AITOR PLAZA (@AitorPlaza1)
El Athletic de Bilbao vuelve a la Champions 16 años después tras vencer 3-1 al Nápoles, quedando un global de 4-2. Aduriz, por partida doble, e Ibai marcaron los goles en un partido, y una eliminatoria, marcado por los errores defensivos napolitanos.
San Mamés se estrenaba al completo y no lo podía hacer de mejor manera, certificando la clasificación para la máxima competición europea. Valverde planteaba el partido de manera similar al de San Paolo, el mismo once, con jugadores que descansaron en liga al no jugar contra el Málaga. Rafa Benítez sí que variaba algo su alineación inicial. Mertens, fundamental para los italianos en la ida, entraba dejando en la banqueta a un joven Insigne del que siempre se espera más, y Ghoulam sentaba al uruguayo Britos.
El inicio del encuentro era similar al vivido en Nápoles, los dos equipos muy temerosos a cometer errores. Los leones presionaban arriba, mientras que los partenopeos, incomprensiblemente por otro lado, esperaban atrás como si no tuvieran que marcar un gol para clasificarse. Pese a esto la primera ocasión clara la tenía Higuaín con un disparo lejano que no alcanzaba portería por escasos centímetros. Poco a poco el Athletic iba haciéndose con el control, dirigidos por la batuta de un Beñat, que rindió a gran nivel durante el primer tiempo. De sus botas salía un corner que no remataba con acierto el capitán Gurpegi. Cerca del minuto 30 era el otro central, Laporte, quien a punto estaba de marcar, pero el francés no acertaba a rematar con certeza. Al final de la primera parte parecía que el tanto rojiblanco tenía que llegar, sin embargo, pese a las ocasiones, este no llegaba.
El segundo acto comenzaba de la peor manera posible para los vizcaínos. Hamsik, el capitán de los azzurri, recogía un despeje blando de Balenziaga y desde la frontal conectaba un chut imposible de detener para un Iraizoz que se estiraba para intentarlo. El Nápoles, en su primer tiro a puerta, se adelantaba, como si el guión escrito por Benítez se cumpliera a la perfección. Al Athletic le costaba reaccionar. El lateral de zumarraga lo intentaba con un disparo lejano al que respondía Rafael adornándose. Los partenopeos lo intentaban a la contra, pero Iraizoz, jugando casi de líbero frenaba los intentos de los transalpinos. En el 55 llegaba un movimiento de pizarra clave en el encuentro, un entrenador acertaba y el otro no. Benítez metía a Britos en el campo para sustituir a un falto de forma Ghoulam, pese a tener a Zúñiga en la banqueta. Hay que recordar que el uruguayo (Britos) es un buen central, pero tiene muchas carencias desde el lateral. Valverde, en cambio, quitaba a Beñat, pese a haber sido uno de los mejores, y metía a Ibai, dando así más velocidad al juego trescuartista de los leones con Muniain de mediapunta. El Athletic atacaba por la derecha, quizá Txingurri ordenó tantear a Britos. El gol llegaba en una acción a balón parado. Una jugada de estrategia de los rojiblancos dejaba solo a Aduriz en el segundo palo que igualaba el partido y la eliminatoria. Higuaín respondía con un zigzag en horizontal desde la izquierda, pero su disparo era atajado sin problemas por Iraizoz. En el 69 llegaba el segundo de los bilbaínos. Aduriz, viejo zorro, se aprovechaba de un error de comunicación y contundencia de Albiol y Rafael, metía el pie para llevarse el balón y lo empujaba a la red. Minutos después llegaba la sentencia. Unai López, cachorro que debutaba ayer dejando muy buenos detalles, filtraba un pase para Aduriz que se encontraba en situación de fuera de juego. El donostiarra perseguía el balón sin llegar a tocarlo, pero desde el otro extremo llegaba Ibai, quien sí había partido en posición correcta, y era quien se hacía con la pelota y superaba a Rafael. Si nos atenemos a la nueva norma del fuera de juego en la cual hasta que el jugador no toca el esférico no se señala la infracción, el gol es legal. Pero si nos atenemos a la lógica de toda la vida en la que si el jugador interviene en la jugada se debe señalar fuera de juego, se trata de una infracción clamorosa. El 3-1 noqueaba a los napolitanos, que lo intentaban al final pero casi sin ganas. Gargano utilizaba los minutos finales para canalizar su rabia con golpes, concretamente, contra Mikel Rico.
Con el pitido final la fiesta estallaba en San Mamés, un estadio que se estrenaba al completo y a lo grande. El campo lucía espectacular, los colores rojiblancos adornaban el estadio por dentro y por fuera, y las luces que decoran la parte exterior de la Catedral dibujaban las estrellas de la Champions entre la que los leones están ya de forma oficial. El Athletic deja en la cuneta a un Nápoles condenado por sus propios errores. Los italianos, con mejor equipo que los vascos, no han sabido ser mejores a unos rojiblancos que han sabido competir como nadie. El premio a toda la temporada pasada ha llegado para los de Txingurri. Toca ver cómo lo harán en la fase de grupos, pero la ambición y la competitividad mostrada hace presagiar que al menos se va a disfrutar de la Champions.
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