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Ciclismo

Un día de furia en el Mont Ventoux

Chris Froome, que conserva el maillot amarillo, tuvo que subir corriendo 150 metros de la mítica cumbre tras perder su bicicleta en una caída. El triunfo de etapa fue para el belga De Gendt.

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Chris Froome empezó a correr por el Mont Ventoux después de perder su bici en una caída. Una imagen insólita.

El líder del Tour de Francia se sintió Michael Douglas y vivió su particular día de furia en el Mont Ventoux. Solo le faltó cambiarse el maillot amarillo por una camisa blanca, ponerse corbata y liarse a guantazos. Desde luego no nos hubiera pillado por sorpresa después de ver el manotazo que ya le soltó a un aficionado en la etapa del pasado sábado. Así es Chris Froome, un tipo duro, capaz de ponerse a correr por uno de los puertos míticos del Tour. El keniano, nacionalizado británico, quiso unirse así a la fiebre del running y dejó para la historia una imagen insólita en el momento más insospechado. Como vale más un vine que mil palabras, e incluso que una foto, vean aquí lo ocurrido. Porque hay que verlo, muchas veces, para creerlo.

¿Qué demonios ha pasado? Eso nos preguntamos todos al ver el caos total que reinaba en el Tour. Aquí, con la perspectiva que dan la distancia y el paso del tiempo, intentaremos ordenar los acontecimientos. Situémonos: falta un kilómetro, el belga De Gendt acaba de entrar vencedor en meta y todos esperamos, cronómetro en mano, la llegada de los favoritos. De repente, las cámaras enfocan a Richie Porte, que estaba tendido en el suelo. Caída al canto. Las primeras sospechas apuntaron a los aficionados, siempre tan próximos a los ciclistas cuando la carretera pica para arriba, pero también hay que responsabilizar a la moto que se atascó en mitad del asfalto. Porte literalmente se la comió y se desató el caos.

Cuando estábamos pendientes de confirmar la posición del maillot amarillo, nos lo encontramos corriendo sin bicicleta, Mont Ventoux arriba. Lo nunca visto. Ni corto ni perezoso, Chris Froome se puso a correr tras perder su bici, que acabó con la rueda delantera destrozada por culpa de la montonera provocada por el choque de moto, público y ciclistas. A la espera de que llegara el coche de su equipo con otra burra, el líder no podía estarse quieto y se arrancó más de 100 metros por piernas, lo cual tiene un singular mérito por la kilometrada que llevaba encima y las particularidades del calzado ciclista. Meritorio es, pero ¿legal?

Dice el reglamento de la UCI en sus artículos 1.2.108 y 1.2.109 que “salvo disposición particular, cada corredor debe, para ser clasificado, terminar la carrera enteramente por sus propias fuerzas, sin la ayuda de nadie” y “el corredor puede franquear la línea de llegada a pie, pero obligatoriamente con su bicicleta”. Ya sabemos que las normas admiten toda clase de interpretaciones, pero yendo al detalle no parece descabellado ni injusto que Froome recuperara el maillot amarillo después de perderlo inicialmente. No recibió ayuda alguna y pudo cruzar la línea de meta con otra bicicleta que le dejó su equipo, después de que la primera que le dejó la organización no le sirviera. Legalmente, correr unos metros a pie no es motivo de expulsión, siempre que se acabe la etapa en bici; otra cosa son los tiempos.

Después de una larga reflexión al término de la etapa, los jueces devolvieron el maillot amarillo a Chris Froome, se lo arrebataron al prometedor Yates (su gozo en un pozo) y atribuyeron a Porte y al propio Froome los mismos tiempos de Mollema. Los tres iban juntos antes del incidente y habían adquirido ventaja en relación al resto de favoritos, entre los que destacaba Nairo Quintana, que con la definitiva atribución de tiempos se deja otros 19 segundos respecto a un líder del que ya le separan 54 segundos en la general. No obstante, el colombiano recupera un puesto y es tercero a costa de Daniel Martin, al que le metió 01:06 en meta. Fue un buen día para Nairo, pese a todo, aunque el gran héroe es Chris Froome, al que ya podemos considerar el Michael Douglas del ciclismo.

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Aunque quedará relegada a un segundo plano por los incidentes ocurridos al final de la etapa, la victoria en el Mont Ventoux fue para el belga De Gendt.

Bromas aparte, por encima de tiempos y de la victoria de De Gendt, por delante de Serge Pauwels y del asturiano Dani Navarro, no es digno que ocurran estas cosas en el Tour de Francia. En la prueba ciclista más importante, uno de los acontecimientos deportivos más importantes del mundo, no es normal que un corredor, para más inri el líder. recorra corriendo 150 metros por perder la bicicleta en una montonera provocada por el impacto de otro corredor contra una moto, que a su vez había visto reducido su margen de maniobra por la excesiva cercanía con los aficionados. Ya sea vallando parcial o totalmente el recorrido de las etapas, alguna medida habrá que tomar para evitar males mayores y escenas tan vergonzantes como la que vimos este jueves en el Mont Ventoux.

