Alberto Arauz (@Arauz84)
Lo que era hipótesis ya es un hecho. Cualquier parecido entre este Madrid y el de Pamplona es un chiste de mal gusto. Como los grandes depredadores, el Madrid precisa el aroma a sangre para agudizar sus sentidos. Y las copas parecen la presa predilecta de las huestes de Mou en la presente temporada de caza. Si además está Ronaldo, la garra y la ambición están garantizadas.
Los locales enseñaron la dentadura de salida. En apenas 5 minutos, el Madrid sumaba más tentativas que en toda la noche ante Osasuna. Ronaldo, Modric y Benzema, acumulaban llegadas bailando al son que marcaba la batuta, hoy con acento germano, del Real Madrid. Khedira, cuya meteórica progresión comienza a silenciar a sus detractores, y sobre todo un imponente Özil, acapararon las maniobras de todo el frente de ataque blanco. Sin embargo, el gol (golazo) que inauguró el casillero merengue, partió de la galopada de un actor secundario. Essien, arrancó con esa potente zancada que le hizo ganar su fama, entregó la pelota a Khedira y éste sirvió a Benzema para que fulminara a Guaita y ejecutara un contrataque marca de la casa. Cuando se recuerde al Madrid de Mou, este gol estará en la cabecera.
Pero el Valencia no se amilanó. Los de Valverde trenzaban jugadas con peligro con relativa asiduidad. En una de ellas, Jonas, que ya casi pensaba en la celebración, olvidó que en frente tenía a uno que, si no es Santo, poco le falta. La mano de Casillas evitaba el empate y servía al Bernabéu para volver a recordar de que lado está en el conflicto que Mourinho solito creó. El debate no existe. Sólo en la mente de Mou.
El segundo acto seguía por los mismos derroteros. Los blancos, con un Ronaldo cuya sed de gol crecía por momentos, buscaba ampliar la renta. Pero en estas, el Valencia hilvanó la jugada de la noche. Realizó una preciosa transición desde la defensa para acabar llevando en bandeja el balón a un Soldado que volvió a chocar con Iker. El rechace cayó a pies de Jonas con todo para marcar, pero un flashback de la mano del mostoleño debió recorrer el cerebro del brasileño, que al intentar esquinar tanto el disparo, acabó marrando una ocasión de las que cuesta olvidar. El Madrid, proclive a penar tus errores con dinamita, anotaba merced a un rebote aprovechado por Higuaín un segundo tanto que encarrila la eliminatoria. Y de no ser por Guaita, Cristiano habría rubricado el paso a semifinales en sendas ocasiones que se fueron al limbo. Si Valencia y Málaga no lo evitan, ya se avista un nuevo clásico.


























