en el Pizjuán su particular versión del himno del Sevilla y corear aquello de «jesusero seré hasta la muerte». Y luego a celebrarlo con un buen rebujito, claro que sí.
El uno por uno ante el Granada
Mariño: vive a la sombra de Cuéllar, pero cuando le ha tocado sustituirlo ha demostrado que está en condiciones de ser el portero titular del Sporting. No pudo hacer nada en el gol. El Granada apenas le exigió y su mejor intervención fue en el inicio para sacar un remate de Pereira.
Douglas: sigue subiendo más de lo que baja y deja sus mejores acciones en ataque como buen brasileño que es. Tan capaz de desaparecer y borrarse a la hora de defender las jugadas a balón parado del rival, como de prodigarse en ataque con desparpajo y ser uno de los principales iniciadores del juego del Sporting desde el costado derecho.
Meré: vio una amarilla que acarrea suspensión y le impedirá estar en el Sánchez-Pizjuán, aunque llegará limpio de tarjetas al decisivo choque contra el Málaga. Sin ser uno de sus mejores partidos, estuvo correcto en defensa, no se complicó la vida y supo achicar el peligro que llevaba el Granada. Duda demasiado en los balones colgados al área porque no se entiende con su par, algo comprensible teniendo en cuenta que cada semana tiene un compañero distinto en el eje de la zaga.
Babin: su mejor partido como rojiblanco llegó precisamente ante su ex equipo. Generó en el primer tiempo la palomita de Ochoa con un gran cabezazo a la salida de un córner. Había hecho un buen partido cortando y basculando bien en defensa hasta que Ingasson le ganó la espalda con demasiada facilidad en la acción del gol del Granada. Se resarció marcando el 2-1, entrando como un mercancías en el área, su primer gol como sportinguista.
Canella: tuvo muchos apuros para frenar las llegadas de Foulquier por ese costado. Acusó la desventaja física con el francés y sufrió también con las acometidas de Carcela. Agradeció el marcador favorable y la entrada de Isma López para rebajar pulsaciones y carga de trabajo.
Vesga: cada día más imprescindible. Sobre él se apoyó Ingason para marcar de cabeza el gol que el colegiado anuló en los primeros minutos. Clave en la circulación del balón, de sus botas nació el pase a Burgui en la acción del gol del empate. Una cesión de lujo del Athletic para afrontar lo que queda de temporada.
Sergio: como suele ser habitual en su caso, llega en un gran estado de forma al tramo decisivo de la temporada. Está mucho más suelto y arropado gracias a Vesga. Ya no se debe concentrar en exclusiva en defender y se puede prodigar más en ataque, como en la jugada del segundo gol, dejándose caer a la banda izquierda para poner desde ahí un balón de oro a Babin.
Víctor Rodríguez: su mejor partido con la camiseta del Sporting. Intenso en la presión desde el inicio, suyas fueron las mejores ocasiones del primer tiempo. Un mano a mano que tapó Ochoa perfectamente y otro arranque desde el frente derecho que terminó con un remate cruzado al palo con el portero ya batido. Fue sustituido por Traoré al inicio del segundo tiempo porque ya estaba acusando el desgaste y el cansancio.
Carmona: el mejor jugador del Sporting junto a Burgui. No estuvo muy activo en el primer tiempo, pero en el segundo ya se convirtió en el principal llegador del equipo y así materializó el 3-1 entrando solo por el centro del ataque para marcar de tiro cruzado aprovechando así la gran asistencia de Carlos Castro. Lleva 6 goles en esta Liga y es, después de Čop, el máximo goleador rojiblanco.
Burgui: es el mejor futbolista del Sporting en este momento y lleva el peso de todo el fútbol ofensivo del equipo. Suya fue la primera ocasión tras un jugadón individual que culminó con un disparo cruzado que sacó Ochoa, después la tuvo con una volea a bote pronto que se marchó lamiendo el larguero, le regaló el empate a Traoré y provocó el penalti. Se está metiendo en el bolsillo al sportinguismo, al que espoleó después del primer gol, y se llevó la gran ovación del partido cuando fue sustituido por Isma López.
Carlos Castro: sin ser su mejor partido y su mejor momento como sportinguista, sigue siendo un peligro constante en ataque. Ante el Granada solo le faltó marcar después de ser un incordio para los zagueros nazaríes, como se comprobó en la jugada del tercer gol. Es el guaje de la afición y se llevó un merecido aplauso cuando dejó su lugar en el campo a Ndi en los últimos minutos.
Traoré: después de una semana convulsa, marcada por líos extradeportivos, el delantero marfileño sigue demostrando el acierto que supuso traerlo en el mercado invernal. Sin ser un derroche de velocidad y cualidades técnicas, es una referencia en las posiciones ofensivas como se vio en la acción del empate, que llevó su firma. También participó en el tercero, jugando en profundidad para Carlos Castro antes de que éste se la dejara en bandeja a Carmona. Siendo un delantero tanque, aporta bastante más que los típicos hombres de área. Solo le queda el borrón de haber fallado el penalti, aunque más que demérito suyo fue mérito de Ochoa.
Ndi: después de entrar por Carlos Castro dejó para la galería la acción delicatessen del partido al servirla de tacón para que Burgui provocara el penalti que marró Traoré. Su inspiración y calidad individual puede ser vital para el Sporting en el tramo decisivo de la temporada. Pide a gritos más minutos.
Isma López: volvió a jugar dos partidos después de disputar los minutos de la basura en el Camp Nou. No se le veía el pelo en El Molinón desde la derrota contra el Alavés del pasado 5 de febrero y no se merece menos que los aplausos que le dedicó el respetable cuando entró por el MVP del encuentro, Burgui. Siempre solidario en el esfuerzo, Canella agradeció su entrada para liberarle de responsabilidad atrás. Isma pide sitio en el once de Rubi. No se merece estar proscrito.


