La mejor estela es la de Froome

El líder del Sky acaba segundo en Montpellier, amplía distancias en la general y le sacá 12 segundos más a Nairo Quintana. La victoria del día fue para Peter Sagan, que se alió con el maillot amarillo para llevarse la etapa.

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Peter Sagan no quiso esperar más para desquitarse del segundo puesto del martes y ganó la etapa del miércoles, que acabó en Montpellier.

Cambiando levemente un conocido refrán español, podríamos decir que “a quien buen viento se arrima, buena estela le acompaña”. Merece la pena retocar el refranero español para aplicárselo a Chris Froome, el indiscutible triunfador de lo que va de Tour. Su estela es la mejor y lo volvió a demostrar este miércoles, aliándose con el viento y con Peter Sagan, para ampliar distancias en la clasificación general. Ganó el eslovaco, sí, pero el indiscutible triunfador de la jornada fue el británico, que amplía su liderato en 12 segundos más.

El ciclismo, como la vida misma, te da sorpresas y te permite ver tanto un ataque de Froome bajando el Peyresourde, como en llano. Tanto monta para este británico incontenible que ha querido reforzar su liderato arañando más tiempo de ventaja sobre su gran rival, Nairo Quintana, en vísperas de la siempre imponente ascensión al Mont Ventoux y de la crono de 37,5 kilómetros. Los elementos conspiran a favor del maillot amarillo y parecen unirse así a la trama que urdía con su colega del jersey verde a la salida de la etapa del miércoles, tal y como se refleja en la imagen adjunta.

La conspiración inicial del maillot amarillo del Sky y el verde del Tinkoff, dio buenos frutos a tenor de lo visto en esta undécima etapa, un recorrido de 162,5 kilómetros, apto para rodadores pero no apto ni para cardiacos ni para despistes, pues el viento iba a estar presente durante todo el trazado. Así, a 10 kilómetros de la meta, Froome, que rodaba al frente, como de costumbre, con la cabeza gacha pero las orejas muy tiesas, se apoyó en su compañero Geraint Thomas, justo cuando Sagan y su gregario Bodmar explotaron los petardos en el pelotón. Se marcharon cuatro por delante, uno de ellos el jersey amarillo, mientras que los demás se quedaron descolgados atrás. Uno de Los descolgados fue el colombiano Quintana, que acabó cediendo 12 segundos en meta, mientras el británico y el eslovaco se jugaban la victoria. Al final fue Sagan el que levantó los brazos en Montpellier para desquitarse así de su derrota en el sprint de Revel.

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Froome y Sagan, maillot amarillo y verde respectivamente, conversaban así en la salida de la 11ª etapa en Carcassonne.

Si lo del miércoles no fue apto para despistados ni cardiacos, mucho menos lo será lo de este jueves. Llega el temible Mont Ventoux y allí sí que rasca el viento (se prevén rachas de hasta 100 kilómetros a la hora), lo que provocará que se recorten 6 kilómetros de ascensión al mítico puerto, los más duros. Aun así, la subida abrirá brecha en el pelotón y esperemos que no se amplíe todavía más la herida que suturó este jueves a costa del Purito Rodríguez, el gran damnificado de la jornada tras dejarlo solo sus propios compañeros. Purito ha perdido el quinto puesto en la general y el primer español pasa a ser Alejandro Valverde, octavo a 01:13 de Froome. Esperemos que los españoles cambien su aciaga suerte a partir de este jueves y nos alegren de una vez la sobremesa, que ya toca.

Matthews ahoga a Sagan en la orilla

El australiano se impone al eslovaco en el sprint final de los escapados y refleja la superioridad del Orica durante toda la etapa. No hay cambios en la general y Chris Froome sigue de amarillo.

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Michael Matthews ganó al sprint en Revel y consiguió su primera victoria en el Tour.

Tras la tempestad pirenaica, llegó la relativa calma que abre la segunda semana de Tour. Decimos calma relativa porque fue una jornada de transición para los primeros clasificados, pues la general no sufrió cambios de importancia, pero no fue un día tranquilo para los implicados en la escapada buena del día. Se jugaron la victoria en Revel, al sprint, entre los seis fugados y finalmente se llevó el premio Michael Matthews, un australiano que no supo hasta hoy lo que es ganar una etapa del Tour de Francia. Lo consiguió a costa de Peter Sagan, que sí sabe lo que es saborear las mieles del Tour, recibir los besos de las azafatas, coger el peluche e incluso vestirse de amarillo.

