“Tranquilo míster, la última la pago yo“. Y así fue. Lionel Andrés Messi, el D10S del barcelonismo, invitó a la última Copa que ha levantado Luis Enrique Martínez como entrenador del Fútbol Club Barcelona. En la última fiesta que vivió un Vicente Calderón de liquidación total por desalojo, no pudo haber un mejor anfitrión y un invitado de mayor lustre. Leo Messi se encargó de que el míster se despidiera con el mejor sabor de boca posible. Abrió la férrea lata defensiva del Alavés, inició la jugada del segundo gol para frenar las ilusiones vitorianas y le regaló el tercero a Paco Alcácer justo antes del descanso. Pero el mejor regalo fue para Lucho, que se pudo despedir de la mejor manera: ganando.
Luis Enrique se va del Barcelona después de ganar 9 títulos de 13 posibles en 3 temporadas. Recapitulemos: 3 Copas (2015, 2016 y 2017), 2 ligas (2015 y 2016), una Liga de Campeones (2015), un Mundial de Clubes (2015), una Supercopa de Europa (2015) y una Supercopa de España (2016). Solo se le escaparon una Liga (segundo clasificado en 2017, a 3 puntos del Real Madrid), dos Champions (eliminado por el Atlético en cuartos en 2016 y por la Juventus también en cuartos en 2017) y una Supercopa de España (cayeron contra el Athletic de Bilbao en 2015 tras perder por 4-0 en la ida en San Mamés). El balance se merece un notable alto, rayando el sobresaliente, más si tenemos en cuenta de dónde venía el Barça.
Lucho tomó las riendas en el verano de 2014 tras una temporada en blanco de la mano del Tata Martino (eliminados en cuartos de final por el Atlético de Madrid en la Liga de Campeones, derrotados por el Real Madrid en la final de Copa y segundos clasificados en la Liga perdiendo el título en el Camp Nou en la última jornada por un empate contra el Atlético) y marcada por el fallecimiento del añorado Tito Vilanova. Piqué dixit: «Veníamos de la mierda cuando llegó Luis Enrique».
Los libros de historia y las estadísticas hablarán del triplete de 2015. De esa final de Copa ante el Athletic en el Camp Nou (3-1) o de la Champions ante la Juventus (3-1). O de esas dos ligas consecutivas (2015 y 2016). Pero conviene bajar al quiosco para recordar lo que se dijo, escribió y publicó en la convulsa primera temporada de Luis Enrique como entrenador barcelonista:
El diario As decía que Luis Enrique braceaba en chicle y estaba en evidencia por la negativa de Messi a ser cambiado. «Antes de hacer los cambios preguntamos a los jugadores y después tomamos decisiones. Todo lo que pasó después es interpretable, según los intereses. Mi actitud y mi manera de actuar no cambiará para nada», declaró el míster, que al día siguiente respondió desde su cuenta de Twitter con este tweet:
Preparando el clàsico ilusionados. pic.twitter.com/GDgnXadAJG
— LUISENRIQUE (@LUISENRIQUE21) October 22, 2014
En enero, justo a la vuelta del parón navideño y con el Madrid envuelto en oropeles tras ganar el Mundial de clubes, se armó la marimorena a raíz del partido en Anoeta contra la Real Sociedad. El Barça cayó por un gol a cero y la prensa reaccionó así:
Al final, esa temporada acabó como acabó:
Después llegaron más títulos (una Supercopa de Europa, un Mundial de clubes, otra Liga, otra Copa y una Supercopa de España), pero algunos todavía siguen dándole vueltas a sus declaraciones y comportamientos. Ni después de despedirse del Barça ganando otra Copa del Rey en el Vicente Calderón, ha dejado a nadie indiferente por decir: «No sé lo que haré en el futuro, estoy abierto a cualquier posibilidad, incluso a cambiar de deporte, entrenar en otro deporte. Soy competitivo y seguro que se me daría bien». Que se lo digan a José Ramón De la Morena, director de ‘El Transistor’ de Onda Cero, que le tachó de decir «gilipolleces». Es el peaje de no filtrar cosas y no invitar a comer a los periodistas.
Las diga o no, la historia juzgará a Luis Enrique como entrenador, no como orador. Y su balance es más que imponente. Ha cambiado el rumbo de un Barcelona que vagaba a la deriva antes de que él llegara, ganando casi todos los títulos que ha disputado. Si no ganó más no fue por deméritos suyos, sino por la negligente gestión de la directiva de Bartomeu, representada por el ínclito director deportivo, Robert Fernández, que no supo poner a disposición de Lucho una plantilla realmente compensada y competitiva en todas las líneas. En especial, en el centro del campo, donde el Barça ha perdido arrobas de talento a raíz de la marcha de Xavi Hernández y la decadencia de Andrés Iniesta. Rakitic y André Gomes no son malos futbolistas, pero no están a la altura de los mejores mediocentros de la historia, ni siquiera de Kroos, Modric o Isco, pero es que tampoco son mejores que Saúl Ñíguez y Koke Resurrección. El Barça ha perdido la batalla del centro del campo ante el Madrid y el Atleti por tener a dos ex de Sevilla y Valencia, dos equipos que no pelean por la supremacía de nuestro fútbol. Eso no es culpa de Luis Enrique, al que solo queda decirle adiós y darle las gracias por volver a convertir al Fútbol Club Barcelona en un equipo campeón. Suerte a su sucesor. La necesitará.
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