José Aurelio Gay había dicho durante la semana que la mentalidad y el juego iba a ser diferente que en el anterior partido ante Las Palmas. Y el técnico verdiblanco cumplió con su palabra. Pero en esta ocasión, aunque el Racing puso de su parte, no pudo sacar un resultado positivo y continúa siendo colista. Con empate a uno en el marcador, el equipo cántabro era superior al Córdoba. Lo era, porque fue, prácticamente, matado del partido por el colegiado balear Sureda Cuenca mostró once tarjetas amarillas (nueve a los locales y dos por parte visitante), dos de ellas dobles para los cántabros y mandó a la ducha, con roja directa, a Dorca, en un encuentro que no se puede clasificar, precisamente, como duro. Tres expulsados. Demasiado lastre para un Racing que no consigue levantar cabeza. Como era de esperar, el conjunto andaluz dio la vuelta al marcador. El esfuerzo fue en vano.
El Racing empezó el partido con las ideas claras. Presionando en campo contrario, bloque conjunto y sin apenas espacios entre lineas y buscando contras o segundas jugadas con Quini. Parecía otro equipo con seriedad e imagen de equipo dio la impresión que así pueden luchar por salvarse. Este cambio de actitud trajo consigo un gol en el minuto 17 de Marcos Gullón que se elevó por encima de los defensas para rematar de cabeza al fondo de las mallas y poner el 1-0.
Pero apenas 10 minutos duro la alegría por la poca intensidad en defensa una falta en la frontal. Mario no estuvo acertado en su intento de atrapar el duro disparo de Abel Gómez, que se coló, centrado, en la meta cántabra. El empate andaluz provocó unos minutos de incertidumbre en el Racing, que se repuso, de nuevo, a base de actitud. La presión surtió su efecto. Físico, sobre el césped, y mental, en las cabezas de los futbolistas visitantes, que llenaron su fútbol de imprecisiones. Los de Gay volvieron a verse capaces. De dominar, de llevar el mando del partido, de ganar de una vez…
Así volvió el equipo cántabro tras el descanso, con la mentalidad del que sabe que, quién quiere, puede. La mejoría era notoria y el escaso público agradeció el esfuerzo con aplausos. El que da, recibe.
Y cuando los racinguistas notaban el aliento de su afición que no paraba de animar llegó el protagonista del partido levantando el brazo que acabo en convertirse en el enemigo del Racing. Francis vio su segunda tarjeta amarilla tras una presunta obstrucción, dejaba al Racing condenado con diez jugadores.
Pese a la expulsión el equipo no le perdió la cara al partido. Juanmi lo intentó, trató de sortear rivales en la frontal del área y, en un forcejeo, un rival mete el cuerpo y el delantero cae al suelo. Lo que pareció un simple lance del juego, terminó con el malagueño también expulsado, esto acabo con el estallido del público hacia el arbitro y los lineas.
El Racing estaba a merced de un Córdoba flojo. Pero el tanto visitante era cuestión de tiempo. Mario, con dos grandes intervenciones, se resarció y retrasó la derrota. El gol llegó en el minuto 63. Un centro de Dubarbier, lo remataba Pedro, en el segundo palo, ante la falta de oposición de Tiago Pinto. Se veía venir. A pesar de los obstáculos, el Racing lo intentó. Este equipo no quiere bajar a Segunda División B. Koné ganó la espalda a la defensa y, en el mano a mano con Alberto, fue el meta el que salió victorioso.
Pero el espectáculo bochornoso del arbitro Sureda Cuenca siguió pese a que el Racing con nueve siguió intentándolo pese a estar a la merced de un flojo Cordoba. Se volvió a ver el brazo levantado del arbitro nueva tarjeta roja para el conjunto cántabro esta vez a Dorca. El centrocampista catalán entró con la plancha a un rival a la altura de la espinilla (el árbitro en el acta, dice que fue por detrás). Una entrada dura cuyo castigo tuvo más de ensañamiento, que de justicia.
El Racing tiro de orgullo y la afición se lo dolvio sin parar de animar pero el equipo estaba muerto con ocho jugadores sobre el césped. Dentro de los ocho minutos de descuento que dio el colegiado. López Silva hizo el tercero y remató al conjunto cántabro, que cayó, desplomado, en el fondo de la clasificación. Injusto desenlace esta vez, para el conjunto cántabro.



