Esta vez, el sagaz eslovaco murió ahogado en la orilla de la meta tras resistir las acometidas que le prepararon sus rivales con sus perversas intenciones durante toda la etapa; eso sí, el maillot arcoíris lo seguirá luciendo él. El caso es que, por hache o por be, no se puede tener todo. No se pueden sortear todas las emboscadas, llevar el jersey de campeón del mundo, ser el centro de los besos en el podio y conseguir todas las victorias a las que aspira en el Tour. De ser así, más que de Peter Sagan, estaríamos hablando de Eddy Merckx, o de Sean O’Pry, sel que dicen que es el hombre más guapo del mundo. Así que al bueno de Sagan le quedará el consuelo de aparecer segundo en la foto, solo por detrás de Matthews, y por delante de Boasson Hagen, Van Avermaet, Dumoulin y el intrépido Impey, más descolgado esta vez pero siempre implicado en todos los saraos.

No nos engañemos: hablamos del final porque, como suele ocurrir en estas etapas de transición, fue lo más interesante del día. Lo demás supone recrearse en un ejercicio descriptivo, tan pesado para los esforzados cronistas de la ruta como para usted, amigo lector; aún así no nos podremos quejar tanto como los propios ciclistas, que son los que acumulan cientos de kilómetros en sus piernas. Ya son diez etapas y el cansancio empieza a ser un incómodo compañero de fatigas, valga la redundancia. Al menos, la general no sufrió ningún tipo de trastorno y los escapados pudieron llegar tras un recorrido muy exigente que incluyó el ascenso al techo del Tour, el puerto de Envalira, una considerable tachuela de 2.408 metros.

En paralelo, seguimos divagando sobre el infortunio de Alberto Contador y el alcance de la desafortunada lesión que le hizo abandonar el pasado domingo y que le obligará a estar de baja 4 semanas. Es un golpe casi mayor que el abandono del Tour de Francia, porque supone la no participación en los próximos Juegos Olímpicos. Siempre es una gran desgracia para un deportista perderse el mayor acontecimiento del mundo del deporte, más si cabe para Contador, que «podría haber hecho una gran carrera en Río», según declaró el madrileño en la rueda de prensa que ofreció esta mañana en la clínica CEMTRO. También continúan las diatribas y lamentaciones sobre el anuncio de la retirada de Purito Rodríguez al final de esta temporada, que nos sorprendió en la jornada de descanso. Al menos, Purito sigue en el Tour, es quinto en la general y por qué no soñar con que nos dará un alegrón en los próximos días para despedirse a lo grande.

Contador, fin del calvario

El madrileño abandona el Tour por problemas de salud. “Se ha levantado con fiebre”, dijo Sean Yates, director deportivo del equipo Tinkoff. Tom Dumoulin ganó en Andorre Arcalis y Froome, que llegó a la línea de meta junto a Quintana, sigue de amarillo.

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Alberto Contador se retiró en plena ascensión al Cantó por fiebre después de atacar en Bonaigua a 150 kilómetros de meta.

Los que crecimos viendo, viviendo y sintiendo los triunfos de Miguel Induráin en los años noventa todavía tenemos muy viva en nuestras retinas la imagen del campeonísimo de Villava (Navarra) abandonando la Vuelta a España. Sucedió en Asturias, de camino a los Lagos de Covadonga, un 19 de septiembre de 1996. Enfermo y desgastado, en su última gran carrera, Induráin echó pie a tierra y sentimos al recordarlo el mismo escalofrío que nos recorrió cuando vimos aquellas imágenes en directo, imberbes de nosotros. Sí, desgraciadamente, comprobamos que nuestro primer ídolo era humano. Fue nuestro primer choque con la realidad. El tiempo, oh cielos, no pasa en balde.

Por encima de las circunstancias puntuales de la carrera, la primera lectura que se debe hacer del abandono de Alberto Contador es que el tiempo pasa para todos. Contador no es ajeno a ello. No decimos que esté acabado, ni mucho menos. Tiene 33 años y la historia del Tour esta jaleada de triunfos de veteranos, lo hemos comprobado sin ir más lejos en la presente edición. Simplemente alertamos del paso inexorable de los días. Aun así, aquí seguimos creyendo en el de Pinto y lo bancamos fuerte. Como para no hacerlo después de ver su intento de escaparse a 150 kilómetros de la meta, enfermo, con fiebre, tras dejarse minutos en las anteriores jornadas y sufrir dos caídas en las dos primeras etapas. Por desgracia, el intento no fructificó, pero su ataque en la primera ascensión del día nos recuerda que aquí no se ha muerto nadie.

«Ahora voy a someterme a pruebas para ver el futuro”, dijo Contador al término de la etapa. ¿Cuál es el futuro? El futuro se llama Vuelta a España, pues en los Juegos Olímpicos de Río «no me veo», asume el de Pinto. En la gran ronda española tendrá una oportunidad inmejorable de reconciliarse con las mieles del triunfo, esas que ahora se han empeñado en darle su lado más amargo. Por eso mismo, el abandono ahora es lo más sensato después del calvario que ha estado sufriendo desde que comenzó la carrera. Ya se sabe que una retirada a tiempo es una victoria. De victorias sabe mucho Alberto Contador, que también sabe mucho de dignidad, sensatez y prudencia. La retirada de hoy, en el kilómetro 85, pasado el mediodía, supone la solución más sensata en estos momentos. Arrastrarse por el asfalto no es propio de un gran campeón como Contador.

