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Archivos del Autor: alexrozada

Dios salve a Froome

Se coronó en París por tercera vez, la segunda consecutiva. Bardet y Quintana le acompañaron en el podio. Greipel se llevó la última volata.

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El podio del Tour 2016: Froome, Bardet y Quintana.

La escena nos aboca a la nostalgia. Nos resulta inevitable irnos atrás en el tiempo al ver esa imagen del podio de los Campos Elíseos y recordar a Contador, Indurain y Perico, incluso a Pereiro, aunque se subió a lo más alto un tiempo después y gracias a un periódico deportivo tras la descalificación de Floyd Landis. Todos ellos protagonizaron instantáneas como las de Froome este domingo; es más, precisamente, un 24 de julio de 1994, Miguel Indurain se volvía a subir al primer escalafón de París tras ganar su cuarto Tour de Francia. Bendita y maldita nostalgia, que nos surge justo ahora que vemos a un gran campeón británico celebrar su tercer Tour, el segundo consecutivo.

Los árboles de la nostalgia, sin embargo, no nos impiden rendirnos a la realidad: Chris Froome es un extraordinario corredor. De vez en cuando, el ciclismo nos regala campeones que no cumplen los Diez Mandamientos de la ortodoxia ciclista, pero que tienen valentía, descaro y talento para dar y tomar. Así se construyen campeones y así se entiende que Froome ya lleve tres Tours, los mismos que el belga Thijs, el francés Bobet y el americano Lemond.

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Los corredores del Sky entraron juntos en meta, escoltando al maillot amarillo, para celebrar la victoria de Froome.

¿Se quedará aquí o seguirá sumando? Esa es la gran incógnita ahora mismo. Si ganara un Tour más, se quedaría con 4 y sería el único que llega a esa cifra. Si ganara más de uno, alcanzaría el Olimpo donde reposan los 5 tours de Anquetil, Merckx, Hinault y, por supuesto, Indurain. Por la edad del británico de origen keniata, 31 años, parece complicado que llegue hasta esa cifra (Indurain ganó su último Tour a esa edad). Pero viéndole correr, con y sin bicicleta, subir las montañas y desfilar por el asfalto, como si fuera el T-14 Armata del ejército ruso, no se puede descartar nada.

Por encima de sus excentricidades sobre la bici, Chris Froome es, ante todo, un gran deportista. El reconocimiento no viene solamente a colación de su excelso rendimiento deportivo, que también, sino de su imponente deportividad. «Este Tour ha tenido lugar en el contexto de los terribles acontecimientos en Niza y quiero mostrar mis respetos una vez más a aquellos que perdieron sus vidas y sus familiares». Palabra de campeón. Así habla un hombre que tiene los pies en el suelo y que no rehuye la realidad.

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Froome celebró su tercer Tour con su bebé, Kellan.

«Estos acontecimientos ponen el deporte en perspectiva y debemos demostrar por qué los valores del deporte son tan importantes para tener una sociedad libre para todos. Nos gusta el Tour de Francia porque representa esos valores y siempre seguirá esa línea», subrayó para recordarnos que no solo los políticos pueden hacer grandes discursos. Al contrario. Los deportistas también saben hablar y Froome lo demuestra. Si el himno nacional británico dice aquello de “God Save the Queen”, bien podríamos decir nosotros “God Save Froome (Dios salve a Froome)”, un campeón diferente.

Volviendo al podio, es evidente que en esa foto falta algo, o a mejor decir, falta alguien. Faltamos nosotros. No hubo ningún español entre los tres primeros del Tour de Francia y eso nos debe chirriar. Nos tenemos que ir a 2014 para encontrarnos el último podio sin españoles (Nibali, Péraud y Pinot); dos años antes, en 2012, tampoco los vimos (Wiggins, Froome, Nibali). Podemos entender que la segunda década del presente siglo no resulte tan fructífera como el segundo lustro de la anterior en cuanto a triunfos de españoles en la general (Pereiro 2006, Contador 2007, Sastre 2008 y otra vez Contador en 2009), lo que nos cuesta entender más es que ni siquiera tengamos a uno de los nuestros en el escalafón.

Al menos tenemos a dos representantes (Valverde 6º y Purito 10º) en el top 10 de la general, pero ese es un logro muy nimio para un país que presume de tener cinco campeones distintos de la Grand Bouclé. Nuestro problema lo encontramos en los DNI porque el tiempo no pasa en balde. Las edades de los españoles más representativos (Purito Rodríguez, 37 años; Alejandro Valverde, 36; Alberto Contador y Dani Navarro, 33) invitan a la reflexión y a mirar por el retrovisor para saber qué viene por detrás.

Viene el vencedor de la penúltima etapa de este Tour, Ion Izagirre, con unos 27 años que invitan al optimismo; también vienen Mikel Landa (26) y Beñat Intxausti (30), ambos condenados a prestar labores de apoyo a Froome en el equipo Sky. Tocará, pues, tirar de paciencia y de optimismo para creer en las opciones de futuro de nuestro ciclismo, empezando por los Erviti y Castroviejo que escoltarán a Purito, Valverde e Izagirre en los próximos JJOO.

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Greipel se llevó el sprint de París y la última victoria en este Tour.

