Alejandro Rozada (@alexrozada)
«Ni antes éramos el Bayer Leverkusen, ni ahora somos la última mierda que cagó Pilatos». Nunca está de más recordar frases célebres del sportinguismo ilustrado, y menos cuando éstas corren a cargo de alguien tan añorado como Manolo Preciado. Se podrían recuperar otras, como el tristemente recordado «esto es lo que hay» de Antonio Maceda, cierto es, pero quedémonos con lo bueno. No podemos pasar de la euforia a la desolación en una semana, del optimismo al pesimismo, del blanco al negro. Si de algo ha pecado el Sporting en su historia reciente es de no manejar correctamente la escala cromática, siempre aferrado a un pantone en el que los colores neutros son vistos con rechazo y casi con hostilidad. Duele mucho perder como se perdió ayer en Vitoria. El Alavés se almorzó al Sporting en media hora, marcando dos goles que encarrilaron el partido. Pero, lo dicho, seamos prudentes. Igual que el liderato conseguido el domingo pasado tras vencer al Deportivo en El Molinón fue algo puramente anecdótico y una concesión gratuita para mirar por el retrovisor a los rivales durante unos días, la derrota en Mendizorroza tampoco es un cataclismo. Que sirva para tratar de encontrar el término medio. El realismo perdido, en definitiva.
Duelen la apatía, la falta de concentración y el desconcierto. Se podía perder de muchas maneras ante el Alavés en su campo, pero hacerlo por un rotundo tres a cero roza la incomparecencia. Para eso casi habría valido más no presentarse por Mendizorroza y dar por perdido el partido automáticamente. Porque el Sporting perdió en Vitoria de la forma que más escuece a su afición, sobre todo cuando ellos se habían subido a la ola del optimismo hasta formar una mareona de mil sportinguistas en tierras vascas. Que después del esfuerzo de los sportinguistas, el equipo entregue la cuchara a las primeras de cambio y se deje ir es una puñalada trapera. Pero haya calma, señores, que la Liga no se ha terminado. Después de seis jornadas disputadas, el conjunto rojiblanco ocupa la cuarta posición con 11 puntos, empatado con otros tres equipos (Ponferradina, Murcia y Córdoba). Impera la igualdad en la categoría de plata, donde ya se vislumbra una tendencia prácticamente general a alternar triunfos y derrotas. La prueba es que aún no se ha destacado ningún rival y el líder es el Recreativo de Huelva con 13 puntos, solo dos por encima de sus cuatro inmediatos perseguidores. Baste recordar un dato para constatar lo apretado que está el pelotón: el Mirandés, que es el noveno clasificado, tiene a tiro de una victoria el liderato de Segunda.
El problema de una derrota tan estrepitosa es que da demasiada carnaza a los agoreros. Y algún oportunista empezará a decir aquello de «lo de siempre», «este equipo no sube en la vida» o «¿el Sporting? Perdería, pa´variar». El oportunismo de algunos se ceba con especial virulencia contra este equipo cuando vienen mal dadas, otro gallo canta cuando vienen bien dadas porque esos mismos son los primeros que se suben al carro de las victorias. No miramos para nadie… Simplemente nos vamos a la hemeroteca para recordar que la inolvidable temporada del ascenso, el Sporting pasó por un bache de tres derrotas consecutivas ante Celta, Nástic y Málaga en la primera vuelta. ¿Cuántos caerían en el derrotismo después de esta mala racha? Y al final hubo el final feliz que todos recordamos.
El caso es que Sandoval tiene deberes. Para empezar debe corregir la dinámica del equipo a domicilio, que presenta un pobre bagaje de dos empates y una derrota, demasiado mediocre para aspirar al ascenso. Eso debe pasar en principio por apuntalar la defensa. Al margen de lesiones como la de Rober Canella, no es de recibo tanto baile de nombres en los laterales, donde se alternan Lora, Luis Hernández, Alex Menéndez y el propio Canella; y eso independientemente del trabajo en el centro de la defensa porque allí tiene una singular faena de apuntalamiento de la zaga para evitar que les sigan ganando la espalda con tanta facilidad a Bernardo y Mandi. Tampoco estaría de más conceder algún minuto al canterano Julio, deseado por el Inter de Milan, para que se vaya rodando. Y a falta de faena en la delantera, donde Scepovic es indiscutible, el míster tiene trabajo en la medular porque a este equipo le falta fútbol. Salvo causa de fuerza mayor, la titularidad de Nacho Cases debería ser indiscutible para tratar de organizar el juego en coordinación con Alex Barrera. En la destrucción, López Garai y Cristian Bustos deberían luchar por un puesto porque ese rocoso doble pivote parece más que discutible. Y no desdeñemos la presencia de Casquero, cuya veteranía y conocimiento no vendrían nada mal. E independientemente de los méritos contraídos por Isma, Carmona, Santi Jara y Fraile para alternarse en la línea de tres mediapuntas, tampoco sería un pecado capital modificar ligeramente el sistema para que Miguel Ángel Guerrero acompañe en la punta del ataque a Scepovic, a la espera de ver cómo resuelve Lekic la incógnita de su fichaje.
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