Nueva victoria del Sevilla por la mínima (2-1) ante un Valencia que estuvo muy cerca de puntuar en uno de sus estadios malditos
El de hoy puede ser uno de los partidos y resultados más previsibles en la historia del fútbol si nos atenemos al contexto, al pasado y al presente de ambos clubes y equipos. El Valencia ha vuelto a perder hoy en el Sánchez-Pizjuán, donde no gana desde el día en el que se alzó con el título de liga en 2004, y donde últimamente sufre derrotas traumáticas, donde no se encuentra la de hoy desde luego. Y no se encuentra porque era lo normal. A pesar de que el Sevilla viene de un partido titánico que le enfrentó a la Juventus con un jugador menos durante 55 minutos, lo normal era que pasase lo que acabó pasando. El Valencia jugó al ritmo que quiso, pero no porque lo impusiese sobre el Sevilla, sino porque los hispalenses no daban para más. Han jugado como un cadáver, con casi el mismo once que saltó al mismo césped en Liga de Campeones, y sin ser el equipo dominador y contundente que estamos viendo semana tras semana. Aun así, ha ganado y se coloca segundo en la tabla a falta de los partidos de sus rivales. Las dinámicas son tan opuestas que asustan, una para bien y la otra para muy mal. Es difícil pensar en que el Valencia no sea capaz de salir de ahí, pero lo que si es fácil es acordarse de equipos como el Villarreal en aquel fatídico año. La cuestión es que los chés no juegan del todo mal, no han tirado la toalla, pero siguen sufriendo reveses complicados de digerir. Da la sensación de que siempre consiguen menos puntos de los que merecen, partido tras partido. Envueltos en una dinámica que realmente parece bastante injusta en cuanto a méritos futbolísticos, el estancamiento valencianista no parece tener fin se siente quien se siente en el banquillo.
Tras empatar en Mestalla con el colista, el Valencia se enfrentaba hoy al que podríamos considerar su bestia negra en la última década. No parecía el mejor momento para revertir la situación, pero esa impresión iba a cambiar pronto. Con la baja inicial de Mariano, sumada a la de Nasri, Sampaoli inventó un once donde no modificó el sistema, jugando con tres centrales y Sarabia como carrilero. Doble pivote para N’Zonzi y Kranevitter, dos interiores y Vietto arriba. Lo de casi siempre. Prandelli por su parte arropó muchísimo al equipo en una de las plazas más difíciles de esta liga. Metió también defensa de tres, con Cancelo y Siqueira como carrileros, y un trivote con Parejo en el mando. Arriba quedarían únicamente Nani y Rodrigo. El Sevilla buscó lo de siempre, manejar el partido con el balón, disfrutar de la posesión, presionar y ser un rodillo para torturar a un equipo bajo de moral. El problema fue la gasolina. Duró lo que tenía que durar tras el esfuerzo ante la Juventus. La presión se vino abajo, y el ritmo fue soporífero. A eso hay que añadirle que a priori se esperaba un rival encerrado, y ni mucho menos el Valencia esperó. Presionó arriba con todo y dificultó la salida de balón del Sevilla que desde muy pronto se dedicó a regalar balones en su propia área. Primero Sergio Rico y luego Rami, dieron una clara oportunidad a los valencianistas de adelantarse, pero la pegada sigue siendo un hándicap importantísimo en este equipo. Con un mal Vietto, Sarabia mantuvo al Sevilla firme en ataque, pero sin crear peligro alguno. La primera mitad fue para fingir que nunca ha existido. En cambio la segunda, empezó con Kiyotake en el campo sustituyendo a Escudero. Ben Yedder y Correa también fueron más tarde de la partida, y desde luego ninguno de ellos se reivindicó para estar en el once. Sampaoli cuenta con 14 futbolistas, y cada vez que juegan el resto, le dan la razón. Apretó algo más el Sevilla, y encima se encontró con un error grosero de Garay a los diez minutos. Una jugada entre Kiyotake y Vitolo, acabó con un centro del canario que Garay remató con su barriga a la portería. Sin hacer gran cosa, la inercia ponía por delante al Sevilla. Pero este Valencia, al que parece que los resultados no acompañan a su juego, iba a cambiar de sistema y con Gayá y Munir en el campo iba a pelear el partido. Cancelo logró filtrar un pase tras un gran desmarque de Munir, para que el ex del Barcelona la ajustase al palo cruzado con la puntera. Golazo de gran delantero que sigue viviendo en el banquillo en detrimento de Rodrigo. Pero muy poco le iba a durar la alegría a los chés. A quince minutos de final, tras un córner, Nico Pareja iba a marcar tres días después y de forma muy parecida. El rechace cae en la frontal y esta vez con la izquierda, empalma la pelota que va a parar al palo izquierdo de Diego Alves. Gol y puntilla. Con más corazón que otra cosa, los valencianistas lo intentaron hasta el último suspiro, literalmente. Pero ahí emergió la figura inmensa de Sergio Rico para sacar una prodigiosa mano a Gayá.
El Sevilla sacó los tres puntos, para seguir siendo el mejor local del campeonato con 18 de 21 posibles, mientras que el Valencia espera una derrota de Osasuna mañana para no entrar en pánico, si es que no lo están ya. Esta semana empieza la Copa, la cual en Valencia esperan que no suponga un nuevo quebradero de cabeza para la entidad. A día de hoy este duelo, es bien distinto a lo que marca la historia de nuestro campeonato nacional.



