La última victoria de este Tour fue para un alemán, André Greipel. En la última etapa se estrenó el germano, que ya suma 21 victorias en Giro, Tour y Vuelta, superando las 20 de su compatriota Zabel, convirtiéndose así en el teutón con más triunfos en las tres grandes. Después de terminar segundo en la tercera etapa y ser superado en todos los sprints disputados a lo largo de la carrera, al final ganó Greipel imponiéndose a golpe de riñón a los insaciables Sagan y Kristoff. Nada más cruzar la línea de meta, aunque tenía a los demás perros de presa en el cogote, se pudo permitir hasta levantar el brazo para celebrarlo.

Aquí se termina una nueva edición del Tour de Francia, la 103 para ser exactos. Si el verano empieza con el Tour, no sabremos si se acaba cuando los ciclistas llegan a París. Eso depende del orden y distribución de las nubes. Lo que no se acaba es el ciclismo, que volverá a alertarnos en menos de un mes, cuando las bicicletas tomen Río, e inmediatamente después arrancará la Vuelta. No sabemos si las bicis son para el verano, pero de lo que sí estamos seguros es de que las siestas no empiezan y acaban con la gran ronda gala. Y aunque nos roben las siestas, no nos robarán el privilegio de disfrutar del mejor deporte.

La gran liada de Ion Izagirre

El vasco del Movistar logró en Morzine la primera victoria española en este Tour, imponiéndose al colombiano Pantano y al italiano Nibali. Froome, ganador virtual, se coronará este domingo en París.

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Ion Izagirre logró en la penúltima etapa la primera victoria española en el Tour 2016.

«Al final éste la ha liado hoy». Nadie mejor que su propio padre para definir la que lio Ion Izagirre este sábado en el Tour de Francia. Después de 20 etapas y tres semanas de pedaleo incansable, la ansiada primera victoria española en este Tour llegó en la penúltima etapa, cuando ya todos nadaban y guardaban la ropa antes del fin de fiesta en París. Pero ninguno nadó más y mejor que el corredor vasco del Movistar, que ha salvado el honor del ciclismo español a un día del final.

Tuvo que ser uno de Ormaiztegi (Guipúzcoa) el que la liara parda en este Tour sin falta de mezclar ácido clorhídrico ni sustancias chungas. Simplemente se limitó a pedalear de una forma incansable, se enganchó a la escapada buena y llegó a la meta con dos pesos pesados de las escapadas como son Jarlinson Pantano y Vincenzo Nibali, quien precisamente se quería sacar la espina de la caída que había sufrido el jueves pasado junto a Chris Froome. Pintaban bastos para Ion Izagirre, no nos engañemos. Pero ni la incesante lluvia que marcó la etapa frenó al vasco, que no se pasó de vueltas ni de frenada como le ocurrió a Pantano en una de las últimas curvas. De eso y del conformismo de Nibali, que no quiso correr riesgos para no complicarse su participación en los Juegos, se aprovechó Izagirre en el descenso del Joux Plane y se lanzó en tromba a por la victoria. Y la consiguió. A un vasco no le van a hablar de imposibles.

Nos tenemos que remontar más de un año, al 20 de julio de 2015, para encontrarnos con el último triunfo español en el Tour de Francia, que consiguió un alicantino, Rubén Plaza. Más atrás nos tenemos que ir para hallar la última victoria de un corredor vasco, exactamente al año 2009, cuando ganó Juanma Gárate en el Mont Ventoux. Un 23 de julio de 2016 ganó Izagirre y esa ha sido la gran noticia que ha deparado este Tour para nuestro ciclismo.

No abrirá telediarios, tampoco aparecerá en las portadas de los periódicos, pero vaya desde aquí nuestro más sincero reconocimiento hacia el de Ormaiztegi, que también ha salvado el honor del equipo Movistar, aunque en ello ya lleve unos días Alejandro Valverde, condenado a prestar labores de apoyo a Nairo Quintana. Gracias a eso, el colombiano ha llegado al podio, un logro para el Movistar comparable a cuando el hombre pisó la Luna después de todo lo que les ha pasado en esta edición de la Grand Bouclé. El segundo cajón del podio será para el francés  Bardet, muy cauto durante la etapa del sábado, limitándose a ir a rueda del líder. Y como era previsible, el primer puesto será para el británico Chris Froome, recompensando así su excelso trabajo en las últimas tres semanas. De ello ya habrá tiempo y espacio para hablar en la última crónica del Tour 2016, que este domingo volverá a desembocar en los Campos Elíseos. Un día por y para Froome. Bien lo merece un maillot amarillo.

Froome sobrevive al caos

El líder perdió 35 segundos y acabó magullado en una accidentada etapa marcada por las caídas. Victoria para Romain Bardet, la primera que logra un corredor francés en este Tour.

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Chris Froome acabó la etapa magullado y con el maillot amarillo manchado de sangre tras sufrir una caída a 11 kilómetros de la llegada.