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Tom Dumoulin levantó los brazos en Andorre Arcalis para celebrar que es el primer holandés que encadena victorias de etapa en Vuelta, Giro y Tour.

En medio de la tempestad, emergió un portento holandés decidido a hacer historia. Ton Dumoulin puede presumir de haber ganado etapas en las tres grandes vueltas: Giro, Tour y Vuelta. No le valió a Dumoulin con triunfar en el pasado Giro, ganando la primera etapa y vistiendo la primera maglia rosa. En las carreteras francesas quiso dejar otra exhibición para la posteridad y un registro  difícilmente alcanzable después de fugarse en los primeros kilómetros. Se metió en la primera escapada del día con Majka, Pinot, Rui Costa, Diego Rosa, Dani Navarro y De Gendt. Los ataques se fueron sucediendo hasta que Dumoulin emergió bajo el chaparrón para levantar los brazos en señal victoriosa en la meta de Andorre Arcalis.

En su primera jornada de amarillo en esta edición del Tour, Chris Froome tuvo que sudar el maillot para defender la túnica sagrada que había alcanzado en la jornada anterior. Solo un reducido grupo en el que sobresalía la presencia del colombiano Nairo Quintana pudo seguir su exigente ritmo. Ambos, colombiano y británico, llegaron juntos a la meta y Froome afronta la jornada de descanso de este lunes vistiendo la preciada prenda, aunque por escaso margen. Los diez primeros clasificados están en un margen de un minuto al filo de la primera semana. La cosa está que arde.

Chris Froome asesta el primer zarpazo

El británico da el golpe en el descenso del Peyresourde, gana la etapa endosando 13 segundos a sus perseguidores y se coloca el maillot amarillo. Purito Rodríguez, la cara del ciclismo español, ya es tercero en la general mientras que Alberto Contador, la cruz, cede 1:40.

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Chris Froome asestó un puñetazo a un aficionado colombiano ataviado con la camiseta de la selección cafetera en plena etapa.

Chris Froome dio el golpe en sentido figurado y literal. No hace falta que nos andemos con metáforas y con alharacas, basta con que observen la imagen que precede estas líneas. No es la foto principal con la que presentamos esta crónica, pero sí queremos que ocupe un lugar destacado ya que describe a la perfección el golpe que asestó el británico del Sky este sábado. Froome ha dado el primer zarpazo de lo que llevamos de Tour, atacando en el descenso del Peyresourde, ganando la etapa y vistiéndose de amarillo. También dejó para la posteridad el puñetazo que le asestó a un aficionado colombiano para quitárselo de encima en pleno recorrido

Entendemos que a los ciclistas les resulte muy molesto pedalear con un aficionado corriendo a su lado. Hace años que la excesiva cercanía con los aficionados les está complicando la vida a los corredores, pero de ahí a pegarle un guantazo del revés hay un término medio que conviene tener en cuenta. El respeto no solo se gana a base de victorias tan indiscutibles como la que consiguió Froome este sábado; el respeto también se logra con una buena actitud (aquello de “respeta y serás respetado”) y, sin ánimo de ponernos impertinentemente finos, cualquier deportista debe saber comportarse, máxime con los seguidores, que son los que les retroalimentan. Están condenados a entenderse.

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Froome entró triunfador en la meta de Bagnères-de-Luchon y se sitúa como nuevo líder de la carrera.

Aunque para guantazo el que le ha asestado Chris Froome a la carrera. Una auténtica exhibición ofreció este sábado el británico de origen keniano del equipo Sky, un hombre curtido en mil etapas y que sabe perfectamente, a sus 31 años, lo que es ganar dos ediciones del Tour de Francia (en 2013 y 2015). Como buen favorito al triunfo final, no quiso esperar más y en el descenso del Peyresourde, como rezan los manuales del ciclismo, se lanzó a tumba abierta a 17 kilómetros de la meta a por un triunfo que directamente le viste de amarillo. Nadie osó a toserle y nadie le alcanzó, como para hacerlo visto cómo se las gasta el amigo. De esta forma logró su sexto triunfo de etapa en el Tour.

La buena noticia para sus perseguidores (el grupo del irlandés Daniel Martin y el español Purito Rodriguez) es que solo les aventajó en 15 segundos, de tal modo que pudieron amortiguar daños; peor les fue al colombiano Nairo Quintana, otro de los favoritos, que se dejó 23 segundos en la general por querer echar un trago a destiempo (agua que no has de beber, ya se sabe, que has de dejarla correr), y sobre todo a Alberto Contador, que esta vez cedió 01:40 en meta. Con las opciones de victoria final tornadas en imposible, casi que deberíamos conformarnos con que el de Pinto nos regale al menos un triunfo de etapa. Sería suficiente visto el calvario que está viviendo desde que empezó una carrera que esperemos pueda completar.

