Magnífica. Impresionante. Brutal. No hay calificativos para definir la etapa vivida hoy por la Sierra de Madrid. Ayer reclamábamos épica para el cierre de esta edición de la ronda española y nuestros mejores sueños para la jornada de hoy se han quedado cortos. Comenzando por la victoria de etapa, Rubén Plaza (Lampre) -el mismo que ya levantó los brazos en Gap en el pasado Tour de Francia y que lleva dando guerra toda la Vuelta– consiguió completar con éxito una escapada en solitario de más de 100 km, coronando en fuga los cuatro puertos de primera categoría del día. Sólamente esta hazaña habría valido para tildar de épica la jornada, pero, cosas del ciclismo, hoy se hablará más bien poco de ella. Y pasará casi desapercibida porque los libros de ciclismo ya hacen hueco para narrar el ataque de Fabio Aru (Astana) a más de 50 kilómetros de meta, en el clásico puerto de La Morcuera que mañana le dará su primera Vuelta a España. Mikel Landa (Astana) -el ciclista llamado también a llenar muchas páginas con sus gestas deportivas y sus lecturas de las carreras- puso un ritmo infernal que sirvió para que el rocoso Dumoulin (Giant) diese las primeras muestras de flaqueza en muchos días. Esa debilidad se confirmó cuando Fabio Aru lanzó el definitivo ataque que le sirvió para coronar La Morcuera con unos 20 segundos de adelanto sobre el hasta hoy líder de la carrera. Por cierto, que frente al elogio generalizado de hoy para Mikel Landa, simplemente remarcar un pequeño detalle que pudo cambiarlo todo. Cuando restaban 500 metros para coronar La Morcuera y Aru marchaba con unos cuantos metros de ventaja sobre Dumoulin, Landa decidió abandonar la rueda del holandés para unise a Aru, llevándose consigo a Purito (Katusha) y a Quintana (Movistar). Si Dumoulin hubiese tenido un gramo de fuerza más, las risas y los abrazos en el autobús celeste serían ahora cuchilladas. Pero por suerte para los kazajos la historia no fue así, y con un ciclismo de manual -ese que casi nunca funciona- cuando parecía que Dumoulin tras un gran descenso podría dar caza al grupo de Aru, apareció Luis León Sánchez (Astana) que marchaba por delante en la fuga del día. A partir de ese momento, los segundos se convirtieron en minutos y Dumoulin vió como en unos pocos kilómetros llanos y en un puerto de medio pelo como Cotos perdía más tiempo que entre Andorra y Asturias juntas, hasta acabar diluido como un azucarillo en la clasificación general, donde inscribirá finalmente su nombre en la sexta plaza. De todas formas honor para un ciclista que pese a su evidente desventaja con sus rivales en montaña se defendió como un grande.
Con la carrera desbocada, Nairo Quintana decidió unirse a la fiesta atacando también lejos, al inicio de la ascensión a Cotos, llevándose a su rueda a Rafal Majka (Tinkoff), que subirá por primera vez al podium de una gran vuelta. Poco faltó también para que Nairo accediese al cajón, pero esta vez Purito, con los Astana como aliados, pudo defender la segunda plaza que ocupaba en la general tras el hundimiento de Dumoulin. Aunque todavía con la adrenalina por las nubes y los cadáveres calientes sea un poco pronto para sacar conclusiones de esta Vuelta, sí que podemos avanzar algunas evidencias. La primera de ellas es la eclosión de una nueva generación de ciclistas llamados a dominar este deporte en los próximos años. A los ya consagrados -aunque igualmente jóvenes- Nairo Quintana y Fabio Aru, tendremos que unir los nombres de las dos revelaciones de la carrera, Tom Dumoulin y Esteban Chaves (Orica), de otro del que ya sabíamos algo de su clase por las victorias en Francia, Rafal Majka y, como no, de Mikel Landa que, con sus luces y sus sombras, ha confirmado que la actuación del Giro no fue flor de un día. Otra gran noticia para los aficionados y sobre todo para los organizadores es que la Vuelta es perfectamente compatible con la disputa de Giro o incluso Tour. Sin los estragos de la enfermedad, Quintana seguramente estaría mañana en puesto de podium, y aunque es aventurarse demasiado, todo apunta a que Chris Froome (Sky) sin su desgraciada caida habría dado guerra hasta el último suspiro. Para el debate, después de la gesta de hoy o de la vivida en 2012 camino de Fuente Dé quedará si etapas con diseños de media montaña o puertos menos duros son las más propicias para el espectáculo. Ante esta evidencia se está empezando a criticar la querencia de la Vuelta por los finales en los llamados muros o puertos de pendientes imposibles. En la opinión modesta de quien escribe, este tipo de subidas han dado mucho a la Vuelta en los últimos tiempos en forma de espectáculo y de atención mediática (Angliru, Xorret de Catí, Mirador de Ézaro, Bola del Mundo…) y por otra parte no siempre se dan las circunstancias de hoy para que una etapa de media montaña o con ascensiones más asequibles sea decisiva (esta misma edición, por ejemplo camino de Alto Campoo, o en el encadenado Cordal-Cobertoria, había puertos y terreno para plantear también batalla táctica). La clave, y este año la Vuelta lo ha conseguido mejor que cualquier otra de las grandes, es encontrar un equilibrio entre todas las fórmulas de etapas. No hay que olvidar tampoco que estos ataques tan lejanos nos hacen vibrar por la escasa frecuencia con la que ocurren y la todavía más escasa con la que triunfan. Si sucediesen a diario, estaríamos ahora reclamando muros.
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