Quien pensase que, en los días que faltan, el Tour iba a ser un paseo triunfal a París de Chris Froome, no podía estar más equivocado. La 19ª etapa no fue precisamente de transición. Como si no hubiéramos tenido bastante con el día de furia en el Mont Ventoux, este viernes vivimos una jornada caótica de la que el líder salió magullado y con el maillot ensangrentado, pero contento a pesar de la caída que sufrió a 11 kilómetros de la llegada. Al menos, él pudo alcanzar la línea de meta y no corrió la misma suerte que el gijonés Dani Navarro y el holandés Tom Dumoulin. Ambos tuvieron que abandonar por sendas fracturas después de irse al suelo.

Una factura carísima tuvieron que pagar los ciclistas que recorrieron este viernes los 146 kilómetros que separan Albertville de Saint Germain Mont Blanc. Ni el líder se libró de los contratiempos que azotaron la etapa, aunque él sí pudo sobrevivir al caos. Cierto es que perdió 35 segundos en la meta, pero de todos los males sufridos durante la jornada, ese fue el menor. Recordemos la película de los hechos: en el descenso del Montee de Bisanne, la lluvia provocó una fuerte tensión entre los corredores. El equipo Astana de Fabio Aru, que perseguía al portugués Rui Costa, marcaba el paso cuando, en una curva, Froome perdió el control de su rueda delantera y cayó con otro corredor de la formación kazaja. Como se puede comprobar en el vine adjunto, suerte tuvo Chris Froome de que Nibali no se lo llevara por delante, como tampoco se lo llevaron después, cuando se quedó en medio de la carretera con la bici en la mano a la espera de cambiársela con su fiel gregario Geraint Thomas, que le prestó su bicicleta aunque Froome se tuvo que parar otra vez en la ascensión final para cambiarla por otra con platos ovalados (es el único ciclista de Sky que utiliza este material). Un lío de bicis, que no de faldas.

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El combativo corredor asturiano Dani Navarro sufrió una caída que le hizo abandonar el Tour cuando buscaba su primera victoria de etapa.

Peor todavía le fueron las cosas a Dani Navarro. Cuando peleaba por la etapa junto al resto de escapados, en el descenso previo a la subida final al Mont Blanc, el gijonés se fue al suelo provocándose una fractura de clavícula en el hombro izquierdo y un corte muy profundo a la altura de la tibia que le impidieron seguir en carrera. Una lástima que el combativo ciclista asturiano sufriera este desenlace después de dar un recital de competitividad en las jornadas precedentes, buscando un triunfo de etapa que se hizo de rogar demasiado y que finalmente no llegó. Suponemos que Navarro no se hizo con el maillot de la combatividad por este motivo. Por lo menos habría hecho justicia a su constancia, aunque no exista un jersey para reconocerlo. Tiene delito el asunto.

El abandono del corredor del Cofidis no fue el único. Tom Dumoulin, la gran sensación de este Tour, sufrió una caída en el kilómetro 85, cuando se fue al suelo junto con Daniel Teklehaimanot. El holandés logró reincorporarse, aunque después de la caída se llevó la su mano a la muñeca izquierda. Fractura al canto, abandono que te crió y peligra su participación en los JJOO. Y no fueron los únicos caídos en esta accidentada jornada de la que también salió malparado el francés Mollema tras perder 4 minutos que le han despeñado hasta el 10º puesto de la general.

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El francés Romain Bardet ha conseguido la primera victoria de un corredor francés en este Tour.

Aunque el gran triunfador de la jornada es otro francés, Romain Bardet. Ha conseguido la primera victoria francesa en este Tour (solo quedan italianos y españoles sin saborear las mieles del triunfo) imponiéndose a los elementos que condicionaron tan accidentada etapa y entrando, en solitario, 23 segundos por delante de los españoles Purito Rodríguez y Alejandro Valverde, que hoy sí dejaron alto el pabellón español, aunque no pudo llegar la ansiada primera victoria. El otro gran beneficiado es Nairo Quintana, al fin, pues asciende al tercer cajón del podio tras acabar en quinta posición la etapa y aprovecharse de los desfallecimientos de sus antecesores. Quedamos a la espera de lo que ocurra este sábado en la penúltima etapa, a ver si la Grand Bouclé nos depara alguna emoción fuerte más antes de la coronación del campeón en París, que será Chris Froome salvo inesperada novedad o alineación planetaria; de momento, sus acompañantes en el podio han pasado a ser el francés Bardet y el colombiano Quintana.

El señor del tiempo

Chris Froome revienta el crono, gana la cronoescalada de Megève y está a tres días de ganar su tercer Tour. Solo el holandés Dumoulin se acercó al británico y acabó segundo a 21″.

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Froome ganó la cronoescalada de Megève y ya es el quinto ciclista que más días ha lucido el maillot amarillo.

Tic tac, tic tac. Las manecillas del reloj se mueven al compás que marca Chris Froome. Tic tac, tic tac. El tiempo transcurre a favor del británico y no solo le acerca irremisiblemente a su tercer Tour de Francia, sino que también le acompañó en la cronoescalada de este jueves. Ganó Froome, sí, y la noticia no pilla a nadie por sorpresa. Es el mejor ciclista del momento y aquí no nos duelen prendas (ni amarillas, ni rosas, ni rojas) en reconocerlo.