Más esperanzas tiene Purito Rodríguez y las suyas son las de todos los españoles. Supo meterse y resistir con los favoritos para entrar en meta en tiempos de bonificación, dejándose 15 segundos en relación al indiscutible ganador. El premio es ascender al tercer puesto de la general, a solo 16 segundos del nuevo líder, la misma distancia a la que se encuentra el segundo, el británico Adam Yates, restituido ya de los daños sufridos el viernes por la caída de la maldita pancarta y al que convendrá seguir muy de cerca en lo sucesivo porque apunta maneras el chico. Este domingo, en Andorre Arcalis, el primer final en alto del presente Tour, veremos si Froome sigue abriendo brecha o alguien osa acercarse a este keniata indomable.

La segunda juventud de Stephen Cummings

Otro británico suma el cuarto triunfo del equipo Dimension Data en este Tour. Se fue en solitario a falta de 27 kilómetros para culminar una larga escapada en la primera jornada pirenaica. Van Avermaet sigue de amarillo y amplía distancias en la clasificación general. Lamentable incidente con la caída de la pancarta del último kilómetro, que dejó herido al británico Adam Yates.

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El británico Stephen Cummings ganó en Lac de Payolle y es la cuarta victoria de etapa del equipo Dimension Data en este Tour.

Mejor empezamos por lo bueno. La escena ya nos resulta familiar. Nos estamos acostumbrando a ver entrar ganador en meta al maillot blanco, con franja horizontal verde en el centro y mangas negras, del equipo Dimension Data. Lo vimos gracias al triplete de Mark Cavendish, que ahora ha vuelto a lucir el jersey verde de la regularidad, y este viernes lo volvimos a ver gracias a otro ciclista británico. En esta ocasión, nos lo ha mostrado Stephen Cummings, que entró victorioso en la meta de Lac de Payolle para darle a su equipo el cuarto triunfo en lo que va de Tour. Cummings culminó así una larga escapada y es el primer ganador del tríptico pirenaico.

Es la segunda juventud de Cummings, que a sus 35 años está viviendo una temporada notable con triunfos en la Tirreno-Adriático, Vuelta al País Vasco, Critérium del Dauphiné, más el triunfo en este Tour de Francia al que se le suma el de la pasada edición. En realidad, hace ya tiempo que la edad no supone ningún obstáculo para conseguir triunfos en el ciclismo. Por encima de cualquier contingencia y factor exógeno, la veteranía es una virtud que sirve para dosificar esfuerzos y optimizar aptitudes en las etapas más exigentes. Se lo demostró Cummings este viernes a sus numerosos compañeros de escapada (29 en total), hombres como Nibali, Dani Navarro, Luis Ángel Maté, Fabian Cancellara o el propio maillot amarillo, Greg Van Avermaet. Pudo con todos.

Mal asunto cuando tienes de compañero de fuga a un viejo zorro como Stephen Cummings. Vale más que te coja el pelotón o directamente no escaparse. Puedes estar extenuado después de llevar una kilometrada en las piernas que Cummings estará fresco como una lechuga para asestarte un zarpazo cuando menos te lo esperas. Así, a falta de 27 kilómetros, es capaz de demarrar sin ningún miedo a la siempre temible ascensión al Col de Aspin. “Ahí os quedáis, pringaos”, pareció proclamar este británico de Wirran, que se fue como un misil a por el triunfo. Ni alguien más joven e impetuoso como Dani Navarro, ni un triple ganador de las tres grandes rondas por etapas (Tour 2014, Vuelta 2010 y Giro 2013 y 2016) como es Vincenzo Nibali, pudieron resistir el paso ganador de Cummings, al que ya no le volvieron a ver el pelo hasta el podio final, aunque poco pelo le iban a ver aunque lo tuviesen a un palmo. No se puede tener todo, Stephen. Al final solo se le acercaron relativamente el sudafricano Daryl Impey y el español Dani Navarro, que terminaron segundo y tercero a 01:04.

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El arco del último kilómetro se cayó al paso del grupo de favoritos y el peor parado fue el británico Adam Yates.

El gran damnificado de la jornada fue el británico Adam Yates, al que se le cayó encima la pancarta del último kilómetro cuando llegaba en el grupo de los favoritos. Tremendo castigo. Resulta lamentable y difícil de explicar que en la carrera por etapas más importante del mundo se caiga el arco que indica los últimos 1.000 metros a meta, pero así ocurrió y así lo contamos. Se vino abajo al paso del grupo de favoritos y el peor parado fue el británico Yates, al que al menos la organización ha resarcido situándole segundo en la general (a 05:50 del líder Van Avermaet) y otorgándole el maillot blanco de mejor joven. «Lo deseaba, cogí una buena renta… y entonces, ¡bang! No me lo creía». Como para creérselo. Es difícil de asumir que ocurran estas cosas en un gran acontecimiento deportivo como el Tour de Francia. Este británico fue el peor parado al sufrir diversas erosiones que le hicieron recibir puntos de sutura en la barbilla por el penoso incidente. Su colega Rubén Plaza, que le atendió sobre el asfalto, tampoco daba crédito a lo sucedido.

