Siempre Messi. Lo avisaba Sampaoli en la previa y así sacó a su Sevilla al Pizjuán, con el mejor antídoto antiMessi que existe. La presión alta del equipo hispalense rompió la circulación de balón del Barça y cortocircuitó el juego del tridente. Si no te llegan balones, si no la hueles, no puedes hacernos daño. Tanto ímpetu puso el Sevilla que en el primer minuto ya había avisado dos veces a Ter Stegen de sus intenciones. El conjunto andaluz, poderoso en la presión, manejaba con solvencia el cuero, ganaba la posesión y dejaba al Barcelona a merced de cazar una contra que le permitiese respirar. Y es que los pelotazos de la zaga culé y la desconexión de Busquets cuando los partidos se vuelven locos son los males de este Barça a principios de curso. A veces sale bien, la mayoría, a veces mal, como el martes pasado en el Etihad ante el City de Guardiola.
El Sevilla seguía manejando el partido a su antojo. Escudero y Mariano eran un dolor de cabeza para los laterales barcelonistas, que ya tenían bastante con Vitolo y Sarabia. Nasri y el Mudo Vázquez hicieron un primer tiempo digno de Xavi e Iniesta y Nzonzi se bastaba para contener a Denis y Rakitic si superaban -las pocas veces que así fue- la primera línea de presión sevillista. El gol local llegó muy pronto, al cuarto de hora, cuando Vitolo aprovechó un fallo de Sergi Roberto para plantarse frente a Ter Stegen y batirle con facilidad. Está de dulce esta temporada el canario y Sampaoli lo sabe y lo explota.
La primera parte fue, probablemente, la peor del Barça este curso. Y ya llevamos unas cuantas consecutivas. Del espesor ante el Granada pasamos al baile del City y terminamos en cuarenta minutos horribles, con baño del Sevilla de regalo. Suerte tuvo y tiene el equipo de Luís Enrique de la falta de acierto sevillista y de que el físico pasó factura. Cinco minutos bastaron para que Messi se animara y, tras combinar con Neymar, diera un pase a la red superando a Rico.
El empate, el clásico gol psicológico, demolió al Sevilla. Porque la segunda mitad fue un recital del diez argentino. Fue Xavi, fue Iniesta, fue Messi, fue lo que quiso e hizo y deshizo cuando le vino en gana. Y así es más fácil. Así, Luís Enrique puede presumir de uno de los mejores ratios de victorias y títulos de cualquier entrenador en activo.
Tras un robo en mediocampo en la salida de balón de los de Sampaoli, el balón le llegó a Messi. Era el minuto sesenta. Avanzó y superó a quien se puso a su paso y cedió a Suárez para que, por bajo, batiese a Rico. El Barcelona estaba por delante, probablemente sin merecerlo hasta ese instante. Porque a partir de ahí vinieron los mejores momentos del Barça. Con espacios, claro. Messi tuvo tres ocasiones claras que no materializó. Suárez otra. Y Neymar, errático, perdonó demasiado. Así, gracias a eso, el Sevilla llegó vivo a los instantes finales. No se rindió. Nunca se rinde, y entregó cara su derrota frente al mejor de los Messi(s) y uno de los peores Barcelona(s).
Ficha técnica:
Sevilla: Sergio Rico, Mariano, Carriço, Rami, Escudero, NZonzi, Nasri (Iborra, ’78), Vitolo, Sarabia (Correa, ’84), ‘Mudo’ Vázquez (Ganso, ’68) y Vietto.
Barcelona: Ter Stegen, Digne, Umtiti, Mascherano, Sergi Roberto, Rakitic (Gomes, ’73), Busquets, Denis Suárez (Rafinha, ’85), Neymar, Messi y Luis Suárez.
Goles: 1-0 (Vitolo, ’15). 1-1 (Messi, ’43). 2-1 (Suárez, ’61).
Árbitro: Jaime Latre. Amonestó a Neymar, Ramí, Sergi Roberto, Messi, Mascherano, Mariano, Digné, Nzonzi, Carriço y Suárez.




