Domina en todos los terrenos, hasta en otras especialidades más ligadas al boxeo y al atletismo, y lo justo es reconocerle como lo que es, un gran campeón. Por eso va a ganar el próximo domingo su tercer Tour de Francia en París. Es el señor del tiempo, y no porque nos dé la información meteorológica cada día en la tele (a esa hora, él está a otros menesteres), sino porque gestiona tan bien los minutos y los segundos como el paso por cualquier tipo de asfalto, ya sea en llano o en montaña. Y no es un coche, ni una moto, ni siquiera es Superman. Es Chris Froome, el superhéroe del momento en el universo ciclista.

Tom Dumoulin, la gran esperanza holandesa, tuvo la osadía de acercarse al líder y terminó segundo, relativamente cerca, a solo 21″. Solo la cadencia incansable del pedaleo del tulipán compite en la misma liga extraordinaria del molinillo infatigable de Chris Froome. Solo un tiempo tan extraordinario como el que marcó el holandés (31’04”) fue un obstáculo considerable para el maillot amarillo, que aún así fue capaz de rebajarlo bajando de los 31 minutos (30’43”). Estratosférico. Así llegó la segunda victoria de Froome en este Tour para apuntalar todavía más un maillot amarillo que parece tener adosado a su cuerpo. Quien diga que la clave del éxito de Froome es el Sky, no tiene ni idea; ya ha quedado claro que no se trata solo de eso, pues su hegemonía se basa sobre todo en su enorme talento individual.

En la liga de los mortales que dirimen el resto de corredores, destacan las actuaciones de Izaguirre y del Purito Rodríguez, los españoles  mejor clasificados en esta 18ª etapa, tras acabar séptimo y octavo a 01’03” y 01’05” de Froome respectivamente. Lo demás fue la enésima demostración de lo mal que va Nairo Quintana, que esta vez perdió 01’10” respecto al líder. Mal, muy mal, va el colombiano, que admite tener problemas físicos: «Me está pasando algo que no es normal en mí. No es fatiga, el cuerpo no me responde, no van bien las piernas. Tal vez me esté afectando una alergia”. Con alergia o sin ella, Quintana está deseando que llegue el domingo, coronación de Froome aparte, para que se acabe su tortura. La lucha por acceder al podio, del que solo le separan los 21 segundos que le saca Yates, es ahora mismo una quimera para el colombiano, que confía en no caer más abajo del cuarto lugar en la general.

Valverde propone, Zakarin dispone y Froome lo descompone

El ruso del Katusha logra en Finhaut-Emosson su primera victoria en el Tour. Otro fracaso del Movistar, que perdió a un corredor por lesión (Izagirre) y dijo adiós a sus opciones en la general con Quintana, otra vez descolgado. El líder, cada vez más lejos de sus rivales.

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Ilnur Zakarin es el primer ciclista ruso que gana una etapa del Tour después de la victoria de Ivanov en 2009.

Ya se sabe que el hombre propone y Dios dispone. Aunque aquí no somos muy amantes de la tauromaquia, la adaptación taurina del conocido refrán viene al pelo de lo ocurrido en la 17ª etapa del Tour: el hombre propone, Dios dispone y el toro lo descompone. Así fue. Trató de proponer Movistar a través de Alejandro Valverde (solo les queda el murciano), pero de poco le sirvió porque fue Zakarin quien dispuso la victoria final y, en definitiva, lo descompuso todo Chris Froome, que cuenta los días, las horas, los minutos y hasta los segundos (le sobra el tiempo) de camino a su tercer Tour. La primera gran jornada alpina evidenció la impotencia de Nairo Quintana, descolgado a 500 metros del final. y la supremacía del maillot amarillo, un líder cada vez más distanciado en la general.

Recurriendo de nuevo al refranero español, que es amplio y variado, “a buenas horas, mangas verdes”. A buenas horas llega la reacción del Movistar, que solo estaba interesado en ser los primeros en la clasificación por equipos y condenaron a Alejandro Valverde a ir a rueda de Nairo Quintana, su mayor baza en la lucha por el triunfo final. Pues les salió la baza por la culata. El colombiano se volvió a dejar tiempo y este miércoles cedió 26″. Sigue cuarto en la general, pero ya está a 3’27” de Froome. Jarabe de palo para Eusebio Unzué, que ve perder tiempo a Quintana después de condenar a Valverde a ser su gregario de lujo.

Da pena ver a un todoterreno como Alejandro Valverde, a su edad y con su palmarés, condenado en vano a ser la sombra de Quintana, al que de nada le está sirviendo el sacrificio del español a tenor de lo visto en esta carrera. Fue capaz de descolgar a Henao, pero la falta de sincronización de esfuerzos con el colombiano hizo inútil su ardua labor. Podría escribir un libro el corredor de Las Lumbreras al final de este Tour, relatando su peculiar vía crucis en esta edición de la Grand Bouclé. Pero mejor que no lo haga, se deje de penalidades y se centre en preparar los próximos JJOO de Río. Que Valverde consiga un buen resultado en la prueba olímpica nos parece una cuestión de justicia y, si ese resultado llegara con forma de metal, el ciclismo habrá demostrado ser, pese a todo, un deporte justo.

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Insultante dominio de Froome en este Tour de Francia y ya solo le quedan tres días para llegar vestido de amarillo por tercera vez a París.