También terminó mal la etapa el presunto jefe de filas del FDJ, Thibaut Pinot. Decimos presunto porque su teórica posición principal en su equipo se vio cuestionada por el fuerte ritmo que marcaron sus compañeros desde las primeras rampas del Aspin. Terminaron descongándolo bajo la pancarta de 10 kilómetros y se acabó dejando tres minutos en relación a sus rivales por la general, que pudieron llegar a la meta sin perder mucho tiempo y sin mayor incidencia, incluyendo a Alberto Contador, al que solo le faltaba que se le cayera encima una lona. Afortunadamente no fue así, Contador entró en tiempos de los demás favoritos y apenas cedió 40 segundos respecto al maillot amarillo. Todavía quedan dos grandes etapas en los Pirineos, incluida la ascensión al Tourmalet de este sábado, y el de Pinto dispone de buenas oportunidades para disparar sus balas de plata.

El hat-trick de Mark Cavendish

El británico gana su tercera etapa en esta edición y se convierte, con 29 triunfos, en el segundo ciclista con más victorias en la historia del Tour de Francia, solo por detrás de Eddy Merckx (34).

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Cavendish ganó al sprint en Montauban y supera a Bernard Hinault en el histórico de victorias en el Tour de Francia.

Aunque es una expresión típicamente futbolística, que se utiliza cuando un jugador marca tres goles en el mismo partido, los hat-trick también son trasladables al mundo del ciclismo, máxime si nos referimos a un ciclista británico. Nacido en la Isla de Man, una dependencia de la Corona británica con gobierno autónomo formada por una isla principal y algunos islotes situados en el mar de Irlanda, entre Irlanda y Gran Bretaña, Mark Cavendish consiguió ayer al sprint en Montauban su particular hat-trick en la presente edición del Tour de Francia, donde ha construido su propia republica independiente.

Tres victorias en seis etapas permiten a Cavendish inscribir su nombre con letras de oro en el libro de los récords de esta mítica prueba ciclista. Ya es, con 29 victorias, el segundo corredor con más triunfos en la historia del Tour y deja a rueda a una leyenda viva como Bernard Hinault. Abran los ojos, asúmanlo y hagan el favor de adaptarse a los nuevos tiempos: el futuro es ahora y un velocista británico ha superado a un mito viviente como es Hinault, junto al que protagonizó, por cierto, un entrañable momento en el podio. Si el viejo Tejón asume la realidad de los nuevos tiempos, los demás debemos hacer lo propio. Si los amores no son para siempre, muchísimo menos lo son los récords deportivos, marcados con la fecha de caducidad propia de la evolución de la especie.

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Cavendish protagonizó en el podio, junto a Bernard Hinault, el momento más entrañable de lo que va de Tour.

Rindámonos a la evidencia y asumamos que las victorias eléctricas de Mark Cavendish en las volatas finales están siendo lo mejor de lo que va de Tour. Es lo que tiene llevar apenas seis días de competición. A partir de ahora, que llegan las etapas de alta montaña, viviremos seguro momentos más apasionantes y que nos tocan más de cerca, cosas de las crestas de los favoritos y las filias particulares. Pero, hasta el momento, los triunfos de Cavendish en Utah Beach, Angers y Montauban están siendo lo más apasionante, con permiso del conseguido por Kittel en Limoges. Incidencias y pérdidas de tiempo al margen, los sprints suelen ser lo más interesante de la primera semana.

A partir de este viernes, cuando la carretera empiece a picar para arriba, esto ya va a ser otra cosa. Seguirá partiendo con ventaja Greg Van Avermaet, portador del maillot amarillo, aunque los Valverde, Quintana, Froome, Aru, Nibali y, por supuesto, Contador tendrán mucho que decir. De momento, el jueves vivieron una jornada de transición y sin incidencias antes de afrontar la primera incursión en Los Pirineos franceses.

Victoria y amarillo para Van Avermaet, Contador pierde 33 segundos

Gran victoria del belga del BMC, el nuevo líder del Tour, después de una escapada de más de 200 kilómetros en la primera aproximación a la montaña. El madrileño volvió a dejarse tiempo acusando sus dos caídas en las dos primeras etapas.

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Alberto Contador trató de reengancharse a la disciplina del gran grupo, pero se terminó dejando más de medio minuto en la meta.

