El Sevilla ha empatado a cero ante la Juventus en la plaza más difícil de su grupo, tras un planteamiento más que exitoso de Sampaoli y una actuación estelar de Sergio Rico
Nada que ver este comienzo del Sevilla en una nueva andadura en Liga de Campeones con la actuación paupérrima del pasado curso en el mismo escenario. Esta vez Sampaoli cambió la idea que lleva sosteniendo desde su llegada a España, y adaptó el equipo a lo que demandaba la cita. Primer partido de la fase de grupos, el más difícil, y en el que sacar un punto sería encontrar petróleo. Se olvidó del nueve puro, dejó al tercero en Sevilla, al segundo en la grada, y al teórico titular en el banco apostando por Franco Vázquez como hombre más adelantado. Pobló el centro del campo y metió a Mercado por primera vez en su posición natural de lateral derecho. Se ocupó mucho más del peligro de Asamoah y Evra el argentino en su costado, que Escudero de su banda donde disfrutó de un carril en solitario. Con Iborra, Kranevitter y N’Zonzi, las coberturas estaban garantizadas, y N’Zonzi por fin con algo más de respiro que cuando actúa como único cortafuegos. Esperando la versión estándar del técnico argentino, Allegri protegió más el centro del campo en un claro error de inicio. El resultado, un tostón casi durante 90 minutos.
El Sevilla obvió que a esto hay que jugar metiendo la pelota en la portería contraria, y se preocupó de que no la metieran en la suya. La consigna era clara, y para ello hay que creer en la apuesta. Los catorce que jugaron creyeron en ella de principio a fin y hombres como Franco Vázquez se vaciaron en defensa tanto como los de atrás. El Sevilla con bastante éxito tenía dos tareas principales, una que Kranevitter fuese una sombra de Dybala, y otra la presión sobre Lemina en la salida. La posesión era innegociable, y los rojiblancos dominaron la pelota en la primera mitad, algo que pareció más un problema que una virtud. Lo que no ha cambiado son las pérdidas de balón sevillistas en la salida, y hoy encima el acoso de Khedira, Asamoah y Lemina hizo que las pérdidas se multiplicasen en campo propio, viéndose más de una vez un duelo entre Higuaín, Dybala y los dos zagueros nervionenses, que afortunadamente siempre se saldaron del lado sevillista. Sergio Rico en una de ellas acertó por primera vez en el encuentro al arrebatarle a Dybala el gol en uno contra uno. Si Buffon podría no haberse ni puesto los guantes, Rico casi que tampoco en la primera mitad.
En la segunda la Juventus dominó más, y como digo esto no fue del todo malo para el Sevilla. No tuvo tantas pérdidas por no acaparar la pelota y el poco peligro que sufrió llegó desde el orden defensivo y la superioridad de jugadores estrella como Dybala. Se juntó bien el equipo y compacto, eliminó cualquier peligro por el centro, dejando su suerte al acierto italiano por banda. Higuaín tuvo una y la estrelló en el larguero, pero nada más. Los centros turineses se estrellaron una y otra vez contra la zaga sevillista sin obtener premio, que quizás tampoco merecieron demasiado. Erró mucho la Juventus en el último pase y en las combinaciones en tres cuartos de campo, lo que provocó principalmente que el Sevilla, tras la entrada de Joaquín Correa, se estirase más en busca de un premio mayúsculo. Solo estuvo cerca en una gran jugada del ‘Tucu’ tras driblar a Chiellini, pero su disparo se marchó desviado. Para variar, un poco de épica no podía faltar en un partido donde los de Sampaoli son protagonistas. La última llegada en el minuto 92 de la Juve, culminó con un cabezazo de Alex Sandro abajo que sacó Sergio Rico en una de las grandes paradas de la jornada. Fue la confirmación del trabajo bien hecho, y la consecución de un punto de oro que aumenta de forma extraordinaria la moral para conseguir el objetivo, que no es otro que volver a unos octavos de final de Liga de Campeones.



