Hay dos corredores para los que el ciclismo es justo. No es ni un chiste, ni una paradoja: van un ruso y un keniano nacionalizado británico, y ganan los dos. Al menos, así quedó acreditado en la jornada de este miércoles, la primera gran jornada alpina. Ganó el ruso Zakarin, el primer nativo de Rusia que se impone en el Tour de Francia desde Ivanov en 2009. Su victoria también es pura justicia, porque este ciclista del Katusha de 26 años se cayó en el pasado Giro de Italia cuando luchaba por el podio; no sólo se recuperó y se entrenó para estar en la gran ronda gala, sino que fue capaz de ganar una etapa, su segundo triunfo en una grande tras el que consiguió el año pasado en el Giro. Esta vez se impuso a dos sabuesos como Majka y Pantano, las salsas de casi todos los saraos en la montaña.

El otro gran triunfador es, cómo no, el gran Chris Froome, al que le valió la arrancada en el último kilómetro para sacar tiempo a sus rivales en uno de los escasos sprints que le quedan por delante antes de ganar su tercer Tour en París. Fíjense en las distancias en la general: 02’27” a Mollema, 02’53” a Yates, 03’27” a Quintana, 04’15” a Bardet, 04’27” a Porte y 05’19” a Valverde.

Sagan logra el triplete en casa de Cancellara

El eslovaco supera a Kristoff en el sprint final gracias a la “foto finish” y logra así su tercera victoria en este Tour. La carrera está en tierras suizas y a partir del miércoles se adentrará en Los Alpes. Este martes, jornada de descanso.

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Detalle del recibimiento que se le tributó a Fabian Cancellara con motivo de su regreso a su tierra natal.

En el día que la caravana del Tour de Francia llegó a casa de Espartaco Cancellara (ver la imagen adjunta), quedó claro que esta no es una carrera apta para románticos. No es fácil que un ciclista sea profeta en su tierra. Lo ha comprobado fehacientemente, para su desgracia, el Expreso de Berna que, en su última temporada en activo, no le pudo brindar a su gente una victoria en casa. Ya no es que en el Tour no se respeten las canas, es que ni siquiera se respetan las raíces. Mundo cruel éste del ciclismo, repleto de chacales como Peter Sagan, que no perdonan ni un sprint y se lanzan en tromba a por cualquier triunfo.

No ganó Cancellara en Berna, lo hizo Peter Sagan. El tema tiene bemoles porque, para más inri, la victoria del eslovaco llegó con intriga. Ganó por los pelos, y nunca mejor dicho, porque hubo que recurrir a la “foto finish” para dictaminar el vencedor en Berna. En el último golpe de riñón se impuso el campeón del mundo que, no obstante, luce en este Tour un maillot verde de la regularidad que ya tiene atado y bien atado. Sería el quinto consecutivo para el eslovaco que, tras vencer a Kristoff por tan estrecho margen en el sprint de Berna, ya puede presumir de llevar un triplete en esta edición de la gran ronda gala.

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El maillot verde de Sagan se impuso al rojo de Kristoff (Katusha), que ha sido segundo en la 14ª y 16ª etapa.

Peter Sagan no dio opción ninguna a Cancellara de despedirse del Tour con una victoria en la etapa que acabó en su tierra. Ni Sagan, ni los otros cuatro que quedaron por delante suya en la clasificación de la etapa (Kristoff, Enger, Degenkolb y Mathews). La verdad es que el triunfo del eslovaco no nos coge por sorpresa considerando el idilio de Sagan con Suiza. En ese país gana de una manera casi compulsiva y ya es, a sus 26 años, el ciclista con más victorias allí en la historia del Tour, dejando atrás al propio Fabian Cancellara, entre otros ilustres corredores helvéticos. Y fue un triunfo, además, con premio. Gracias al triplete que rubricó este lunes en Berna, el magnate del equipo Tinkoff, Oleg Tinkov, se empezará a plantear seriamente si olvida su cacareada salida del ciclismo para dar vida a su equipo un año más.

Glorias (la de Sagan) y gatillazos (el de Cancellara) al margen, la atención de la etapa se centró en las palabras de Alejandro Valverde: «Solo sabe su puta madre lo duro que ha sido el último tramo». Lo puede decir más alto, pero no más claro para definir lo que fue la etapa del lunes, marcada por el intenso calor (más de 32 grados) y el exigente final. No hubo margen para las escapadas, aunque Valverde lo intentó. Rápidamente se soldaron a su rueda los velocistas y el intento se quedó en un simple aviso. No obstante, es una buena maniobra de fogueo para avisar a la tropa de la que se avecina en Río de Janeiro en unos días. Recuérdese el quinteto español: Alejandro Valverde, Purito Rodríguez, Ion Izagirre, Imanol Erviti y Jonathan Castroviejo. Estos serán los cinco de Mínguez para asaltar el oro olímpico. Por cierto, hoy martes es jornada de descanso en el Tour. El miércoles volvemos con más y seguro que mejor, porque llegan Los Alpes.

El gran sueño de Pantano

El colombiano ganó la 15ª etapa, con final en Culoz, y logró el mayor triunfo de su carrera. Sin grandes cambios en la general, solo Van Garderen se descolgó y pierde fuelle en la nómina de favoritos.