No nos llamemos a engaños. Alberto Contador lo tiene en japonés. Quien se pueda permitir apostar por él, que lo haga pues seguramente se podría llevar un buen pellizco si el madrileño se alza con este Tour. En condiciones normales, resulta casi un suicidio creer en su victoria. No es un desacato a su autoridad, es la triste realidad. Las dos caídas en las dos primeras jornadas le están lastrando demasiado y este miércoles volvió a dejarse tiempo en la línea de meta. En este caso, 33 segundos que le dejan en la clasificación general a 1:21 de sus teóricos grandes rivales por el triunfo final, Chris Froome y Nairo Quintana. Será meritorio que acabe la carrera y creemos que él es el primero que lo tiene asumido.

«El Tour se me ha puesto muy difícil, así que ahora tendré que ir día a día. Las sensaciones no han sido buenas para haber pedido tiempo en una etapa como esta», comentó con resignación Alberto Contador a su llegada a meta, asumiendo que la lucha por la general se ha puesto prácticamente imposible y tendrá que pelear por otros objetivos. Si se sienten decepcionados y quieren apagar la tele para echarse a dormir la siesta a partir de ahora, háganlo, lo entenderemos; como también entenderemos que dejen de leer llegados a este punto. Pero si les va la marcha (incluso la ciclista), sigan atentos porque en este Tour van a pasar cosas. Bueno, en realidad, ya están pasando cosas. Lo que no puede pasar es que veamos imágenes como la que antecede estas líneas: un gran campeón como Contador a rueda de sus gregarios. Duele el orgullo ciclista viendo esa foto.

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El belga Van Avermaet es el nuevo maillot amarillo del Tour tras ganar en Le Lioran, culminando con éxito una escapada de más de 200 kilómetros.

En la edición del miercoles de “No todos los héroes llevan capa”, el papel principal es para Greg Van Avermaet. Este belga de 31 años, corredor del BMC, tiró de experiencia para resistir hasta el final y alzar los brazos, victorioso, tras una escapada de más de 200 kilómetros en la primera etapa de aproximación a la montaña. El ataque, lejano e intensivo, responde a los cánones del manual del buen clasicómano y le permitieron llegar en solitario a la meta después de 5 horas, 31 minutos y 36 segundos de incansable pedaleo. Fue la victoria más holgada de lo que llevamos de Tour, porque su más inmediato perseguidor, De Gendt (Lotto) entró a 2:35, mientras que el polaco Majka lo hizo a 5:05. La recompensa: el maillot amarillo, que luce con 05:11 de ventaja sobre Alaphilippe y 05:15 sobre Valverde, la primera referencia española en la general.

Con Van Avermaet celebrando el triunfo en la caravana del equipo BMC, se desataron las hostilidades en el pelotón. Todo lo contrario sucedía en la del Tinkoff, un funeral, después de la pájara de Contador y la pérdida del maillot amarillo, que ha perdido Peter Sagan. En la del Movistar se mantienen expectantes deseando celebrar la victoria de Alejandro Valverde, camino de ser la gran esperanza española después de acabar cuarto este miércoles, o de Nairo Quintana, uno de los favoritos que ya luce palmito y ha puesto en aprietos a dos de sus mayores rivales, Froome y Contador. Al español prácticamente se lo ha quitado del medio, mientras que el británico del Sky se resiste a hincar la rodilla y pudo entrar con el gran grupo después de las maniobras de Valverde y Quintana en el Col de Perthus y el Col de la Font de Cére.

Están explotando los primeros petardos y todavía estamos en la primera semana de competición, pero ya podemos hablar de vencedores y vencidos. Nada es definitivo aún, pero del cuarteto de favoritos se está cayendo Contador y la lucha final se la disputará el tridente Froome-Quintana-Nibali, siempre con permiso de nuestro Alejandro Valverde.

Marcel Kittel conquista Limoges

El alemán se estrena en el presente Tour tras ganar al francés Coquard en un apretado sprint que también se resolvió por la foto-finish. Sagan disputó la victoria y lució el amarillo en los últimos metros.

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El alemán Kittel se impuso por escasos milímetros al francés Coquard en otro sprint resuelto por la foto finish.

Si algún día viajan a Limoges y no saben qué hacer, pregúntenle a un alemán. Ellos siempre lo tienen todo muy claro y así de bien les va. Si es posible, contacten con Marcel Kittel; él les puede explicar mejor que nadie cómo disfrutar al máximo de las bondades que ofrece la capital de la porcelana. Existen pocos atractivos mayores que ganar allí una etapa del Tour de Francia, si es que los hay. Ganar allí al sprint, teniendo que hacer uso incluso de la foto-finish, es un placer indescriptible, solo comparable a los besos y las caricias de las azafatas en el podio. Solo una mente fría típicamente alemana lo puede describir con precisión. Los españoles somos muy españoles, ya lo dice nuestro sabio presidente en funciones, y no estamos tan bien dotados para el arte de la descripción de las emociones. Cuestión de etnografía, qué le vamos a hacer.

