Nueva derrota del equipo de Abelardo, que lleva más de un año sin ganar fuera de casa y ha sumado 5 puntos de 42 posibles. El conjunto de Setién fue muy superior y su victoria por la mínima se queda corta después de su dominio y las ocasiones creadas. Los sportinguistas se aferran a los malos resultados de los dos últimos clasificados y a la crisis del Valencia para sobrevivir.
No es una dimisión irrevocable porque todavía quedan por delante dos jornadas de la primera vuelta y toda la segunda entera, pero lo del Sporting en el Estadio de Gran Canaria fue una dimisión en toda regla. El equipo ha renunciado a competir y plantar cara a los rivales, tratando a todos y cada uno de ellos como si fueran protoequipos que están a años luz de distancia. En realidad lo están. Uno veía tocar el balón a Las Palmas, con el Sporting atrincherado en su campo, y parecía estar viendo a la selección brasileña contra un combinado nacional de medio pelo. Pero en ese mismo campo, hace menos de un año, los rojiblancos empataron a uno. Claro que por aquel entonces estaba en el conjunto asturiano un tal Jony, precisamente el autor del gol aquel día.
Que el marcador no nos lleve a engaños: Las Palmas fue muy superior y el uno a cero se queda corto al lado del juego desplegado y las ocasiones creadas por el conjunto canario. Desde que empezó el partido dominaron el balón y asediaron la portería de Cuéllar, que se convirtió en el héroe del Sporting. El portero se volvió a poner la capa de San Pichu y empezó a hacer milagros desde los primeros minutos ante Lemos, Boateng, Viera y El Zhar, que fue frente al que sucumbió en la jugada del único y definitivo gol del partido. No pudo hacer más el guardameta, ni siquiera la zaga y la mejor instantánea se reflejó en el tanto de los locales, con Meré y Lillo intentando despejar en vano el balón para acabar sacándolo de dentro de la portería. Remar y morir en la orilla. Una imagen de impotencia y frustración que refleja a las claras el estado de nervios que es el conjunto gijonés ahora mismo.

Las Palmas ganó el Sporting y ya lleva casi un año sin perder en el Estadio de Gran Canaria (desde el pasado 13 de marzo de 2016).
Seamos claros: el Sporting de Gijón está muerto. Año nuevo y siguen las nefastas sensaciones alrededor de un equipo cuya única propuesta futbolística consiste en esperar en campo propio y tratar de sorprender a la contra. No hay más que echar un vistazo a las estadísticas (posesión del 66% de Las Palmas y del 34 del Sporting, 536 pases de los locales y 226 de los visitantes). Ni quieren ni pueden tener el balón los de Abelardo, que solo aspiran a sacar provecho de algún fallo del rival, al que ceden por completo el control. Solo se rompió esta tendencia ante Osasuna y el resultado fue una victoria (3-1), pero estamos hablando del colista, un equipo destrozado que acaba de destituir a su entrenador, Joaquín Caparrós, al que sustituirá el delegado, Petar Vasiljevic. Como refleja la clasificación, solo el cuadro rojillo y el Granada son peores que el Sporting. Y al granadino ni siquiera le ganaron (0-0 en Los Cármenes).
Y volvemos a lo de siempre: ¿Cuál es la solución? ¿Dejar las cosas como están habida cuenta de que hay dos equipos por debajo y, a la espera del partido del lunes en El Sadar, el Valencia tiene los mismos puntos que el Sporting? Solo la dinámica negativa de los rivales ofrece algo de oxígeno a los rojiblancos, que llevan semanas aspirando a salir del descenso con una victoria. Podría llegar si se gana el próximo lunes al Eibar, el verdugo copero, en El Molinón. ¿Y si se pierde? Así llevamos años en Gijón, aferrados al «y si», siempre viviendo a partir de condicionales e hipótesis. A merced de los rivales, en definitiva. De esta forma se explica que este equipo lleve un año sin ganar fuera de casa, sumando 5 puntos de 42 posibles. Un bagaje nefasto propio de un equipo ascensor, que sube y baja de categoría con demasiada asiduidad, y siempre está rondando el abismo.
¿La solución es destituir a Abelardo? ¿Al hombre que resucitó a un equipo que estaba destrozado con Sandoval en la temporada 2013-14, lo devolvió a Primera una campaña después y lo mantuvo ahí la pasada Liga? Con ese pasado fresco en la memoria, ¿por qué no lo va a conseguir otra vez? Y si lo echan, o se hace un Prandelli y renuncia él, ¿por quién lo sustituyen? ¿Por Clemente, que ya descendió al Sporting en la temporada 2011-12? ¿Por Caparrós, al que acaban de tirar de Osasuna después de no ganar ni un solo partido de Liga con el conjunto rojillo? ¿Por el entrenador del filial, José Alberto López? Esta última parece la solución más factible y sensata, teniendo en cuenta la situación económica de la entidad, el precedente de Abelardo y su condición de hombre de la casa también. Al final, siempre hay que mirar a Mareo.
Se dejó de mirar a lo de casa esta temporada, llegaron 13 fichajes procedentes de distintos equipos el pasado verano y ahí tenemos al Sporting, tercero por la cola y transmitiendo unas sensaciones nefastas partido tras partido. Abelardo tiene, lógicamente, su cuota de responsabilidad en este sentido, pero por encima de él hay más personas en el organigrama del Sporting. Es inevitable volver a apuntar al director deportivo.
¿Dónde está Nico Rodríguez? ¿Cuál es su función? ¿Qué papel tuvo en la confección de la plantilla actual? ¿Por qué no frota la lámpara y saca algún genio como lo sacó en Las Palmas o Alcorcón? ¿A quién más se puede fichar? ¿Quién tiene la última palabra en materia de fichajes? ¿Abelardo o Nico? Pues ante este percal, respetando la condición de hombre de la casa del míster, algunos pensamos que la solución sería que destituyeran a Nico, o renunciara él a lo García Pitarch, antes que hacer lo propio con el míster. El problema es que, si caen cualquiera de los dos pilares que sustentan la planificación deportiva del Sporting, la junta directiva se quedará sin escudos. Y podría pasar lo mismo que está pasando en Valencia.
El «Peter vete ya», que atrona en la capital del Turia, se podría entonar a la asturiana en Gijón con un «Fernández vete ya». Y ante tanta pregunta, tan pocas respuestas y tanta dimisión en funciones, terminamos planteando una simple duda. Si Peter Lim puso 200 millones para hacerse con la propiedad del Valencia, del que ahora le quiere tirar la afición, ¿cuántos pusieron José Fernández y familia para hacerse con el control del Sporting?




























