Egan Bernal, vigente campeón del Tour, ha llegado exhausto a la cima del Puy Mary en la decimotercera etapa
«Un gran poder conlleva una gran responsabilidad», dice aquella célebre frase que siempre resuena en la cabeza de Peter Parker. Sin embargo, no estamos en el neoyorkino barrio de Queens, sino en pleno macizo Central francés. El Tour de France se prepara para el triple asalto a los Alpes de la próxima semana con una jornada de montaña de 191,5 km.
A pesar de los siete puertos que se levantaban en el perfil de la etapa, todo hacía suponer que la batalla entre los favoritos de esta edición de la Grande Boucle no llegaría hasta los durísimos kilómetros finales del Puy Mary (1ª categoría), en cuya cima se encontraba la meta de esta decimotercera jornada.
Y así fue. La etapa estuvo delante, en una fuga de la que Daniel Felipe Martínez (EF1), ganador de Dauphiné, se llevó el ansiado botín de la victoria. Ya en el grupo de los mejores, el dúo esloveno de moda, Primoz Roglic (TJV) y Tadej Pogacar (UAE), volvieron a mostrar un día más su solidez y garra cuando la carretera se pone cuesta arriba.
Ambos entraron juntos en meta por delante del resto de favoritos, que llegaron en goteo durante los siguientes segundos y minutos. No hubo pérdidas especialmente importantes salvo el caso del hasta entonces tercer clasificado de la general, Guillaume Martin (COF), que llegó desfondado a 2 min 46 s de los eslovenos, saliendo del top 10 de la carrera, y Romain Bardet (AG2R), cuya caída durante la etapa le pasó factura y coronó con 2 min 30 s de tiempo perdido. Horas después hemos sabido que sufre una conmoción cerebral y debe abandonar la ronda gala.
La carga de Bernal
Curioso fue el caso del vigente campeón del Tour, Egan Bernal (IGD), quien se dejó 28 segundos en la cima del Puy Mary después de unos kilómetros de agonía para poder seguir el ritmo impuesto por el equipo Jumbo y por Pogacar en la recta final de la subida. El colombiano terminó la etapa exhausto y molido física y anímicamente.
Aunque sigue muy bien colocado en la general de la carrera, tercero a 59 segundos del líder, Roglic, el corredor del INEOS Grenadiers es muy autocrítico y consciente del papel que quiere desempeñar en la ronda gala, así como de las aspiraciones de su propio equipo y de la afición que el pasado año se rindió a sus pies.
Me sentía muy bien, pero los otros estaban más fuertes. Hay que aceptarlo cuando los otros han estado mejor
Egan Bernal
Independientemente de las dificultades de una temporada tan extraña como la de 2020 y de los percances en su preparación para el Tour (que también tuvieron rivales como el propio Roglic), hay varios factores que inciden especialmente en la presión que hay sobre Bernal y la ‘responsabilidad’ que el jefe de filas del conjunto INEOS pueda sentir en etapas como la de este viernes, en la que el cuerpo no ha respondido al mismo nivel que el de algunos rivales. Lo cierto es que sobre su sien carga el peso de la corona del ciclismo mundial.
Ser el ganador del Tour de France no es moco de pavo. Ser el primer colombiano de la historia en lograrlo, tampoco. Y tampoco lo es acudir el año siguiente con el dorsal número 1, el objetivo de defender el título y todas las miradas puestas en ti. Después de un año en el que Bernal ganó prácticamente todo lo que disputó y se echó a la afición (por no hablar de su país) en el bolsillo, cada temporada es un mundo (más aún esta) y el nivel está muy igualado. Partir como uno de los máximos favoritos nunca ayuda a relajar tensiones.

Además, Bernal ha ganado el 50 % de los Tours (y de las grandes vueltas) que ha disputado. Acudió en 2018 como gregario, finalizando en decimoquinta posición, y un año después se vistió con el maillot amarillo en los Campos Elíseos. A sus 23 años, el Tour 2020 es la tercera grande que disputa, y el nivel impuesto por sí mismo es colosal. Sin duda, tiene un gran poder.
Por último, la responsabilidad. La confianza depositada en el colombiano por la dirección del conjunto INEOS este año es clara. En una escuadra que se ha fortalecido tanto, con tantos posibles líderes, Bernal fue la apuesta clara —y única, con permiso de Richard Carapaz— para el Tour, el objetivo más importante de la temporada. Tanto es así que se decidió dejar a dos campeones de la carrera en casa (Thomas y el tetracampeón Froome) para ir a por todas con su jefe de filas más joven. No decepcionar a los de arriba con lo competidos que están los galones debe ser un plus a toda la presión que ya genera la prueba por sí misma.
El tramo decisivo de este Tour 2020 aún no ha llegado, pero la forma en que Roglic va sacando diferencias a sus rivales, esperando que estos caigan por sí solos al no poder seguirle el ritmo, hace intuir que, a falta de la visita del tío del mazo o de males mayores (esperemos que no), corredores como Bernal van a tener que llevar a cabo un ciclismo ofensivo, decidido y valiente para poder invertir la situación. Si hay alguien capaz de sorprendernos —y con un equipo capaz de causar estragos— es este Peter Parker colombiano al que aún le falta mucho para tocar techo.


























