Alejandro Rozada (@alexrozada)
Aviso a navegantes: aquí no venimos a hablar del árbitro. Se lo recordamos a José Ramón Sandoval porque al final de su rueda de prensa, tras un decepcionante empate a uno contra el Jaén, les reprochó a los periodistas que no le preguntasen por el árbitro. Mal asunto cuando un entrenador casa el devenir de un equipo con las decisiones del colegiado. En el fútbol ya hemos visto demasiadas veces la película arbitral y generalmente siempre lleva a la famosa y tópica conclusión: lo que hoy te quitan mañana te lo dan, y viceversa. Así de simple. Mal haría el sportinguismo si se escuda en los arbitrajes para disimular sus carencias futbolísticas, que cada día son más indisimuladas. El retrato empieza a ser desalentador.
¿Quién nos lo iba a decir, ingenuos de nosotros, cuando vimos al Sporting liderar la Segunda División después de ganar al Deportivo? Defendimos entonces que el liderato era algo pasajero, igual que evitamos hacer sangre después del tres a cero encajado ante el Alavés en Mendizorroza, pero la herida se está empezando a abrir y duele a los sportinguistas, temerosos de otra larga y fatigosa travesía por el desierto de la categoría de plata, algo que no se puede permitir ni la propia institución ni su entorno. Las finanzas no están para bromas, no está de más recordarlo. Como no se pare la hemorragia, el Sporting corre el riesgo de desangrarse.
Tras el empate en Soria, pensamos que ese punto se haría bueno sumando los tres de esta semana ante el Jaén. Confiamos en la impecable trayectoria mostrada en El Molinón, donde se habían ganado todos los partidos. Pecado de ingenuidad. Se volvió a empatar y eso tiene delito ante un equipo en descenso, el segundo más goleado de la categoría y el peor a domicilio (no había sumando ningún punto como visitante). Pero para eso ya está el Sporting, siempre dispuesto a hacer crecer a los enanos. Cuida a los demás y se descuida a él mismo, una curiosa predisposición hacia la generosidad futbolística que saca de quicio a la afición. Y otro punto a la buchaca, que sirve para sumar 16 y mantenerse en posiciones de ascenso (terceros), pero punto a punto se va alejando de la orilla del ascenso y cada vez le cuesta más hacer pie en una zona con muchas corrientes por el vaivén de equipos con aspiraciones. A esta vorágine están expuestos los equipos a los que les faltan argumentos futbolísticos, ambición e ideas claras.
Partido a partido se demuestra que la cornada propinada por el Alavés en aquella infausta mañana vitoriana del 22 de septiembre, ha calado más de lo previsto. Aquel día, ante un recién ascendido, se terminó el verano sportinguista. Al Sporting se le fue el brillo que desprendió en los cinco primeros partidos y volvió el otoño con sus míticas sombras de antaño. El equipo pasó de vivir en un idílico jardín a enfangarse en un barrizal de dudas y errores. Encajó dos goles en casa ante el Eibar, pero la pegada de Scepovic sirvió para inclinar la balanza y superar los apuros. Después llegó el inofensivo blindaje de Soria y ahora el triste empate ante el Jaén, que precisamente empató gracias a un balón a la espalda de Mandi. Empieza a dar la sensación de que este Sporting va con lo justo por la categoría y a la mínima que los rivales le buscan las cosquillas, se las encuentran. Y cuando el gato Scepovic no está, los ratones de enfrente bailan. Son las cosas de tener a un artillero formidable pero una excesiva dependencia de sus goles.
Se sufre con balón y sin balón
Pero lo más preocupante es que un hombre tan pegado a la hostelería como Sandoval, se empeñe en hacer un pan con unas tortas. Nos explicamos: el juego de un equipo, y menos con aspiraciones de postín, no puede pivotar en torno a un futbolista como López Garai. Da igual que juegue con Bustos o Casquero, por delante o por detrás, incrustado entre los centrales o de pivote en el centro del campo, la fluidez del balón se resiente con su presencia y los errores en el pase son demasiado frecuentes. Y lo sufre especialmente Álex Barrera, que no da a basto y bastante tiene él con organizar los ataques. El de Humanes parece empeñado en atentar contra las más elementales reglas de la cocina futbolística apostando por reducir a la mínima expresión la creación. Quizás es que el míster duda tanto de la defensa que tiene que situar por delante de ella a dos perros de presa por aquello de curarse en salud defensiva. Pero ni por esas. Porque la zaga sufre de idéntica manera y además ve un horizonte sombrío por la inestabilidad en la medular.
Enviado Juan Muñiz al exilio del Mirandés y con Sergio desaparecido en combate, la presencia de Nacho Cases se antoja más necesaria que nunca. El guaje de La Arena tiene calidad a raudales para llevar el mando del juego sportinguista, aunque solo sea para que el equipo juegue a algo. Cases es un hombre de la casa y eso, aprendámoslo de una santa vez, puntúa al alza. Pero el entrenador lo dosifica a cuentagotas. Contra el Numancia lo metió en los últimos minutos para desubicarlo en la mediapunta y ante el Jaén lo dejó todo el partido en el banquillo. Como el chef se mantenga en sus trece, es probable que salga chamuscado de la hornada de esta temporada. Porque en el Sporting hay símbolos y elementos incuestionables, de un valor intangible, y la cantera sigue siendo el principal. Si se empeña en devaluarla, como ha venido haciendo hasta ahora, anteponiendo a jugadores que son de su gusto, su estancia en Gijón no será demasiado alentadora. El Real Sporting de Gijón no se puede permitir a un entrenador que no cree en Mareo.





























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