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El colombiano se impuso en la etapa del Grand Colombier, la montaña mítica del Jura.

«Es un sueño hecho realidad. Estoy repleto de felicidad. He soñado toda mi vida con esto». Un colombiano era, posiblemente, el hombre más feliz del mundo en la tarde de este domingo. No era para menos. Lograr en el Grand Colombier la primera victoria de tu carrera, solo está al alcance de los elegidos. Jarlinson Pantano ha demostrado serlo al conquistar su primer triunfo en un Tour en la decimoquinta etapa, que unió Bourg-en-Bresse y Culoz, a lo largo de 160 kilómetros, tras imponerse al polaco Majka en la meta.

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Jarlinson Pantano protagonizó esta simpática imagen hace justo una semana al entrar de esta guisa en la meta de Arcalís.

Jarlinson Pantano es el 10º ciclista colombiano que gana en el Tour de Francia en un total de 15 etapas para Colombia. Desde el triunfo de Nairo Quintana en la edición de 2013, ningún corredor cafetero había ganado una etapa en el Tour. Pantano lo ha conseguido y se une así a una reducida lista donde también destacan los nombres de los Herrera, Parra, Rincón, Nelson Rodríguez, Chepe González, Botero, Cárdenas y Soler. Quién ha visto y quién ve a este corredor que, justo en una semana, ha pasado de cruzar la meta de Arcalís con un paraguas para protegerse de la incesante lluvia, a entrar con los dos puños cerrados y los brazos en alto para celebrar como se merece su gran sueño, una buena demostración de que en la vida a veces, solo a veces, los sueños pueden hacerse realidad.

Sueños aparte, de vuelta a la cruda y terrenal realidad, nos topamos con las palabras del líder, Chris Froome: «Me sorprende que no haya más ataques. La mayoría ya se conforman con mantener su puesto en la general». Al más puro estilo del doctor House, Froome hizo un crudo diagnóstico que refleja la cruda realidad que estamos viviendo en este Tour. Escapadas haberlas haylas, cierto es, pero son todas muy livianas y no muy difíciles de controlar, como bien dice el maillot amarillo. Algunas llegan y otras no, pero en ningún caso constituyen un gran aliciente para el espectador. Qué lejos han quedado aquellos duelos al sol en la montaña entre Induráin y Rominger, o el propio Induráin con Chiapucci, Bugno o el malogrado Pantani. O los vibrantes duelos Ullrich-Virenque, en los que tenía también mucho que decir el Pirata. Por no hablar de las incontenibles escapadas del Chava Jiménez.

Todo eso ha quedado atrás, es pasado y el presente es el panorama actual. El primero que lo lamenta es el principal beneficiado por el status quo, pero un inconformista nato como Chris Froome, que ha protagonizado las imágenes más espectaculares de lo que va de Tour, no se conforma con esta situación de la que tiene mucha culpa su propio equipo. El Sky trabaja para Froome, no se da un relevo (ni siquiera un pedal) a espaldas del jefe de filas y eso contrasta con la realidad de otras escuadras como Movistar, donde no toman absolutamente ni un riesgo y Nairo Quintana sigue anclado al cuarto puesto, perseguido por su compañero Alejandro Valverde. Así llevan varias etapas y así siguen. Eso sí, Unzué está cumpliendo el objetivo de liderar la clasificación por equipos. Y ya está. Ya se ha cubierto el expediente. Lo demás, que se decida en el asfalto en la última semana. Complicaciones, las justas. Para complicaciones las que tuvo este domingo Van Garderen, que era sexto en la general, y ha perdido esa posición tras dejarse 1’28” en meta.

Cavendish ya tiene su póker

Cuarta victoria del velocista británico en el presente Tour tras superar a Kristoff y Sagan en el sprint final. Ya suma 30 triunfos y está a 4 del récord absoluto de Eddy Merckx.

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Cavendish ganó en Villars-les-Dombes y logró su póker de victorias en un Tour donde está batiendo récords.

En la partida de cartas que es el Tour de Francia, Mark Cavendish ya tiene su póker. Cuatro victorias suma en este Tour el velocista británico, al que le queda pendiente otro póker para ser el indiscutible capo en la historia de esta carrera. Si logra cuatro triunfos más alcanzará el récord absoluto (34) en posesión de Eddy Merckx casi desde los tiempos de maricastaña. A sus 31 años es perfectamente factible que Cavendish logre este hito haciendo su particular All-in al sprint, la apuesta única hacia la que vuelca todas sus fichas este corredor de la Isla de Man que no necesita volar en la montaña porque ya lo hace en llano.

Para pedaleo el que tuvo que dar el velocista del Dimension Data en los últimos metros de la etapa de este sábado, que unió las localidades de Montélimar y Villars-les-Dombes, un recorrido de 208 kilómetros que ha dejado a la caravana del Tour en la región del Ródano-Alpes. Antes de que la carretera se vuelva a empinar, Mark Cavendish volvió a dejar su sello venciendo un sprint no exento de polémica por la reclamación de Kittel, que presentó una reclamación por la maniobra de Cavendish en la llegada. Los jueces dictaminaron que no tuvo nada de ilegal el triunfo del británico, que quedó por delante de Kristoff, Sagan, Degenkolb y del propio Kittel. Ganó Cav sin necesidad de recurrir a la precipitación en la que incurría antaño, de 2008 a 2011 exactamente, cuando logró 20 de los 30 triunfos que adornan su trayectoria.

