El Sevilla venció 0-1 al Dinamo de Zagreb en el Maksimir Stadium gracias a un gol y una nueva actuación soberbia de su estrella Samir Nasri
Nueva victoria del Sevilla lejos, muy lejos esta vez de Nervión, que le sirve para respirar en su grupo de Liga de Campeones y verse muy cerca de las fases eliminatorias, y así despedirse de su trofeo fetiche al menos por este año. El partido no tiene mucho análisis, los datos hablan por sí mismos. El Sevilla fuera de casa, ha tenido hoy el 79% de posesión, y ha completado 754 pases, dando 851. A eso hay que añadirle los cero tiros a puerta del Dinamo de Zagreb y las 183 ocasiones en la que Samir Nasri ha tocado el balón, fallando tan solo 12 pases en todo el encuentro. El futbolista francés se está convirtiendo partido a partido en el sustituto natural de Banega, tanto en tareas como en posiciones del campo, con la diferencia de que abarca mucho más y tiene muchísima más llegada y gol. En contra, su libertad propicia menos intervenciones en defensa de las que hacía el Banega de Emery. En cualquier caso, Sampaoli ha encontrado su pieza clave a la que mimar. Domina, templa, corre cuando debe, y contemporiza cuando lo necesita el equipo. Es la pieza fundamental del engranaje que hace jugar a los de Nervión, y ha venido a recuperar el nivel de jugador “top” que se le presupone. En ello está, y en ello están los que le rodean, los cuales solo han perdido un partido de los 11 jugados entre la liga y Europa, no encajando en seis de ellos. Ciñéndonos a la competición que nos ocupa, es uno de los equipos junto con Leicester, Juventus y Atlético de Madrid (con un partido menos) que todavía no ha recibido un gol en contra. Es cierto que el Dinamo le ha tenido demasiado respeto al Sevilla durante gran parte del encuentro, de hecho aún con el 0-1, los once del conjunto croata estaban arrinconados en su área, dándose un respiro solo en los últimos compases del encuentro.
De salir con un central en Butarque el pasado sábado, a salir hoy con tres. Rami, Mercado y Pareja han sido casi meros testigos de lo que ha pasado más adelante. N’Zonzi de pivote, Mariano y Escudero como carrileros teóricos, pero realmente jugando de extremo. Nasri y Vitolo por dentro, y Franco Vázquez y Vietto arriba. El muro croata era de dos líneas y un pelele. La primera atrás de cinco y luego otra de cuatro. Todo esto en un cuarto de campo, agazapados por si la fe les brindaba una contra que llegarían con cuentagotas. Un partido de frontón no le hubiese ido muy a la zaga a lo que hemos visto. La primera mitad fue un monólogo absoluto del conjunto de Sampaoli, que al margen de gustarle jugar con la posesión, vio como el Dinamo le dejaba la pelota sin mayor problema. Sergio Rico vivió el partido como espectador, y N’Zonzi, Nasri y Franco Vázquez con mucha paciencia, mecieron el balón por el césped croata. El jugador más adelantado de los locales vivió toda la primera parte en la media luna de su área, y aún así el Sevilla dispuso de ocasiones. Mariano y Escudero buscaron bien sus opciones por fuera cuando Vitolo, Vietto y Vázquez ejercían de interiores, y fue la vía más rápida para crearle peligro a los balcánicos. Con las internadas de los carrileros llegaron las primeras opciones claras con dos disparos del Mudo desde la frontal que se marcharon desviados, y un rechace que cazó Mariano al vuelo y que se convirtió en córner de milagro. Mientras sucedía esto, el partido consistía en ver a Nasri trotar por el césped mientras sus compañeros lo usaban para todo y él distribuía a banda, atrás, hacia delante, por alto o por bajo. Así se encontraron los huecos y así llegaría el gol a falta de ocho minutos para el descanso. El propio Nasri inicia la jugada y se mete un carrera de 40 metros, para que Mariano tras pase de Vietto, metiese una asistencia de lujo para que el francés con un exquisito toque de calidad, la depositase en el fondo de la red ante la quietud del portero. Tardó en llegar pero llegó. Cero a uno y partido al descanso para que en la segunda parte, todo comenzase como terminó. Estos partidos solo importa ganarlos. El Sevilla tenía toda la presión en estos tres puntos obligatorios, y el oficio y la posesión le dieron la supremacía. El campo con la lluvia torrencial pesaba tanto que la gasolina no duró demasiado, aunque si dio para que los sevillanos disfrutasen de alguna ocasión más, como una clarísima de Vietto que incomprensiblemente mandó el mano a mano fuera. Cuando el Sevilla se apagó, el Dinamo adelantó líneas y empezó a buscar la portería de Sergio Rico. No pasaron sus acciones de meros sustos, puesto que la puerta no la encontraron en los noventa minutos. A pesar de la diferencia mínima, el Sevilla no sufrió y acabó venciendo con más comodidad de la que muestra el marcador final.
La victoria de la Juventus en Lyon hace que la próxima jornada los italianos y los sevillistas tengan la opción de ser equipo de octavos si ganan sus encuentros en casa ante los mismos rivales de hoy. El Sevilla ya se lo cree, la realidad de los octavos está mucho más cerca.



