imageLa etnografía francesa también es digna de análisis y se podrían escribir cientos y cientos de páginas sobre su estudio. Quedémonos con que la población de Francia está compuesta por varios grupos étnicos que invadieron la región de La Galia a lo largo de la historia. No sabemos si será el caso del joven Bryan Coquard, nacido un 25 de abril de 1992 en Saint-Nazaire, en la región del Loira Atlántico. A sus 24 años, este ciclista del equipo Direct Énergie rozó la victoria con el tubular de su bicicleta y no sabemos cómo se sentirá ahora tras perderla en la foto-finish. Seguro que dispone de una segunda oportunidad, aunque a algún francés quizás se le haya pasado por la cabeza la inminente semifinal de la Eurocopa. Fútbol aparte, en el Tour, Alemania gana de momento 0-1 a Francia. Se resiste el primer triunfo local en la ronda gala. Pero el absoluto mandamás de la prueba está siendo un eslovaco, Peter Sagan, que sacó a relucir su maillot amarillo peleando por el triunfo en el sprint para acabar tercero.

Si en el capítulo de ayer, el héroe había sido el francés Armindo Fonseca, en el de hoy lo fue Markel Irizar, corredor vasco del equipo Trek-Segafredo, que se dio a la fuga en el kilómetro 22 junto a otros seis corredores: Maciej Bodnar (Tinkoff), Natnael Berhane (Dimension Data), Andreas Schillinger (Bora-Argon18), Thomas De Gendt (Lotto-Soudal), Julien Vermote (Etixx-Quick Step) y Daryl Impey (Orica-BikeExchange). Tiene especial mérito emprender una escapada de manera tan temprana tratándose de la etapa más larga de la presente edición (237 kilómetros), aunque acompañasen las condiciones meteorológicas. Como no todos los héroes llevan capa también pueden ir a dos ruedas, apoyados en un sillín y agarrados a un manillar. De esos sobran en el pelotón.

Los escapados llegaron a estar 6 minutos por delante del pelotón hasta que los gallos se pusieron a tirar para reducir la ventaja y los pillaron a 8 kilómetros de la meta. Todos los caminos, todas las curvas y todo el asfalto llevaban al sprint, aunque había que tener en cuenta un repecho del 5% en los metros finales. Allí lució Sagan sus superpoderes de amarillo, aunque finalmente sucumbió ante la potencia del dúo Kittel-Coquard que se acabaron disputando la victoria en la foto-finish. Con más tranquilidad, porque están llamados a batallas más importantes, Contador, Froome, Nibali y Quintana atravesaron la línea final en Limoges. Queda un día menos para que exploten los petardos.

Un doblete con intriga

Cavendish conquista al sprint la tercera etapa y ya lleva dos en el presente Tour. Sagan sigue de amarillo. Jornada tranquila para Contador. 

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El apretado sprint final de Cavendish y Greipel hizo necesaria la foto-finish para verificar el segundo triunfo de etapa del británico en el presente Tour.

Tras la tempestad llegó la calma y a la tercera fue la vencida para el pobre Alberto Contador. No se cayó ni por la derecha como el sábado, ni por la izquierda como ayer; sencillamente no se cayó. Menos mal. Hubiese sido demasiado cruel y desgraciado. Para poner pie a tierra y no montarse en la bicicleta ni para ir de paseo por Pinto. Por fortuna para él, para todos sus seguidores y para el ciclismo en general, Contador se pudo pasear con el pelotón desde que abandonó Normandía vía Granville, pasando de los crustáceos a los paisajes y castillos del País del Loira. Una plácida jornada de deleite para el jefe de filas del Tinkoff, que sin embargo sigue luciendo el maillot amarillo en la figura de Peter Sagan, otro que vivió una jornada tranquila.

Para intriga la que hubo en el sprint final.  Fue necesaria la foto-finish para verificar el segundo triunfo de Mark Cavendish en el presente Tour. El británico batió al alemán André Greipel por escasos milímetros y alcanza así su 28ª victoria en en Tour, empatando así con el francés Bernard Hinault, el segundo ciclista más laureado de la historia, solo por detrás del mito Eddy Merckx (34 triunfos).

El héroe de la jornada fue el corredor del Fortuneo-Vital Concept, Armindo Fonseca, un francés de 27 años que se escapó en el kilómetro 8 y permaneció en cabeza de carrera hasta que le alcanzó su compatriota, el veterano Thomas Voeckler (37 años), en el kilómetro 141. Fonseca llegó a tomar una ventaja de 11 minutos sobre el pelotón y estuvo escapado durante 225 kilómetros.

A falta de 8 kilómetros y tras darse varios relevos con Voeckler que le permitieron mantener el oxígeno, fue engullido por el gran grupo. Deberían haberle dejado ganar y, de postre, haberle regalado una caja de bombones en reconocimiento a su hazaña e incluso al pase de Francia a semifinales de la Eurocopa. No fue así, ya sabemos todos cómo es la lógica del deporte y al final llegaron al sprint. Para el bueno de Armindo Fonseca queda el gran premio de la épica y el reconocimiento de los esforzados cronistas de la ruta.