El cuarto triunfo de Mark Cavendish en el presente Tour fue lo más destacado de una etapa teóricamente de transición, pero que resultó más incómoda de lo previsible por culpa de las rachas de viento que obligaron al pelotón a no rodar por encima de los 30 kilómetros por hora. Aun así hubo un tímido intento de escapada de Howes, Roy, Benedetti y Elmiger a los que los gallos del gran grupo echarol el lazo a tres kilómetros del final. Se llegó al último kilómetro con el pelotón agrupado y allí volvió a brillar la figura de Cavendish. Otra cosa bien distinta, con protagonistas diferentes, ocurrirá en la jornada de este domingo. Vuelve la montaña. con un paso por Culoz a 14 de meta, y les tocará a otros jugar sus cartas.

Monsieur Froome

El británico acaba segundo la contrarreloj, solo por detrás de Dumoulin, y encarrila el Tour. Quintana se deja más de 3 minutos, pierde una posición en la general y se queda a 02’59” del maillot amarillo.

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En memoria de los fallecidos en el brutal ataque de Niza, se guardó un emotivo minuto de silencio en el podio.

Antes de centrarnos en lo puramente deportivo, una puntualización obligatoria al hilo de la actualidad.

Ante la barbarie, bendita normalidad. El entretenimiento forma parte de esa cotidianidad a la que nos abrazamos todos para recuperar la normalidad después de masacres como la perpetrada ayer en Niza. Y aunque pase a un segundo plano ante la gravedad de lo ocurrido, el Tour de Francia, el evento ciclista más importante, motivo de orgullo del pueblo francés, es una buena terapia para desconectar. En general, el deporte siempre es una de las vías más recomendables para salir adelante.

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Froome terminó segundo en la crono, solo por detrás de Tom Dumoulin, y está cada vez más cerca de ganar su tercer Tour de Francia.

Con el pelotón de luto tras la masacre de Niza (se guardó un minuto de silencio en el podio en memoria de las víctimas), el protagonismo de la jornada volvió a ser para Chris Froome. Haya paz porque esta vez no lo ha sido ni por emprenderla a guantazos contra nadie, ni por echarse una carrera sin bicicleta. Esta vez, el rutilante maillot amarillo hizo de su bici un sayo y completó una excelente contrarreloj para encarrilar el camino hacia su tercer Tour de Francia. Es Monsieur Froome, un británico que está demostrando ser el indiscutible amo y señor de la gran ronda francesa.

El crono también se alía a favor de un líder insaciable, que no se relajó tras su accidentado paso por el Mont Ventoux, y en la crono de 37,5 kilómetros que unió Bourg-Saint-Andéol con La Cueva de Pont-d’Arc, solo fue superado por el tenaz Tom Dumoulin, que le sacó 01’03”. Lo del holandés del equipo Giant merece una mención aparte porque está siendo otra de las grandes sensaciones de este Tour. Ya es el 13º ciclista que ha ganado una CRI en Giro, Tour y Vuelta, uniendo así su nombre a una selecta nómina de elegidos donde destacan los nombres de Hinault, Merckx, Anquetil, Moser, Rominger, Zülle o Gimondi. Es cierto que Dumoulin solo lleva un triunfo en cada una de las grandes rondas, pero a sus prometedores 25 años se puede aventurar que el futuro es suyo.

Tom Dumoulin ganó con un tiempazo de 50’15”, doblando a dos corredores españoles, y ya puede presumir de haber ganado CRI en Giro, Tour y Vuelta.

Tom Dumoulin es un inconformista nato. No solo se conforma con la victoria de Andorre Arcalis del pasado domingo en la última jornada pirenaica, que le convirtió en el primer holandés que gana etapas en las tres grandes rondas; este viernes ha demostrado que también sabe volar contra el reloj y completó un excelso recorrido clavando el crono en un espectacular 50’15”, a punto de bajar de los 50 minutos. Dumoulin es un misil incontrolable. Que se lo digan a los españoles Mikel Nieve y Luisle, a los que dobló sin ningún miramiento. Y todo a partir de un pedaleo constante, como un martillo pilón, sin inmutarse, al más puro estilo Induráin, que le permite pulverizar así el crono.

La cara y la cruz de la jornada se localizan en el equipo Movistar. Afortunadamente para nosotros, la cara es el español Alejandro Valverde, que hizo una gran contrarreloj y terminó entre los 15 primeros. Valverde le metió así un buen tantarantán a su compañero Nairo Quintana, al que le sacó 20 segundos en la etapa y ya tiene a 18 segundos en la clasificación general. El corredor murciano ha ganado un puesto y ya es quinto en la general, a tiro del colombiano, la cruz de la etapa, que ha perdido un puesto en el podio en favor del británico Adam Yates, que a su vez perdió el segundo puesto a costa de Mollema, quien acabó en sexta posición la crono y ya está solo por detrás de Froome. Mucho vaivén clasificatorio en una carrera muy bonita que nos permite pensar en cosas agradables, que buena falta hace. Eso sí, ahí solo manda un británico al que le viene al pelo aquello de Monsieur, Chris Froome.

Un día de furia en el Mont Ventoux

Chris Froome, que conserva el maillot amarillo, tuvo que subir corriendo 150 metros de la mítica cumbre tras perder su bicicleta en una caída. El triunfo de etapa fue para el belga De Gendt.

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Chris Froome empezó a correr por el Mont Ventoux después de perder su bici en una caída. Una imagen insólita.

El líder del Tour de Francia se sintió Michael Douglas y vivió su particular día de furia en el Mont Ventoux. Solo le faltó cambiarse el maillot amarillo por una camisa blanca, ponerse corbata y liarse a guantazos. Desde luego no nos hubiera pillado por sorpresa después de ver el manotazo que ya le soltó a un aficionado en la etapa del pasado sábado. Así es Chris Froome, un tipo duro, capaz de ponerse a correr por uno de los puertos míticos del Tour. El keniano, nacionalizado británico, quiso unirse así a la fiebre del running y dejó para la historia una imagen insólita en el momento más insospechado. Como vale más un vine que mil palabras, e incluso que una foto, vean aquí lo ocurrido. Porque hay que verlo, muchas veces, para creerlo.

¿Qué demonios ha pasado? Eso nos preguntamos todos al ver el caos total que reinaba en el Tour. Aquí, con la perspectiva que dan la distancia y el paso del tiempo, intentaremos ordenar los acontecimientos. Situémonos: falta un kilómetro, el belga De Gendt acaba de entrar vencedor en meta y todos esperamos, cronómetro en mano, la llegada de los favoritos. De repente, las cámaras enfocan a Richie Porte, que estaba tendido en el suelo. Caída al canto. Las primeras sospechas apuntaron a los aficionados, siempre tan próximos a los ciclistas cuando la carretera pica para arriba, pero también hay que responsabilizar a la moto que se atascó en mitad del asfalto. Porte literalmente se la comió y se desató el caos.

Cuando estábamos pendientes de confirmar la posición del maillot amarillo, nos lo encontramos corriendo sin bicicleta, Mont Ventoux arriba. Lo nunca visto. Ni corto ni perezoso, Chris Froome se puso a correr tras perder su bici, que acabó con la rueda delantera destrozada por culpa de la montonera provocada por el choque de moto, público y ciclistas. A la espera de que llegara el coche de su equipo con otra burra, el líder no podía estarse quieto y se arrancó más de 100 metros por piernas, lo cual tiene un singular mérito por la kilometrada que llevaba encima y las particularidades del calzado ciclista. Meritorio es, pero ¿legal?

Dice el reglamento de la UCI en sus artículos 1.2.108 y 1.2.109 que “salvo disposición particular, cada corredor debe, para ser clasificado, terminar la carrera enteramente por sus propias fuerzas, sin la ayuda de nadie” y “el corredor puede franquear la línea de llegada a pie, pero obligatoriamente con su bicicleta”. Ya sabemos que las normas admiten toda clase de interpretaciones, pero yendo al detalle no parece descabellado ni injusto que Froome recuperara el maillot amarillo después de perderlo inicialmente. No recibió ayuda alguna y pudo cruzar la línea de meta con otra bicicleta que le dejó su equipo, después de que la primera que le dejó la organización no le sirviera. Legalmente, correr unos metros a pie no es motivo de expulsión, siempre que se acabe la etapa en bici; otra cosa son los tiempos.

Después de una larga reflexión al término de la etapa, los jueces devolvieron el maillot amarillo a Chris Froome, se lo arrebataron al prometedor Yates (su gozo en un pozo) y atribuyeron a Porte y al propio Froome los mismos tiempos de Mollema. Los tres iban juntos antes del incidente y habían adquirido ventaja en relación al resto de favoritos, entre los que destacaba Nairo Quintana, que con la definitiva atribución de tiempos se deja otros 19 segundos respecto a un líder del que ya le separan 54 segundos en la general. No obstante, el colombiano recupera un puesto y es tercero a costa de Daniel Martin, al que le metió 01:06 en meta. Fue un buen día para Nairo, pese a todo, aunque el gran héroe es Chris Froome, al que ya podemos considerar el Michael Douglas del ciclismo.

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Aunque quedará relegada a un segundo plano por los incidentes ocurridos al final de la etapa, la victoria en el Mont Ventoux fue para el belga De Gendt.

Bromas aparte, por encima de tiempos y de la victoria de De Gendt, por delante de Serge Pauwels y del asturiano Dani Navarro, no es digno que ocurran estas cosas en el Tour de Francia. En la prueba ciclista más importante, uno de los acontecimientos deportivos más importantes del mundo, no es normal que un corredor, para más inri el líder. recorra corriendo 150 metros por perder la bicicleta en una montonera provocada por el impacto de otro corredor contra una moto, que a su vez había visto reducido su margen de maniobra por la excesiva cercanía con los aficionados. Ya sea vallando parcial o totalmente el recorrido de las etapas, alguna medida habrá que tomar para evitar males mayores y escenas tan vergonzantes como la que vimos este jueves en el Mont Ventoux.